
Cuando en 1992, el Comandante Fidel lanzó aquella advertencia en la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro, Brasil, sobre el peligro de extinción de la vida sobre el planeta; y junto a esta advertencia, hizo la pregunta que la humanidad toda debería hacérsela en algún momento y que nosotros parafraseamos: ¿qué estamos haciendo hoy intelectuales, artistas, científicos, luchadores sociales, trabajadores, y sobre todo, jóvenes, para lograr revertir esa predicción que, desde entonces y hasta el día de hoy, se ha convertido en la posibilidad más cierta para todos los humanos; incluidos los que, sintiéndose dueños del mundo, sueñan y están haciendo planes para vivir en la Luna o en Marte: ¿es ya la humanidad una especie en extinción?
Esta pregunta se hace particularmente obligante para la Red en Defensa de la Humanidad y nos compele, no sólo a plantearnos objetivos más profundos y permanentes que una simple movilización contra la guerra, sino un trabajo de mayor incidencia en las nuevas generaciones; atrapadas como están en esta nueva dimensión artificial y antes de que se alcance el punto de no retorno.
Ya no se trata sólo de “Una especie en peligro”; sino que es la vida total la que está en peligro, y, lo que es peor, que los que tienen en sus manos el poder de detener la catástrofe final parecen estar muy seguros de que ellos se salvarían y podrían recomenzar su vida de manera más cómoda que la anterior; porque se habrían librado de millones de otros seres, que sólo hacen generar problemas.
Años después, en febrero de 2012, tuvo lugar en La Habana un encuentro de Fidel con destacados Intelectuales de la Red en Defensa de la Humanidad, que duró nueve horas. Reunión en la que dimos rienda suelta a nuestras angustias y preocupaciones sobre el estado del mundo en ese momento, y sobre cómo reforzar nuestro papel crítico ante la indiferencia generalizada de la mayoría de la población; atrapada entre los fuegos fatuos de la propaganda que ahora se colaba en las mentes de los jóvenes, y de otros ya no tanto, mediante el encanto de los videos juegos, y otras vías digitales.
Vías que han hecho desaparecer los límites entre la verdad y la fantasía, entre el respeto y la burla al prójimo, entre lo que beneficia a la humanidad y el interés egoísta del 1% de la población, que sólo se interesa por la Bolsa de Valores y el crecimiento de su fortuna monetaria; fortuna que hace ya mucho tiempo dejó de contarse en moneda física.
En realidad, esa reunión con Fidel evidenció, para cada uno de los que allí participamos, provenientes de diferentes ámbitos culturales y políticos, que estábamos ante el problema más urgente y crucial al que debía abocarse el pensamiento crítico y las fuerzas más progresistas de la humanidad; pues se trataba de la propia sobrevivencia de la especie humana.
Sobrevivencia que ha sido puesta en jaque por la irracionalidad del propio sistema capitalista, que ha alcanzado ya el punto máximo de sus límites. Sin duda, el sistema vive una crisis estructural y definitiva, que se evidencia en la grave crisis económica, financiera, ecológica, alimentaria, y sobre todo energética; pues se calcula que, en los siguientes 120/150 años, se habrá agotado totalmente todo el combustible gaseoso, líquido y sólido que se pueda encontrar en el planeta; combustible que la naturaleza tardó 400 millones de años en crear. Crisis para la cual no hay solución alguna dentro del sistema; salvo que la inteligencia artificial termine por sustituir totalmente a la humana, y aprenda a auto reproducirse.
Otro problema, muy ligado al anterior y que ocupó bastante espacio en el debate, fue el comunicacional. Elemento crucial para mantener viva la conciencia del grave peligro que amenaza a la existencia de la diversidad cultural que puebla el planeta y que exige la necesaria organización colectiva para enfrentarlo. La pregunta que en ese momento se hizo, fue: ¿cómo crear esa conciencia, cuando el propio sistema ha desarrollado una demoníaca maquinaria mediática, dedicada cada día a hacer que esta crisis sistémica del capitalismo sea invisible para las mayorías?
Destacados intelectuales lo han dicho, pero Fidel no sólo nos recordó la permanente necesidad de generar una opinión pública consciente de la gravedad de la amenaza que enfrentamos, sino, sobre todo, la urgencia de generar vías para contraponerse a las decisiones del gran poder financiero-militar, que está conduciendo a la humanidad hacia el cataclismo final. ¿Pero, cómo construir esa opinión pública consciente, si la misma ya viene prefabricada por los grandes monopolios mediáticos; esos que precisamente están ligados y muy al servicio de esos mismos grupos financieros-militares que hoy se han hecho dueños del mundo?
¿Tiene el internet la respuesta? También la desinformación circula por internet y, además, en mucho mayor grado que la verdad; y esto sin hablar del bombardeo de frivolidades y banalidades que reciben los jóvenes por esta vía.
Creemos que estamos viviendo uno de los momentos más graves en esa espiral de la desinformación. Lo sentimos en el silencio aterrador de una humanidad que no reacciona ante las atrocidades que se están cometiendo. ¿Estamos paralizados de terror o es que ni siquiera nos atrevemos a indagar la verdad, porque ya estamos completamente idiotizados por los medios?
Estas y muchas otras interrogantes fueron surgiendo durante esas nueve horas de intercambio de ideas con el Comandante Fidel. Por lo que nos toca, nos confrontó con el papel que, como intelectuales y artistas, habíamos estado desempeñando tanto como individualidades, como en nuestra actuación en tanto integrantes de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en defensa de la Humanidad.
Allí se habló tanto del silencio mediático como de la manipulación contra la que chocaban nuestros pronunciamientos y debates; así como de nuestros propios silencios ante los genocidios y las guerras coloniales que se habían estado produciendo en distintos lugares del mundo.
Cuestionamiento que generó, entre los presentes, una dura autocrítica y dio pie para plantear nuevas acciones dirigidas a reimpulsar la Red y retomar la ofensiva. Por ejemplo, además de alfabetizarnos en el campo de las Redes Sociales virtuales, se impuso como tarea urgente acercarnos a los sectores que pueden formar opinión pública en los Estados Unidos, dado que es la única opinión pública a la que teme un Presidente norteamericano y, por tanto, la única que, en ese caso, podría detener una guerra.
También concluimos en la necesidad de intensificar el diálogo entre las fuerzas progresistas de América Latina, África y Asia con las de Europa. Es una verdad innegable que todos los días se producen en el mundo acontecimientos, desacuerdos, amenazas de guerra, violaciones de soberanías y, últimamente, casos de asesinatos colectivos cometidos en general por adolescentes en países del llamado primer mundo; cuestión que debería encender todas las alarmas, pues son indicios de algo mucho más grave que las invasiones militares hacia otros países. Todo ello es signo de que el sistema mundial imperante ha desbordado todos sus límites.
Ante esto, ¿qué debemos y podemos hacer los intelectuales del llamado Tercer Mundo y los que, viviendo en el Norte, se sienten igualmente compelidos a tratar de que la humanidad encuentre al menos un punto de equilibrio? Por lo pronto, abrir el discurso y plantear un debate franco que nos permita encontrar puntos comunes y recuperar la ofensiva en todos los espacios posibles, sin perder de vista que ésta pudiera ser la última oportunidad de la humanidad para salvar el planeta; sin cuya conservación, no habría existencia humana posible.
Termino esta presentación con tres frases dichas por el Comandante Fidel durante ese Encuentro en La Habana en el 2012; y que deberíamos repetírnoslas cada día:
- No te busques enemigos por gusto, confórmate con tener de enemigo al imperio.
- No podemos impedir la mentira. El problema no es que ellos digan mentiras, el problema es cómo decimos nosotros las verdades.
- La lucha por la independencia se ha convertido en una cuestión de vida o muerte para nuestros pueblos.
Eran muchísimas las preguntas que nos angustiaban; y la oportunidad de debatirlas frente a Fidel, fue una ocasión tan excepcional como inolvidable.
Caracas, 13 de agosto de 2026
