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Crónicas desde Turín

#CubaSalva: Crónicas desde Turín. Por Enrique Ubieta

¿Cuánto puede hacer el ser humano por el ser humano? No pretendo hacer preguntas sencillas, que parecen complicadas, porque hay seres humanos que anteponen sus intereses a la vida de los demás. Parodiando (y suavizando) una frase conocida, diría: señores, no es la sicología la que determina, es la economía. El coronavirus nos ha puesto a pensar.

Hoy en la mañana el Embajador de Cuba recorrió junto al vicepresidente del Gobierno Regional de Piamonte, y al jefe de la Brigada Médica cubana, algunos parques de la ciudad de Turín. El propósito es preparar espacios naturales amplios y seguros para que los niños salgan de su encierro hogareño en tiempos de pandemia, y jueguen al aire libre. Probablemente este virus, como muchos otros de los que no tenemos noción, comparta en lo adelante el espacio que nos hemos adjudicado sobre la Tierra. El Gobierno de la Ciudad quiere que nuestros epidemiólogos (¡vaya que se han hecho famosos Adrián y René!), asesoren el proyecto: entradas y salidas bien concebidas, condiciones internas que eviten la aglomeración, etc. Un diseño epidemiológico completo, eficaz.

La ciudad puede vanagloriarse de sus parques. Los atraviesa el río Po. Uno de ellos sorprende: es el esqueleto de hierro de una enorme fundición de acero. Dicen que fue la más grande de Europa o del mundo, no sé. El padre de mi amigo Michele trabajó aquí, fue uno de los miles de obreros que llegaron y llegan del Sur de Italia. Lo acompañó de niño, durante sus horas de trabajo. “Con dos vueltas completas que le de mi hijo en bicicleta, ya se cansó”, comenta en broma el Cónsul de Cuba en Roma. Ahora es eso: un parque. Algunas mujeres delgadas pero musculosas, ensayan números de circo en una esquina. Es curioso cómo evoluciona el juicio estético. Algunas décadas atrás, esas columnas herrumbrosas, o aquellas paredes semiderruidas, llenas de grafitis, indicarían abandono, serían consideradas feas. A nadie se le ocurriría hoy pintarlas o resanarlas. Tampoco se pintan las paredes descoloridas de las antiguas Oficinas de Grandes Reparaciones (OGR), sede actual del hospital covid.

Ayer, por cierto, una puerta quedó abierta por unos minutos, y entró a la zona roja una paloma. ¡Qué conflicto tan antinatural, el de la naturaleza y los seres humanos! La inmensidad de esos espacios sobrecoge; uno intuye que detrás de la fiebre productiva, hay historias humanas que nunca se escribieron. Casi al irnos, un muchacho, enterado de que viene con nosotros alguien de la brigada médica cubana, pide que veamos el mural que están pintando en uno de los muros de la instalación. La emoción es grande: un grupo de jóvenes pintan el rostro de Fidel, banderas cubanas, médicos con el correspondiente nasobuco y una frase del Comandante en jefe: “Médicos, no bombas”. No me perderé su inauguración. Pero hoy, salimos después de almuerzo hacia Crema. Mañana será el acto oficial de despedida de la primera brigada médica en llegar a Italia, a Europa. Ya les contaré.

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