Opinión

La gratitud, ennoblece. Por Gustavo Espinoza M.

En la madrugada del lunes 21 partió de retorno a su patria la Brigada Médica Cubana que permaneció seis meses entre nosotros combatiendo la Pandemia que aún agobia al mundo, y que ha dejado casi cien mil muertos y más de un millón de infectados en nuestro país.

Llegaron en abril –el mes de la poesía- ; y se fueron en diciembre, en víspera de las fiestas de fin de año, cuando afloran sentimientos de gratitud y afecto y cuando hombres y mujeres de diversas latitudes recuerdan a los suyos en un ambiente de comprensión y de ternura. Antes de partir, en el frontis del Colegio Médico, rindieron sentido homenaje a Hilder Montoya, José Paredes y Pavel Cervantes, peruanos graduados en la Patria de Martí, que cayeron en el 2020.

El arribo de la Brigada, no fue un acto simple. Hubo múltiples presiones para que no vinieran. Incluso el Presidente de los Estados Unidos llamó a Martin Vizcarra como una manera de exigirle que no diera el paso de abrir las puertas a la solidaridad cubana. Ninguna, tuvo efecto. La ayuda cubana al Perú, tiene historia y cumplió hace poco, el medio siglo.

Fueron 49 médicos especializados y 36 licenciados en enfermería, completaron los 85 trabajadores de la salud, que  arribaron y se batieron al lado de profesionales peruanos en distintos lugares, buscando salvar vidas, en una circunstancia en la que el diálogo con la muerte, se tornó cotidiano.

115,800 atenciones médicas fueron cumplidas por la Brigada Cubana; 229,700  actividades de enfermería, capacitación y servicios similares; y 627 vidas  rescatadas,  cuando virtualmente, se les daba por perdidas. Moquegua, Ayacucho, Arequipa y Ancash; fueron el escenario principal de esta sacrificada tarea, cumplida por quienes dejaron lejos a los suyos para atender a peruanos en extrema necesidad.

Pero no fueron solo las capitales de región. También las provincias aledañas conocieron del accionar solidario  de los profesionales llegados de la Mayor de las Antillas para cumplir compromisos con la vida. “Artesanos del saber y embajadores del humanismo”, les llamaron en otras latitudes, a quienes cumplieron tareas de este orden con singular dedicación.

En nuestra patria, el Doctor Mario Héctor Almeida Alfonso dejó su testimonio escrito, y éste fue publicado bajo el nombre de “Diario de un médico cubano en Perú”. Páginas de profundo sentimiento, pero además, experiencias de enorme valor que resume sin embargo, sólo su labor en Chimbote y Huaraz fluyeron de la pluma de este trabajador de la salud.

Quienes conocieron nuestro país desde otros confines, también dejaron huella por su dominio de la medicina, y su profundo humanismo. Por eso los peruanos humildes los acogieron con singular cariño, y les dieron muestras de infinita gratitud. En todos los lugares a los que ellos llegaron, se alzaron las voces cargadas de emotivos sentimientos de grandeza.

Hablando sugerentemente del árbol de la vida, en la primera etapa de trabajo en nuestro país, y desde el hospital La Caleta, de Chimbote, el doctor Almeida, nos dice: “Dentro de poquísimos días cumpliremos dos meses en tierras peruanas. Se ha trabajado duro, y la mayor satisfacción resulta el alta de un paciente que pudo morir y, en cambio regresa a su casa victorioso. Pudiera ser reiterativo hablar de cada alta médica. Pero esta mañana dimos varias, siete en total. A quienes no están en el ruedo, les pudiera parecer insignificante, pero para todo el equipo asistencial, los familiares y el paciente, se trata de algo, sin duda, maravilloso”

Y es así. Para cada ser humano, lo más preciado que posee, es la vida. Y cada quien anhela vivirla a plenitud, en las mejores condiciones, y en el tiempo más prolongado. Cuando se siente afectado por una epidemia como el COVID 19 y ve asomarse en su lecho el rostro de la muerte; asoma como un deber ante sí mismo y ante los suyos, luchar hasta el fin por conservar lo que posee.

Para lograrlo, empeña una titánica batalla en la que único aliado es el médico que lo atiende. De ahí deriva la extrema importancia que tiene el hecho que el profesional de la salud actúe con capacidad, pero también con una alta dosis de ternura. La ciencia y el amor han de darse la mano en la lucha por conservar en cada quien un hálito de esperanza y de victoria.

Las Brigadas Cubanas de Salud han operado sólo en el transcurso del 2020, en 54 países, A ellos han viajado 27 mil trabajadores de la salud que han comprometido sus vidas, y su destino, con decenas de miles de pobladores diseminados en uno u otro rincón del planeta. Los 5 continentes han conocido así de la Brigada Henri Reeve, y por eso abogan por que sea distinguida en el 2021 por el Nobel de la Paz.

Al retornar a Cuba, la Brigada fue saludada por el Presidente de su país, Miguel Díaz Canel. Pero estuvo ausente un mensaje del mandatario peruano, que debió brindar un testimonio de gratitud. Pareciera que en Palacio, el servilismo vive al lado de la mezquindad. Fue de ella la que hizo gala también el núcleo dirigente del Colegio Médico que no se dignó siquiera abrir la puerta de su sede para un sencillo evento, que lucía indispensable.

Bien dijo Marco Tulio Cicerón: “hay enfermedades del alma, más perniciosas que las del cuerpo”

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