
La salutación poética a Fidel Castro y su indiscutible liderazgo, ha permanecido vigente desde los precursores versos de Ernesto Che Guevara hasta los cientos de poemas que se han ido sumando al paso de las décadas. Tanto a través de los tiempos iniciales y convulsos del triunfo revolucionario y las inmediatas reacciones de agresividad y amenaza de los Estados Unidos, como en la marcha posterior de cambios, transformaciones y desarrollo posterior, hasta después de su deceso, lo que volvió a pulsar un amplio ámbito de creación. Hay allí un campo de estudio importante. De momento, destino estos apuntes a la mirada femenina, la visión de tres poetas cubanas, cada una en su estilo y su propio modo de captar la esencia del sentido poético, la dimensión humana, el alcance histórico.
- Carilda: el canto que recibe
En primer orden, «Canto a Fidel», de Carilda Oliver Labra, una de las primeras voces en salir a la alabanza pública y reconocer su impronta. El poema, escrito en seis espinelas, alcanzaría un alto nivel de popularidad, como en buena medida ya tenía la obra audaz y desafiante de esta autora. Carilda asume la épica del momento con sus propios recursos de composición, sin desdoblar la norma literaria para buscar un modelo más cercano a la tradición del canto patriótico. Define a Fidel como “toda Cuba”, el todo que ha de nombrarse una vez que va tomando su puesto la sumatoria de las partes que han servido de alusión metonímica para designar poéticamente la heroica lucha: “Voy a nombrar toda Cuba / voy a nombrar a Fidel”, dice en los versos nueve y diez de la primera décima.
En la segunda estrofa, impera la metáfora, en asociación de atributos simbólicos (“ese clavel en la guerra, / ese que en valor se baña”). Y ese tono de metaforización continuará en la siguiente estrofa. Ya en la cuarta estrofa la composición marcará un giro importante, definitorio, contentivo justamente de definiciones y motivos rotundos, lo que se hará más intenso en la décima siguiente. Para la estrofa de cierre, Carilda se apropia de la consigna del momento, el agradecimiento del pueblo a Fidel, y marca ese tópico popular su propia norma estilística. Coloca así, en el antepenúltimo octosílabo, una expresión que es también parte de su desafío poético: “por tu ingle de varón”.
La épica de Carilda Oliver Labra en su salutación a Fidel ha permanecido indemne al tiempo y ha demostrado cuán raigal era para su creación esa supuesta circunstancialidad del momento.
- Mirta Aguirre: la imagen que crece
Mirta Aguirre lleva al destinatario infantil la imagen de Fidel. Un ejercicio poético propio de su estilo y de su norma, más conocido por su poema al Che Guevara, sin embargo. Dos estrofas componen el poema «Fidel» de Mirta Aguirre; la primera en tres cuartetas y la segunda en verso irregular que, no obstante, acusa marcas importantes de la lírica tradicional española. La imagen de paloma blanca que vuela a posarse en el hombro de Fidel mientras le habla al pueblo es punto de partida y modelo definitorio de la figuración. Capta la imagen y la convierta en una visión tierna, digna de contemplación, humana y no sacra. En la estrofa segunda, desliza la autora sus habituales juegos retruécanos, precisos e ingeniosos (“tiene unas leguas de siete botas: / digo, unas botas de siete leguas”) y añade una chispa significacional a las imágenes captadas: “Como si fueran hechos de alas / sus zapatones de combatiente”.
III. Nancy Morejón: la estampa que se impregna
Nancy Morejón, por su parte, suma un cúmulo de referencias en su rítmico y breve texto. Primero parte de un poema precedente de Nicolás Guillén —nombrado FIDEL, precisamente—, que le sirve de alusión intertextual. Usa sin embargo como contexto referencial una campaña difamatoria de la revista Forbes que colocaba al Comandante en Jefe como uno de los dueños de las fortunas más grandes del mundo. Lo habían hecho, con falaz cinismo, calculando el producto interno bruto de Cuba para adjudicárselo. El poema de Nancy da una respuesta a la vez circunstancial e imperecedera a ese dilema:
Fidel tiene fortuna,
una sola fortuna,
la fortuna de ser,
Fidel.
En este juego poético que asume la persona de Fidel como una antonomasia de lo grande y lo excelso, subyace tanto la ironía propia de Nicolás Guillén como la lógica popular cubana en la inmediatez de la salutación. Ambas en ese tierno y expresivo tono propio del estilo de Nancy Morejón, que es sintético, calmo, pero de alta intensidad expresiva y de una capacidad inusitada al nombrar y asociar elementos en su ejercicio de figuración de sentido.
Cada una de estas poetas llevó a su propio estilo el poema dedicado a Fidel, dejando obras de un valor literario indiscutible y haciendo, por supuesto, acto de fe por la impronta histórica, cultural y humana del comandante en jefe.
Canto a Fidel
No voy a nombrar a Oriente,
no voy a nombrar la Sierra,
no voy a nombrar la guerra
–penosa luz diferente–,
no voy a nombrar la frente,
la frente sin un cordel,
la frente para el laurel,
la frente de plomo y uvas,
voy a nombrar toda Cuba,
voy a nombrar a Fidel.
Ese que para en la tierra
aunque la Luna le hinca,
ese de sangre que brinca
y esperanza que se aferra;
ese clavel en la guerra,
ese que en valor se baña,
ese que allá en la montaña
es un tigre repetido
y dondequiera ha crecido
como si fuese de caña.
Ese Fidel insurrecto
respetado por las piñas,
novio de todas las niñas
que tienen el sueño recto.
Ese Fidel —sol directo
sobre el café y las palmeras—;
ese Fidel con ojeras
vigilante en el Turquino
como un ciclón repentino,
como un montón de banderas.
Por su insomnio y sus pesares,
por su puño que no veis,
por su amor al veintiséis,
por todos sus malestares,
por su paso entre espinares
de tarde y de madrugada,
por la sangre del Moncada
y por la lágrima aquella
que habrá dejado una estrella
en su pupila guardada.
Por el botón sin coser
que le falta sobre el pecho,
por su barba, por su lecho
sin sábana ni mujer
y hasta por su amanecer
con gallos tibios de horror;
yo empuño también mi honor
y le sigo a la batalla
con este verso que estalla
como granada de amor.
Gracias por ser de verdad,
gracias por hacernos hombres,
gracias por cuidar los nombres
que tiene la libertad…
Gracias por tu dignidad,
gracias por tu rifle fiel,
por tu pluma y tu papel,
por tu ingle de varón.
Gracias por tu corazón.
¡Gracias por todo, Fidel!
Carilda Oliver Labra
(Matanzas, 1922 – 2018)
Fidel
I
Perfil que se recorta
sobre el azul del cielo;
paloma en pleno vuelo
que quiere descansar.
Asombro de palomas
y paloma de asombro,
se le posó en el hombro
Piquito de Coral.
(Esa paloma blanca
de la canción de cuna
junto a la barba bruna,
¿quién la podrá olvidar?)
II
El Comandante,
como un gigante,
tiene unas leguas de siete botas:
digo, unas botas de siete leguas. Vuelan gaviotas,
galopan yeguas
y los aviones
son más veloces que los ciclones.
Fidel, barbudo, llega primero;
Fidel, ligero
con sus botazas de guerrillero.
Así en Oriente
o en Vueltabajo,
en horas buenas o en horas malas.
En todas partes, Fidel presente:
en el trabajo
o entre las balas.
Como si fueran hechos de alas
sus zapatones de combatiente.
Mirta Aguirre
(La Habana, 1912 – 1980)
Ronda de la fortuna
Fidel tiene fortuna,
una sola fortuna:
estar,
entre nosotros,
por un mundo mejor.
Qué fortuna mayor.
Fidel, sin odio y sin hiel,
abre muros
y ventanas.
Fidel
Fidel tiene fortuna,
una sola fortuna,
la fortuna de ser,
Fidel.
(La Habana, junio de 2006)
Nancy Morejón
(La Habana, 1944)
