Fidel, patrimonio de la humanidad con la dialéctica del método de transformación de la teoría en práctica revolucionaria. Por Luciano Vasapollo

La afirmación de Fidel Castro de 1953 de que la responsabilidad intelectual del ataque a la estación Moncada era de Marti no es una exageración. Hay que tener en cuenta, para recordarlo y meditarlo, que Marti hacía referencia a lo que llamaba “Nuestra América mestiza”, un nuevo mundo no configurado racialmente. Hoy vemos que la cuestión racial, vinculada al capitalismo y al imperialismo, es actual.

Tenemos sin duda guerras  pero también las sanciones y los bloqueos económicos, como en Cuba, Venezuela, Nicaragua, que causan hambre y sufrimiento. Tenemos sanciones financieras que afectan a la vida de las personas.  Además, no olvidemos otros tipos de conflictos, como el conflicto entre capital y trabajo, en un mundo en el que las desigualdades y las nuevas pobrezas son los únicos factores que crecen. Nos enfrentamos, además, al terrorismo mediático masivo, con una información que distorsiona y manipula los hechos, construyendo una opinión pública dispuesta a aceptar cualquier cosa. Se trata de una situación gravísima en la que la contrainformación se convierte en un elemento fundamental de defensa. Nos remitimos a las enseñanzas fundamentales dadas tanto por los pueblos que luchan contra el imperialismo como por figuras históricas, como Marti, Gramsci, Che Guevara, Fidel y Chávez que se pusieron siempre del lado de los subalternos. Aquí quisiéramos recordar lo que Lenin dijo sobre la organización del partido, subrayando que el proletariado podía dirigir su revolución bajo la bandera del partido, que organizaba la lucha tanto ideológicamente como en la práctica.

Fidel nos ha enseñado mucho. Estando cerca de él, hemos admirado la gran apertura mental del Comandante. Hemos organizado varias reuniones internacionales de economistas, invitando a representantes de diferentes escuelas de pensamiento. Fidel hablaba con todos, con marxistas y no, precisamente porque sabía dialogar. Una cualidad que todos los que lo han conocido le han reconocido. De esto somos testigos. Fidel era también un trabajador incansable al servicio del pueblo, del que pude aprender mucho de economía, de política, pero también de la vida cotidiana. He podido vivir la vida cotidiana y la amistad de Fidel, colaborando también con Abel Prieto, que ha sido ministro de la cultura durante muchos años. Son experiencias que nunca podré olvidar. Sobre todo, desde Fidel y desde Cuba he podido comprender que la práctica es el único criterio de la verdad. En los largos e intensos momentos en que pude estar con el Comandante, sin duda aprendí a lidiar con las cosas grandes y pequeñas. He recordado en otras ocasiones el juicio pertinente, que he podido verificar personalmente, dado por Gabriel García Márquez. Fidel confiaba en todos los que conocía. El gran premio Nobel de literatura, contaba precisamente esta confianza seductora. Él “busca los problemas donde están. Su paciencia es invencible. Su disciplina es de hierro. La fuerza de su imaginación empuja a los límites de lo inesperado”. Lo que Fidel nos ha dejado es sobre todo un sendero, hecho de gestos, pasiones y encuentros, que el Comandante ha recorrido con transparencia y espíritu de sacrificio. Un camino que conduce a un mundo mejor, hecho de justicia y libertad. Un camino en el que se encuentra el hombre nuevo, el de la futura humanidad.

Fidel nos enseñó muchas cosas; el sentido del momento histórico como él definía la revolución. Ha abierto el campo a una praxis política y espiritual que realmente se sitúa en el camino del cambio. En un mundo en el que las enormes desigualdades y las guerras, en curso y en perspectiva, amenazan la propia civilización, la lección de Castro va lejos. Cuba ha sabido resistir a las imposiciones del mercado, es decir, a las leyes impuestas a los pueblos por las finanzas y las multinacionales que hoy, más que nunca, en el llamado occidente controlan nuestras vidas. Como ha recordado también el Papa Francisco, ya no es tiempo de reformas precisamente porque hemos perdido el sentido. Hoy miles de millones de personas están sufriendo de pobreza y subdesarrollo. Al Sur no se le da ninguna perspectiva más que la de servir al enriquecimiento no tanto de nuestras sociedades, que cada vez más se están convirtiendo a su vez en Sur – como ha ocurrido en el pasado – sino más bien de los monopolios y de las corporaciones que son controladas por pocos individuos. Los Estados, en este contexto, al igual que los Estados Unidos, no son más que dispositivos que garantizan, con la opresión de las armas, estos procesos. Por eso, países como Cuba y Venezuela, pero también Irán, Nicaragua, se ven afectados por sanciones y bloqueos criminales. 

Como ya hemos señalado, la revolución de Fidel ha sido profundamente martiana. No es una exageración sostener, como hizo el Comandante, que Martí fue el autor moral del asalto a Moncada. La figura del apóstol de la independencia cubana ha tenido una fuerte huella en el Comandante. Fidel había interiorizado profundamente los ideales martianos, antiimperialistas, anticolonialistas y profundamente democráticos. El marxismo vino después, aunque fue un encuentro determinante. Del apóstol, además, Fidel había aprendido el ardiente patriotismo y la confianza en el pueblo, pero también un sentido altísimo de la dignidad del hombre. Un mensaje tanto político como espiritual. Martí, que había luchado contra España para dar la libertad a Cuba, también había intuido la amenaza que representaban los Estados Unidos, cuyas aspiraciones imperialistas sobre América Latina comenzaban a ser evidentes a finales del siglo XIX. El ideal de Nuestra América Afro Indiana fue otro legado importante: Fidel fue tan martiano como fue bolivariano. Aquí nos gustaría abrir un paréntesis para explicar cuánto ama a Castro en los países africanos, especialmente en Sudáfrica y por los negros de los Estados Unidos. Fidel ha luchado siempre por la libertad de los pueblos, ayudando en África a quienes luchaban contra la opresión colonialista, dando dignidad a quienes la habían perdido por culpa de las aspiraciones imperiales. La lucha de Fidel fue decisiva también para Nelson Mandela, que luchó contra el régimen de apartheid y recordó que Fidel, a diferencia de otros, siempre fue solidario con la lucha contra el régimen segregacionista. Se podría abrir el capítulo sobre la cuestión palestina, recordando que el Comandante siempre ha encarnado un ideal internacionalista, en el sentido de la cooperación y la solidaridad.

De Fidel, como he dicho antes, hemos tenido como dono una cierta forma de entrega que venía de la responsabilidad de guiar una revolución victoriosa. Gramsci murió en la cárcel y asistió a la revolución pasiva de las clases dirigentes italianas que habían alimentado y sostenido, casi hasta el final, el fascismo. En la epopeya de la revolución cubana, que a algunos tanto molesta precisamente porque fue victoriosa, Fidel se refirió a menudo, al menos implícitamente, al pensamiento de Gramsci. Podemos señalar algunas ideas básicas: la batalla de las ideas y la movilización continua del pueblo, a lo que Fidel y el Che enseñaron a ser clase dirigente. La importancia dada al estudio y a la organización. Experimentos continuos de la democracia básica. La importancia que se concede a la educación, como elemento imprescindible para la participación popular en las decisiones estratégicas, tanto en términos políticos como económicos. En otras partes, hemos recordado el Gran Debate del Che Guevara sobre la planificación, del que se pueden ver importantes intuiciones por parte del revolucionario argentino sobre la importancia de la participación del pueblo y del sacrificio por el bien común.

Fidel es un patrimonio de la humanidad: no se trata de una frase retórica porque hoy el imperialismo sigue amenazando a los pueblos que tuvieron la fuerza para buscar el camino de la independencia económica y la autodeterminación política. Impone sanciones muy severas a quienes no siguen sus reglas – que van de la mano de la imposición de las recetas neoliberales, que sólo han provocado miseria económica y existencial. Cuba, Venezuela, Nicaragua sufren un bloqueo muy grave, que causa hambre y enfermedades. Sin embargo, siguen resistiendo. No hay que caer en el error de monumentalizar a Fidel, anestesiándolo relegándolo al pasado, como la industria cultural ha hecho con otras figuras épicas del siglo XX.

Hemos presenciado el encuentro entre los dos Comandantes eternos, de donde nació el Alba y un nuevo momento en la historia de Nuestra América Afro Indiana. Cuba envió a sus médicos a Venezuela y la República Bolivariana, recién nacida, ofreció su ayuda a Cuba. Con la caída de la Unión Soviética, la pequeña isla del Caribe se encontraba en una situación peligrosa. Esos años son recordados en Cuba como el Período Especial en tiempos de paz. Con el nacimiento del Alba, no sólo se dio una oportunidad a aquellos países que habían sabido resistir al imperialismo, sino también a todo el continente latinoamericano. El Alba, lanzada por Fidel y Chávez, ha demostrado que también las reformas, las luchas y todo lo que de ellas se deriva pueden llevar grandes cambios en una óptica de superación de las distorsiones e injusticias causadas por el capitalismo. De este encuentro entre Fidel y Chávez nació todo. Los dos Comandantes supieron devolver la dignidad a los últimos de su patria, a los explotados, a los marginados, a los indios – desmantelando la estructura etno-racial del colonialismo, que el imperialismo quería perpetrar tanto en Cuba como en Venezuela. Con ellos, hemos vivido una experiencia auténtica de internacionalismo. Esto dio un impulso importantísimo también a otras realidades y movimientos sociales, que con sus límites y sus peculiaridades fueron capaces de ofrecer un horizonte de desarrollo a sus respectivos pueblos. Pero entendámonos: no estamos hablando de un desarrollo meramente cuantitativo, aunque los índices de riqueza también crecieron en aquellos países que siguieron caminos distintos de los que les impuso el imperialismo- así como en Cuba y Venezuela se desarrollaron muchos sectores estratégicos al servicio de la persona – pero de un desarrollo que pone en el centro del bienestar de las personas. La recuperación y la valorización de las prácticas indígenas, pensamos en Bolivia, la gran importancia dada a la alfabetización, a la cultura y a la esfera espiritual de la persona, todos son elementos fundamentales de esta revolución que recorre las huellas del Che Guevara – pero déjenos decirlo- también de Gramsci.

El Comandante en Jefe Fidel Castro señala el camino de la batalla de ideas, subrayando que “la Revolución es el sentido del momento histórico”. Así es como incluso lo que parece normal, y para algunos extremistas estúpidos hasta retrógrado, se convierte en lo extraordinario de la alternativa socialista revolucionaria a partir del ejemplo de la Revolución Cubana, dentro de la crisis sistémica del capital como nunca antes se había visto; pero sobre todo, cómo esto debe convertirse en una gran oportunidad no sólo para la Cuba socialista y la Venezuela chavista revolucionaria, sino para todas las organizaciones de clase socialistas y comunistas del mundo para retomar la apuesta de construir concretamente el horizonte posible de la humanidad hacia la justicia social, la libertad y la igualdad en el gran proyecto del socialismo científico que nunca ha sido plenamente realizado.

Por eso en los ideales de la Revolución Cubana, realizada por Fidel Castro pero inspirada en José Martí, reconocemos a todos los subalternos, los últimos y los explotados; los Sur del mundo, que no debe entenderse como una etiqueta geográfica, sino como un término con el que gramscianamente se indica a todos los pueblos subalternos. Ya sabemos que el modelo de desarrollo basado en la explotación capitalista del hombre y la naturaleza es insostenible, como siempre ha demostrado la revolución cubana.

Vivimos una crisis de civilización, marcada por el crecimiento de las desigualdades y la falta de perspectivas para gran parte de la humanidad, situación dramáticamente agravada por la guerra de la OTAN en Ucrania contra Rusia y el multipolarismo, mientras vemos derrumbarse el hasta ahora exitoso modelo de un mundo unipolar, ante la perspectiva de uno multicéntrico y no multilateral, que Cuba y la Venezuela revolucionaria impulsan y construyen y que puede realizarse y de hecho avanza en Asia y América Latina a través de los Brics y en todo el Tricontal ideado y hecho historia por el Che Guevara.

Hacer política revolucionaria, de la capacidad de crear cultura de clase, de acción cotidiana en el sentido revolucionario que se puede leer en Martí y Fidel, el eterno Comandante en Jefe que es un referente para un estudio y práctica actual del cambio en el sentido de transición socialista.

Y Miguel Díaz Canel subrayó las formas y modos en que en Cuba se fusionó el método científico del marxismo, con un modelo sostenible socialista y democrático participativo al que se aspira de inmediato, con lo mejor de la tradición revolucionaria nacional, de carácter universal y abierto. que tuvo entre los máximos exponentes a José Martí y Fidel Castro Ruz.

Recuperar su pensamiento hoy es importante, como batalla de liberación antiimperialista. Ahora seguimos sometidos al dominio del Imperialismo, como lo demuestra la heroica resistencia del pueblo de Venezuela y del pueblo cubano, tratando de luchar contra el infame bloqueo y las agresiones que día a día reciben, solo así es seguro que puede hoy hacer un aporte, a los jóvenes, a los menos jóvenes, a los estudiosos para que hagan comparaciones no solo dentro del ámbito académico sino que inviertan en formas de experimentación, de activación del devenir histórico que la revolución cubana con el pensamiento y La acción de Fidel rastrea todos los días en términos de resistencia y construcción ofensiva por el socialismo.

Este es el camino que la Cuba guevarista y fidelista viene recorriendo desde hace muchas décadas con dignidad y gran acierto y pasión, sirviendo con infinita lealtad al pueblo revolucionario tanto de Cuba como de Venezuela y de los países del ALBA y de todos los Sur explotados, tratando de concretar sus sueños que la política de clases transforma en la realidad de la transición socialista, así los sueños en la concreción de la acción de todos nosotros militantes marxistas revolucionarios.

Incluso en Occidente, tenemos que abandonar un enfoque occidental-céntrico de la visión marxista del Norte y acercarnos también a la lectura y aplicación del decir y hacer de Fidel.

La objetividad de sus postulados es particularmente evidente en tiempos de crisis, donde las propuestas para salir de ella escasean por encima de todo. Este, por ejemplo, es un camino necesario como parte del proceso de actualización del modelo de desarrollo socialista en Cuba, que coloca a la investigación, la educación, la ciencia y la innovación como uno de los pilares del trabajo en las batalla de las ideas.

Entre Fidel y el Papa Francisco, vemos sin duda un sentir común. Ciertamente, Francisco – que nos ha recibido en audiencia varias veces: recientemente le hemos dado el texto “Rosa Blanca” sobre la herencia de Marti y Bolívar en la revolución bolivariana – no habla de lucha de clases y obviamente no comparte la herencia marxiana del Comandante, que por otra parte encontró en septiembre de 2015 en la isla de la revolución. La opción preferencial del Santo Padre y de la Iglesia por los pobres y por los humildes está seguramente de acuerdo con el mensaje que Fidel nos ha dejado. La lucha contra la tiranía del dinero, que reina y tiranía en lugar de servir, y la importancia dada a la dignidad y al rescate de los explotados, son otros elementos de un sentir común. Pero otra línea de pensamiento, en la que Francisco y Fidel son solidarios, es la del cuidado de la Casa Común. Hemos leído y meditado la encíclica Laudato sí y la Querida Amazonia, dos documentos proféticos de nuestro tiempo, en los que Francisco planteó el problema tanto del cuidado como de la salvaguardia del ambiente. El conflicto entre capital y medio ambiente, entre capital y naturaleza, se ha convertido sin duda en fundamental. Así como los derechos de la madre tierra, de la Pachamama, violada y manchada por la ideología del dinero y del crecimiento cuantitativo. También Castro, sobre todo en la última parte de su existencia física – la ideal y espiritual permanece intacta – había comprendido bien la importancia de este conflicto. Sin embargo, Fidel advirtió contra las respuestas superficiales, incluyendo las raíces económicas y sociales de la destrucción del hábitat y la contaminación. El Comandante era consciente de que era imposible devolver la dignidad a los últimos, a los pueblos originarios de Nuestra América India Africana, dentro de las compatibilidades capitalistas. El capital es enemigo del hombre. Y en este juicio, nada obvio hoy en día, en el que las sirenas del mercado y de la falsa eficacia siguen cautivando a tantos supuestos intelectuales y políticos, encontramos una fértil convergencia entre el pensamiento de Fidel y el Magisterio de Francisco, más atento que nunca a los condenados y últimos de la tierra.

Desde este punto de vista, Fidel fue también un gran maestro de la dialéctica, porque tenía un método para transmitir ideas y reflexiones al pueblo a través de un método que era, por así decirlo, intuitivo, y una capacidad para impregnar lo que era el espíritu del pueblo.

Si uno piensa en Fidel en los grandes mítines, en las grandes concentraciones, con más de un millón de personas escuchándole, a menudo millón y medio, le llama la atención su capacidad de dar una intensidad al discurso que al principio parecía improvisado, pero que luego se convertía en el alma profunda del pueblo cubano y de todo revolucionario por la justicia social. Por eso sus elaboraciones tomaron después el nombre de Fidelismo y todo lo que queda de los grandes discursos que pronunció destaca la búsqueda de un fundamento espiritual del pueblo cubano, un camino, una capacidad de unir los procesos teóricos con los procesos de la praxis para crear lo que fue precisamente el hombre nuevo de la revolución.

Fidel Castro fue el más lúcido intérprete y continuador de ese pensamiento. Su genio político y su visión estratégica supieron fundir en una sola síntesis la tradición martiana, el marxismo-leninismo y la realidad concreta de América Latina. Fidel no fue solo un jefe de Estado, sino un educador político, un constructor de conciencia colectiva. Demostró que el socialismo no se impone desde arriba, sino que nace de la participación popular, de la formación, de la conciencia crítica y de la organización del pueblo. En Fidel, la ética revolucionaria se convirtió en forma de gobierno y estilo de vida, uniendo rigor teórico y profunda humanidad.

Actualmente a la manera capitalista, el debate básico no gira en torno a la eficiencia de los procesos de asignación de recursos, sino a la necesidad de someter permanentemente a la humanidad a la tiranía de leyes económicas objetivas que se manifiestan en la economía de mercado. Hay muchos ejemplos de países en los que el crecimiento económico no va acompañado de desarrollo social, mientras que por otro lado países como Cuba utilizan escasos recursos económicos para el desarrollo humano, debido a la voluntad política del Estado de transferir recursos al bienestar de la población.

Pensamos, como nos enseñaron Fidel y el Che en la práctica revolucionaria, que el crecimiento económico debe lograrse a partir de niveles de calidad y equidad socioambiental y sustentabilidad que garanticen el crecimiento mismo, incluso en tiempos de reestructuración económica.

De hecho, la utilidad de las funciones básicas de la planificación socialista, con sus principales objetivos, es cada vez más central.

En primer lugar, debe establecer, directamente, y no mediante la ley del valor, las relaciones de reproducción ampliada, tanto a nivel global como en los distintos niveles y sectores. La segunda tarea es incorporar las prioridades sociales que caracterizan a la sociedad socialista en los procesos económicos.

Finalmente, la planificación debe poner en práctica un adecuado equilibrio entre las tensiones de los mecanismos de generación de excedentes y el aumento de la eficiencia económica.

Con Fidel y con Guevara, estamos cada vez más convencidos de que la racionalidad del modelo económico debe ser coherente con la racionalidad social del modelo, y no al revés. En otras palabras, la racionalidad social requiere la racionalidad económica como premisa, pero esto no expresa automáticamente la racionalidad social; es decir que el socialismo no se implementa según premisas imaginarias y nunca es un ideal que deba someter la realidad.

En este contexto revolucionario Marx fue fundamental para Fidel con su teoría marxista, pero se puede decir que Fidel desmontó un poco lo que se llamaba la teoría marxista ortodoxa, porque desmontó el término fundamental de que el modo de producción capitalista sólo podía desaparecer en una sociedad altamente industrializada y fuertemente consciente de la profundidad del marxismo.
En cambio, demuestra que es posible iniciar un proceso revolucionario de ruptura fuertemente anticapitalista, como de hecho hizo Fidel, con un grupo de martianos, no comunistas capaces, sin embargo, de llevar a cabo un proceso de transformación de la sociedad y de las estructuras de poder partiendo precisamente de la transformación económica, es decir, precisamente de que la constitución de un gobierno revolucionario debe representar la capacidad de un pueblo para crear un sistema con una fuerte de un sistema que parte de las opciones de principio, de lucha y de valores morales sobre el altruismo, incluso el altruismo cristiano, y sobre el concepto, dicho a la manera española, de camaradería, y por tanto sobre una disciplina contra todo impulso al egoísmo, a la búsqueda de la propia utilidad material, que muchas veces conduce obviamente a formas de distorsión ética.

Fidel dedica toda la política, incluida la económica, a este programa revolucionario, piensa por ejemplo en la reforma agraria, la alfabetización, la sanidad gratuita para todos, el derecho a la cobertura social, el derecho a la educación pública, gratuita y completa. En definitiva, la creación del hombre nuevo, que parte precisamente de la capacidad de poner en el centro las necesidades espirituales del hombre, antes que las materiales. Fidel al inicio de la revolución ya se planteó el problema de lograr una economía socialista y planificada sin comprender aún plenamente las funciones del Estado y las funciones económicas, pero el objetivo desde el principio fue lograr la forma de una redistribución socialista.

De todos estos discursos y textos recientes se desprende que Fidel tenía un profundo y marcado espíritu historicista: siempre partió del método dialéctico hegeliano y del materialismo histórico de Marx para enfatizar la fenomenología social determinada, sin embargo, por el devenir histórico. Sostuvo que todas las verdades son verdades relativas, sin valores absolutos, porque los acontecimientos están efectivamente influidos por el pasado, pero pronto se convierten a su vez en pasado. Y esto ha acompañado siempre a una ética, a una moral de la política que remite a Marx y fuertemente a la ética y al comunismo, porque apela a la construcción del hombre nuevo y, por tanto, al perfeccionamiento de la persona, que tiene lugar cuestionándose a sí mismo y poniéndose a disposición del desarrollo de la humanidad, disfrutando, digamos, de la propia inteligencia si se sitúa en el contexto del espíritu colectivo.

Es este proceso de desarrollo que Fidel ha llevado a cabo en Cuba, como parte fundamental de un discurso obviamente de vanguardia revolucionaria, que sin embargo se da inmediatamente las tareas del partido, las tareas del partido para la revolución, las tareas del partido a partir de lo que había sido el movimiento 26 de julio.De manera que las características del movimiento 26 de Julio, incluso antes de la relación con la Unión Soviética e incluso antes de hacer la transición al socialismo desde lo que era la vía martiana, obviamente el proceso histórico en el que Fidel participó como actor principal fue destacar el sacrificio y el trabajo duro, el trabajo constante para lograr que Cuba alcanzara plenamente su independencia y su autodeterminación, sabiendo que Cuba era un país del tercer mundo, un país que había estado sometido a un duro colonialismo. Un esfuerzo frenético y continuo, racional y al mismo tiempo, por recuperar el tiempo perdido. Un país que bajo el liderazgo de Fidel avanza en la transición socialista y en la planificación socialista, con la idea siempre de alcanzar el socialismo con la ayuda de las armas de la política y la batalla de las ideas, con el legado histórico de un sistema que puede buscar un camino mejor para el hombre nuevo, que se basa no en la búsqueda de la acumulación de bienes materiales, sino en la obligación de la sociedad de transformar la humanidad.

La historia de la Revolución cubana no es solo la crónica de una victoria política o militar, sino un proceso profundo de transformación humana, cultural y moral que atraviesa más de un siglo de luchas por la libertad. Desde José Martí hasta Fidel Castro y Ernesto Che Guevara, el camino revolucionario de Cuba representa una de las más altas expresiones de coherencia ética y de pensamiento socialista de nuestro tiempo. En esta línea de continuidad, el liderazgo de Miguel Díaz-Canel no es la simple prolongación de un poder político, sino la reafirmación de un ideal de emancipación que vive y se renueva cada día en la construcción socialista.

El 13 de septiembre de 1959, en la clausura del XXIV Consejo Nacional de la Confederación de Trabajadores de Cuba, el Comandante Fidel Castro destacó cómo los trabajadores debían desempeñar roles de dirección revolucionaria: “Es importante y necesario comenzar a transformar las mentes para que, a través de un esfuerzo de conciencia e ideas, podamos recorrer el camino que debemos seguir, sabiendo que la clase tiene su representación en el poder, que es el poder de los campesinos, de los obreros, del pueblo…”. De inmediato se reafirmó que el papel de la clase obrera sería decisivo para la patria y para la revolución, y que más allá de las cuestiones y pasiones personales, solo la lucha por el poder político sería capaz de unir a la clase con la revolución en el interés del país.

El problema también hoy para nosotros, los revolucionarios, es estudiar cómo se concentra el poder en manos de una oligarquía dominante y luego cómo se da un sentido completo y real al hacer la revolución tomando y gestionando el poder político en manos de la clase trabajadora.
Por estas razones, los procesos de cambio que llevamos adelante como marxistas pueden tener sin duda límites y errores, pero se basan en un respeto de la verdad, la ciencia y el método, y esto hace que se pueda proceder en el interés de la clase a través del antagonismo y la superación de toda concepción puramente idealista.

El 17 de diciembre de 1975 comienzan en Cuba las sesiones del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, donde se plantean las tareas de la revolución, entre las cuales están la Constitución socialista, la difusión en todo el país de los Órganos del Poder Popular y llevar adelante el primer plan quinquenal de dirección de la economía. Y el 1 de enero de 1976 se crea la Comisión Nacional para el Desarrollo del Sistema de Construcción y Planificación de la Economía, presidida por Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del PCC y Primer Ministro del gobierno revolucionario, en la que se pone atención en las tareas de los órganos del Poder Popular, creando los supuestos para realizar cursos de formación para los cuadros de partido para que alcancen “una conciencia económica”, para analizar los costos en términos de recursos materiales y humanos para programas mínimos de fase en la dirección de la economía, creando también las condiciones para posibles ajustes en el curso de la obra.

El 2 de junio de 1997 comienza en Cuba la discusión del documento “El Partido de la Unidad, la Democracia yActo cuarto. A modo de conclusión… para comenzar con Lenin, Gramsci y Fidel! Vivir de inmediato la revolución actuando como Partido, para la construcción del Partido Comunista, para la toma del poder político

El problema también hoy para nosotros, los revolucionarios, es estudiar cómo se concentra el poder en manos de una oligarquía dominante y luego cómo se da un sentido completo y real al hacer la revolución tomando y gestionando el poder político en manos de la clase trabajadora.
Por estas razones, los procesos de cambio que llevamos adelante como marxistas pueden tener sin duda límites y errores, pero se basan en un respeto de la verdad, la ciencia y el método, y esto hace que se pueda proceder en el interés de la clase a través del antagonismo y la superación de toda concepción puramente idealista.

El 10 de octubre de 1997 en la clausura del V Congreso del Partido, el Comandante en jefe Fidel Castro subrayó: ‘… termino con más certeza que nunca de que seguimos el camino correcto, con más certeza que nunca de que nuestro pueblo defenderá y continuará en lo que más ama, en los intereses revolucionarios que son los más sagrados…’. Por lo tanto, también para nosotros los marxistas en esta fase histórica, la tarea “sagrada” sigue siendo la búsqueda de la ruptura definitiva y la superación del modo de producción capitalista; sólo entonces la clase que vive de su trabajo podrá garantizar verdaderos resultados de transformación porque revolucionarios, como lo demostraron en la teoría y en la práctica los revolucionarios soviéticos bajo la dirección de Lenin y los revolucionarios cubanos bajo la dirección de Fidel.

Martí, Fidel y el Che son así tres dimensiones inseparables de un mismo proyecto: la Revolución como camino humano y político hacia la plena liberación. Martí representa la conciencia moral, Fidel la construcción política, el Che la proyección universal. Tres fases de una misma epopeya que sigue viva en la experiencia del socialismo cubano, no como dogma sino como proceso abierto, dinámico y dialéctico.

Por lo tanto, incluso acelerar los tiempos y formas plenamente comunistas de distribución y la regla de la comunidad que es esforzarse de acuerdo a las posibilidades de cada uno y ser recompensado de acuerdo a sus necesidades. Esta es ciertamente la tendencia de una práctica revolucionaria cubana que puso en juego la propia regla socialista adoptada según la cual cada cual debía esforzarse según sus posibilidades y ser recompensado según su trabajo. Fidel transmitió a los cubanos la voluntad política de escapar a todas las reglas del imperialismo y a todas las reglas del colonialismo y del neocolonialismo. Desde este punto de vista, Cuba como comunidad socialista sigue viva y sigue siendo fidelista, es profundamente fidelista y es un referente político internacional para el Sur global y para el mundo entero. Por eso se aplica un bloqueo infame a Cuba y la isla de Fidel Castro se coloca entre los países patrocinadores del terrorismo, porque temen el ejemplo y los orígenes del socialismo latinoamericano y la difusión de estas ideas.

Díaz-Canel ha recogido esta herencia, traduciéndola al lenguaje del presente. Frente a un mundo multipolar y a un capitalismo en crisis sistémica, ha reafirmado la validez del pensamiento marxista y la necesidad de un socialismo creativo, científico y participativo. Su liderazgo, enraizado en la experiencia del pueblo cubano, muestra que la continuidad revolucionaria no es un hecho de sucesión personal, sino de fidelidad colectiva a un proyecto histórico. En una época marcada por la desinformación y la agresión imperialista, Díaz-Canel defiende la dignidad nacional y la soberanía socialista, relanzando la unidad latinoamericana y los valores del ALBA como alternativa solidaria y antiimperialista.

Y la revolución aún hoy es un proceso obrero que se lleva a cabo en Cuba con entusiasmo, con cohesión y de manera disciplinada, con los compañeros que tienen funciones de gobierno siempre en primera fila, y en el centro sigue estando el papel de los trabajadores que han contribuido y contribuyen diariamente a la independencia del país, transmitiendo también el internacionalismo proletario con médicos cubanos enviados a todo el mundo para combatir emergencias y enfermedades, con maestros igualmente enviados a todo el mundo, y haciendo un llamado continuo a los trabajadores para superar incluso esta etapa, este momento tan difícil, debido a este infame bloqueo cada vez más restrictivo de Estados Unidos y la Unión Europea. Hoy quizás ha llegado la hora en que debemos defender la revolución castrista aún más que antes, defender el proceso cubano, el papel y el destino del proceso socialista cubano con claridad, con firmeza, sabiendo que es de vital importancia tomar en nuestras manos el futuro de la patria donde la patria es el Sur global.

Hoy, en un mundo atravesado por guerras, desigualdades y crisis ecológicas, el ejemplo de Cuba demuestra que es posible construir una civilización basada en la solidaridad y en la igualdad. La fuerza de esta pequeña isla reside en su capacidad de soñar y realizar, de resistir e innovar, de mantener viva la fe en la justicia social a pesar del bloqueo, las dificultades y los desafíos globales.

La continuidad revolucionaria de Cuba no es, por tanto, una nostalgia del pasado, sino un acto de esperanza en el futuro. Es la prueba de que la utopía socialista no es un mito para archivar, sino un proyecto concreto que debe vivirse y defenderse cada día, con la misma pasión y coherencia de Martí, de Fidel y del Che.


El 13 de agosto Fidel, el Comandante en jefe, habría cumplido 100 años. La herencia que nos dejó es enorme. Sobre Farodiroma lo recuerdan el economista y profesor universitario de la Sapienza de Roma Luciano Vasapollo, que colaboró en varios niveles con Fidel – y la directora de CESTES, Rita Martufi. Juntos coordinan el Capítulo italiano de la Red de intelectuales, artistas y movimientos sociales en defensa de la humanidad, que Vasapollo contribuyó a fundar en Caracas en 2004 precisamente con los dos Comandantes Eternos, Fidel y Hugo Chávez. Vasapollo y Martufi han organizado innumerables coloquios, tanto en Italia como en Cuba, sobre la figura del Comandante. 

Como miembro de honor de la ANEC, Asociación Nacional de Economistas de Cuba, ha presidido importantes conferencias en la isla del Caribe, sobre los temas actuales de la globalización y del rescate de los Sur. Junto con Roberto Verrier, presidente de la ANEC, en efecto, organizó más de diez congresos internacionales, en el cual siempre participó Fidel Castro. Sobre el Comandante y el Che, Vasapollo también escribió otros volúmenes importantes

La REDH recuerda los ideales de independencia y autodeterminación de los pueblos, viendo en la liberación del Sur global un elemento imprescindible para la coexistencia pacífica y armoniosa en la tierra. Se trata de una organización que reúne a muchísimos jóvenes, pero también a figuras importantes del mundo cultural. 

Es importante recordar la difusión de libros y cultura, un elemento imprescindible de lo que Fidel llamaba la batalla de las ideas. Se han realizadocomo Capitulo Italiano importantes traducciones como “Fidel Castro, Guerrillero del Tiempo. Conversaciones con el líder histórico de la revolución cubana”; los “Viajes de Miguel Luna” de Abel Prieto; algunos libros de los Cinco héroes cubanos, como el diario de cautiverio de Ramón Labañino, “Hombre del silencio”. Sobre los héroes cubanos quisiera recordar los encuentros con el Papa Benedicto y el Papa Francisco, a los que tuve ocasión de denunciar las terribles condiciones de reclusión de los cinco. Una campaña internacional a la que el Capítulo ha dedicado tantas energías y, como es sabido, se ha resuelto bien.

Otra manera de declinar el antiimperialismo, sobre la base de Fidel que indicó a Cuba el camino para exportar médicos y salud. No bombas como hacen otros.

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