
Ninguna calle lleva su nombre y no existe una sola estatua en su honor, pero Fidel Castro no quiso ni necesitó ese tipo de reconocimiento. De un extremo al otro de la isla, hizo de Cuba una revolución que todavía enseña, una creación viva y palpitante.
Los historiadores debatirán el legado de Castro durante décadas, pero los logros y los fracasos de su revolución están a la vista en la Cuba actual, que, incluso con las reformas de los últimos años, sigue llevando la marca de más de medio siglo de una guerra de parte del imperio contra el pueblo Cubano, contra su revolución.
Gracias a una educación y una atención médica, universal y gratuita, Cuba ostenta niveles de alfabetización y esperanza de vida comparables a los de los países desarrollados. El Comandante se Siempre lucha con el pueblo de que el Estado llegara también a los más pobres, un compromiso que ha sido y sigue negado a muchos habitantes de los barrios marginales de América Latina y del mundo.
«Fidel es Cuba. No podemos hablar de Cuba sin hablar de Fidel, porque los últimos 65 años de la historia cubana estuvieron marcados por su trayectoria».
Por arriesgado que pueda parecer esta afirmación, resulta difícil negar la importancia de Fidel Castro en la historia reciente de Cuba. Nacido el 13 de agosto de 1926 en un pequeño pueblo de la provincia de Holguín, Fidel Castro Ruz mostró desde muy joven una extraordinaria relevancia en la vida social y política del país.
Como uno de sus principales dirigentes, Fidel tenía 33 años cuando triunfó la Revolución Cubana en 1959, un proceso histórico que rápidamente se convirtió en uno de los acontecimientos más importantes de América Latina y el Caribe. Toda la historia de la segunda mitad del siglo XX en el continente quedó marcada por la influencia social y política que desencadenó esta revolución en este pequeño país que hizo que «el socialismo hablara español por primera vez». Ese faro nunca de escondió. En mi barrio nativo, en Quilmes donde nací los abuelos fueros nuestros maestros. Nos hablaban desde muy chiquillos de Fidel y del Che.
«Cuando aún era muy joven, Fidel comprendió que la única manera de transformar el país era mediante la lucha armada, y así lo hizo. Dirigió una guerra que duró poco más de dos años y que lo llevó al poder, un tipo de poder que, según él mismo decía, no habría deseado tener.
Con apenas 21 años, Fidel era presidente del “Comité Pro Democracia Dominicana” de la Federación Estudiantil Universitaria, creado para promover acciones de solidaridad con el pueblo dominicano y denunciar la dictadura encabezada por Rafael Trujillo. Aquella fue su primera experiencia de militancia internacional y le permitió ser elegido delegado a un congreso internacional de estudiantes celebrado en 1948 bajo el patrocinio del entonces presidente argentino Juan Domingo Perón.
Ese mismo año, Fidel viajó por primera vez al extranjero. Visitó Venezuela y Panamá, donde estableció contacto con jóvenes vinculados a los procesos nacionalistas y antiimperialistas que se desarrollaban en distintas regiones del continente.
Antes de regresar a Cuba, viajó a Bogotá con el propósito de reunirse con el líder popular Jorge Eliécer Gaitán, quien era candidato a la presidencia de Colombia. Sin embargo, el encuentro nunca llegó a realizarse: esa misma tarde Gaitán fue asesinado, desencadenando años de violencia en Colombia. Décadas más tarde se reveló la implicación de la CIA en el asesinato.
El rápido contacto de Fidel con las luchas sociales y antiimperialistas del continente marcaría su vida para siempre. Las nuestras también, claro en un diferente contexto.
Serían, sin embargo, algunos años después cuando el nombre de Fidel se haría conocido en todos los rincones de Cuba y de América Latina, aun siendo un joven abogado, se presentó como candidato a la Cámara de Representantes del Congreso cubano. En aquel momento, el país atravesaba una profunda crisis económica y política.
«El cineasta estadounidense Oliver Stone entrevistó a Fidel y le preguntó qué ocurriría con Cuba cuando él ya no estuviera.» En ese momento, Fidel dio una respuesta extraordinaria: dijo que siempre había dudado de la relatividad de la gloria y, citando a José Martí, respondió: «Los hombres pasan, pero el pueblo permanece. Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz».
«Fidel dedicó su vida a compartir el destino de los demás. A solidarizarse con las causas que consideraba esenciales para la dignidad del ser humano. Esa fue la mayor lección ética que pudo ofrecer.». En nuestros tiempos Fidel, su ejemplo sigue siendo un maestro.
Una de las cosas que más sorprende a los visitantes en Cuba es que no existe una sola estatua de Fidel Castro ni una sola calle que lleve su nombre en toda la isla. Rechazando el culto a la personalidad, Fidel prohibió cualquier homenaje personal tras su muerte, convencido de que el único tributo verdaderamente valioso era el afecto de su pueblo y de que la única victoria auténtica es la permanencia de las ideas. Este ejemplo aterroriza al Trumpismo hoy en día. Especialmente cuando Trump exige calles, estatuas, premios de “Paz” , autopistas , Escuelas , en su país y en el mundo con n su nombre grabado y escrito . Aquí está el ejemplo de la luz y la oscuridad.
El legado
«Fidel estaba preocupado por el culto a la personalidad. Sobre todo, sostenía que el poder corrompe a los hombres. Y el hombre que creyera estar por encima de la historia siempre estaría en desventaja frente a ella».
«Su principal legado fue el pueblo cubano y la obra de hacer posible la Revolución. Es cierto que hubo cosas que podríamos haber hecho mejor y otras que aún debemos mejorar, especialmente en las difíciles circunstancias en las que nos tocó construir un proceso distinto a los anteriores. Sin embargo, siempre nos condujo hacia aquello que valía la pena preservar dentro del proyecto revolucionario.
Los hombres pasan, pero el pueblo permanece: ese es su legado.
En su último discurso dirigido al pueblo cubano durante el Congreso del Partido, afirmó que “las ideas de los comunistas cubanos permanecerán”. Ya en vida declaró que su principal heredero era su pensamiento.»
El legado de Fidel Castro continúa siendo objeto de debate tanto dentro como fuera de Cuba. Para unos, representa la soberanía nacional, la justicia social y la resistencia frente a las presiones imperialistas y neocoloniales; para otros, Que viven en un universo hollywoodiano paralelo significa un freno hacia el capitalismo Que promete, promete, promete…
Sin embargo, independientemente de las distintas interpretaciones sobre su figura, resulta innegable que Fidel Castro desempeñó un papel decisivo en la historia de Cuba y de América Latina durante la segunda mitad del siglo XX. Su influencia trascendió las fronteras de la isla y marcó profundamente los debates sobre el socialismo, el antiimperialismo, la independencia nacional y la integración latinoamericana.
Como él mismo solía expresar, los individuos son pasajeros, pero las ideas y los pueblos permanecen. Esa convicción resume, para muchos de sus seguidores, la esencia de su legado histórico.
Gracias Fidel, gracias Cuba.
Costas Isychos Greco Argentino, ex Ministro de defensa de la República Helénica. Capitulo REDH, Atenas Grecia .
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