La teoría como arma: cómo Fidel Castro hizo de la síntesis de la resistencia decolonial de Martí, el análisis de Marx y la teoría y práctica revolucionarias de Lenin, una brújula invencible para Cuba. Una inmersión incisiva en la forma de pensar única y antidogmática del Comandante.


 

“Creo que mi contribución a la Revolución Cubana consiste
en haber realizado una síntesis de las ideas de Martí y del marxismo-leninismo,
y haberla aplicado consecuentemente en nuestra lucha.”[1]

Fidel y la religión

Las fuentes ideológicas

La vía revolucionara es caprichosa y está llena de peligros. Sin orientación sólida y sin compás ideológico se corre un fuerte riesgo de fallar a la primera decisión difícil. Las lecciones de la historia son despiadadas. En estos últimos siglos América Latina ha conocido decenas de levantamientos revolucionarios, pero solo unos pocos estuvieron en condiciones de vencer. El Che lo había aprendido de Lenin: «Sin teoría revolucionaria no hay práctica revolucionaria»[2]. Fidel también estaba convencido de que «lo que se necesitaba era un programa revolucionario».[3] La teoría es necesaria para analizar la sociedad, para ver qué relaciones hay entre fenómenos que a primera vista no tienen relación, para deducir de ellos modelos y leyes, para determinar en qué dirección hay que ir y cuál es la estrategia más apropiada.

“Quienes no conozcan las realidades políticas, no tienen derecho ni siquiera a iniciar un programa revolucionario, porque no conducirán a su pueblo a la victoria, y no conducirán su programa a la realización.”[4]
“Desde luego, cuando yo me topo con el Manifiesto comunista por primera vez, veo una explicación, y en medio de todo el bosque de acontecimientos, donde era muy difícil entender el porqué de los fenómenos y donde todo parecía consecuencia de la maldad de los hombres, de los defectos de los hombres, de la perversidad de los hombres, de la inmoralidad de los hombres, empiezas a ver otros factores que no dependen ya del hombre con su moral o su actitud individual.[5]

Fidel entendía la teoría de una manera muy amplia. No la limitaba a unas doctrinas o principios abstractos. El pasado fue para él una escuela muy importante. Las experiencias concretas de lucha de la historia cubana y latinoamericana fueron para él al menos tan relevantes como las leyes o patrones históricos generales. Fidel trató de evitar los errores y las trampas del pasado revolucionario. Combinó las lecciones de la tradición descolonial y revolucionara de América Latina y de Cuba con las de Europa: el marxismo-leninismo.

“¿Pero qué nos hizo ver con claridad aquel camino por donde nuestra patria ascendería a una fase superior de su vida política…? Sin la prédica luminosa de José Martí, sin el ejemplo vigoroso y la obra inmortal de Céspedes, Agramonte, Gómez, Maceo y tantos hombres legendarios de las luchas pasadas; sin los extraordinarios descubrimientos científicos de Marx y Engels; sin la genial interpretación de Lenin y su portentosa hazaña histórica, no se habría concebido un 26 de Julio.”[6]

El 26 de julio de 1953, Fidel, junto con varias decenas de rebeldes, asaltó el cuartel Moncada en Santiago. El ataque fracasó, pero supuso, de hecho, el inicio de la lucha revolucionaria que seis años más tarde se alzó con la victoria. Veinte años después del ataque al cuartel Moncada Fidel reflexiona sobre sus fuentes de inspiración. José Martí desempeña un papel destacado en ellas. En Occidente apenas se conoce a este poeta y luchador por la libertad. Sin embargo, su influencia sobre la revolución cubana es inestimable. En el siglo XIX sentó las bases intelectuales para la independencia de Cuba.

Junto a Martí otros luchadores cubanos por la libertad fueron una fuente de inspiración para Fidel. Sobre todo, fueron un ejemplo en el ámbito de la rebelión armada.

“Céspedes nos dio el sublime ejemplo de iniciar con un puñado de hombres, cuando las condiciones estaban maduras, una guerra que duró diez años. Agramonte, Maceo, Gómez y demás próceres de nuestras luchas por la independencia nos mostraron el coraje y el espíritu combativo de nuestro pueblo, la guerra irregular y las posibilidades de adaptar las formas de lucha armada popular a la topografía del terreno y a la superioridad numérica y en armas del enemigo.”[7]

Es importante detenerse un momento en la historia cubana. Después de que Cristóbal Colón desembarcara en la isla en 1492, Cuba se convirtió en colonia española en 1512. La población indígena fue diezmada por las enfermedades y la explotación. Se trajeron masivamente personas esclavizadas de África para trabajar en los lucrativos monocultivos de azúcar y tabaco. Ya en 1823, Cuba llamó la atención de Estados Unidos, que en ese momento aún se encontraba inmerso en la conquista colonial del oeste y el sur de América del Norte. El secretario de Estado y posterior presidente, John Quincy Adams, definió entonces a Cuba como “una manzana que, una vez desprendida del árbol español, caería por sí sola, impulsada por la gravedad, en la Unión Americana”.[8]

Eso de «por sí solo» lo impusieron al involucrarse, a finales del siglo XIX, en el tercer intento – dirigido por José Martí – de expulsar al colonizador español de Cuba. Tras la victoria sobre España, a los luchadores por la libertad cubanos incluso se les excluyó de la mesa de negociaciones. Así, Cuba se independizó oficialmente en 1902, pero funcionó de facto como un protectorado de Estados Unidos, donde el embajador estadounidense tenía más poder de decisión que el presidente de turno. El anhelo de soberanía seguiría siendo un hilo conductor hasta 1959.

Desde las guerras descoloniales del siglo XIX, Cuba ha tenido una larga tradición de revueltas armadas. Cuando se cuestionaban los resultados electorales, no era raro que unos jóvenes se armaran y se retiraran a las montañas para luchar contra el régimen desde allí.[9] Este fue, entre otros, el caso de Antonio Guiteras, un líder estudiantil que en los años treinta dirigió un movimiento guerrillero y planeó, entre otras cosas, la toma del cuartel Moncada. Su programa, con reformas agrarias, nacionalizaciones y leyes revolucionarias, presentaba paralelismos notables con los primeros meses de 1959. Como figura destacada de la efímera república revolucionaria de 1933, se convirtió en una importante fuente de inspiración para Fidel.[10]

La piedra angular de la formación política de Fidel era el marxismo-leninismo. Su deseo espontáneo de justicia y su aversión al capitalismo recibieron una base científica con el estudio de las obras de Marx, Engels y Lenin. Los descubrió cuando era un joven estudiante y cada vez le fascinaban más. Según él, “aquella literatura me atrajo profundamente, empecé a entender, empecé a ver”.[11] “Había desarrollado ideas utópicas, ahora sentía que pisaba un terreno más firme.” [12] Antes de empezar su carrera revolucionaria ya había asimilado los principios básicos del marxismo-leninismo. Según sus propias declaraciones, sin ello no habría podido elaborar una estrategia eficaz.[13]

“¿Qué aportó el marxismo a nuestro acervo revolucionario en aquel entonces? El concepto clasista de la sociedad dividida entre explotadores y explotados; la concepción materialista de la historia; las relaciones burguesas de producción como la última forma antagónica del proceso de producción social; el advenimiento inevitable de una sociedad sin clases, como consecuencia del desarrollo de las fuerzas productivas en el capitalismo y de la revolución social. […] El núcleo fundamental de dirigentes de nuestro movimiento que, en medio de intensa actividad, buscábamos tiempo para estudiar a Marx, Engels y Lenin, veía en el marxismo-leninismo la única concepción racional y científica de la Revolución y el único medio de comprender con toda claridad la situación de nuestro propio país. […] El marxismo nos enseñó sobre todo la misión histórica de la clase obrera, la única verdaderamente revolucionaria, llamada a transformar hasta los cimientos a la sociedad capitalista, y el papel de las masas en las revoluciones. […] El Estado y la revolución de Lenin nos esclareció el papel del Estado como instrumento de dominación de las clases opresoras y la necesidad de crear un poder revolucionario capaz de aplastar la resistencia de los explotadores. Únicamente a la luz del marxismo es posible comprender no solo el curso actual de los acontecimientos, sino también toda la evolución de la historia nacional y el pensamiento político cubano en el siglo pasado.[14]

De los miembros originales del Movimiento 26 de Julio, el Che Guevara era el marxista-leninista más preparado. Durante horas y noches enteras discutió con Fidel. Este intelectual argentino sin duda tuvo una gran influencia en el pensamiento de Fidel; sus concepciones político-estratégicas, pero también filosóficas, eran muy similares.[15] La muerte del Che en 1967 fue un duro golpe para la revolución cubana. Sus escritos “tendrán un valor permanente en el proceso revolucionario cubano y en el proceso revolucionario en América Latina”, afirmó Fidel.[16]

José Martí

Ya en su adolescencia Fidel estaba fascinado por José Martí. “Antes de ser comunista utópico o marxista, soy martiano”, cuenta en la entrevista que le hizo Frei Betto. “Lo soy desde el bachillerato: no debo olvidar la atracción enorme del pensamiento de Martí.”[17]

Esto marcará su vida de manera indeleble. Durante su alegato de defensa en el proceso del Moncada citó diecisiete veces al héroe nacional. Cuando el juez le preguntó quién había sido el autor intelectual del ataque, respondió con total seriedad «José Martí».

“Martí nos enseñó su ardiente patriotismo, su amor apasionado a la libertad, la dignidad y el decoro del hombre, su repudio al despotismo y su fe ilimitada en el pueblo. En su prédica revolucionaria estaba el fundamento moral y la legitimidad histórica de nuestra acción armada. Por eso dijimos que él fue el autor intelectual del 26 de Julio.[18]

En sus discursos se refiere constantemente al “apóstol de Cuba”. “Martí es y será guía eterno de nuestro pueblo. Su legado no caducará jamás”, escribió en el prólogo de las obras completas de José Martí.[19]

José Martí fue un pionero del modernismo en América Latina, una corriente literaria que surgió hacia finales del siglo XIX. El modernismo latinoamericano enfatizó la estética y el lenguaje musical, el simbolismo y la sensorialidad, así como el deseo de belleza universal y libertad, frecuentemente combinados con una crítica política y cultural al colonialismo y a la injusticia social.

En comparación con el modernismo europeo, la corriente latinoamericana hizo mayor hincapié en la identidad nacional y en las cuestiones sociales y políticas, mientras que la variante europea experimentó, sobre todo, con la forma, la perspectiva y el individualismo.[20]

Para Fidel, era “el más profundo pensador político y Revolucionario nacido en este hemisferio”. Pero era mucho más que un pensador, dio su vida por la liberación de Cuba y cayó en el combate. Esto impresionó profundamente al joven Fidel.[21]

La revolución cubana y la vida de Fidel solo se pueden comprender plenamente si se tiene en cuenta el papel fundamental que desempeñaron la figura y el pensamiento de José Martí en este proceso.[22] Su estatua se encuentra hasta en los rincones más recónditos de la isla. Los cubanos le testimonian un respeto sagrado. Durante el primer congreso del Partido Comunista en 1975 incluso se le reservó un lugar simbólico entre los oradores.[23]

A principios del siglo XIX prácticamente todos los países de América Latina conquistaron su independencia. Cuba se quedó fuera de ese proceso. Martí lo convirtió en el objetivo de su vida. Había comprendido muy pronto que a los cubanos no se les iba a regalar su libertad, sino que tendrían que pagarla muy cara, que sería una lucha a muerte, pero también que valdría la pena.

Esta actitud consecuente y combativa inspiró a Fidel. De ella aprendió que no hay que mendigar los derechos, sino tomarlos: “Arrancarlos en vez de mendigarlos”.[24] Una vida sometida no tiene sentido, “más vale morir de pie que vivir de rodillas”.[25]

Martí se dio cuenta rápidamente de que solo la lucha armada acabaría con la esclavitud y la colonización. Hablaba de esta guerra como «la guerra inevitable, la guerra necesaria». El Movimiento del 26 Julio se situó en esta tradición: “Nuestra Revolución siguió siempre en esa tónica, en esa prédica y en ese estilo martiano.”[26]

La combatividad y el espíritu revolucionario de Martí fueron muy importantes para la psicología colectiva de los cubanos. Martí les infundió un profundo sentido de orgullo y autoestima y les ofreció “su inspirador patriotismo y un concepto tan alto del honor y de la dignidad humana como nadie en el mundo podría habernos enseñado”.[27]

Como ya se ha dicho, la lucha por la independencia de Cuba se vio obstaculizada por las ambiciones expansionistas de Washington. Esto dio una fuerte dimensión antimperialista al sentimiento nacional, con Martí como catalizador. El Apóstol de Cuba, como se conoce a Martí, no se hacía muchas ilusiones respecto a Estados Unidos: “Viví en el monstruo y conozco bien sus entrañas”.[28]

Criticaba constantemente «el imperialismo» y le preocupaba sobre todo el expansionismo de Estados Unidos en «Nuestra América», como él describía la zona. Cada país aislado estaba indefenso ante este gigante, por ello Martí era “uno de los más fervientes defensores de la unidad de América Latina”.[29] En esto Martí coincide con las ideas de Simón Bolívar, otro histórico luchador por la libertad en América Latina.

Esta idea influyó enormemente a Fidel. Todos los latinoamericanos «tenemos los mismos sentimientos, los mismos intereses, la misma raza, el mismo idioma, la misma sensibilidad y la misma aspiración humana». La fuerza del continente se basa en su unidad, “es la unidad que permite a los pueblos defender su derecho”.[30] Fidel apenas tenía veinte años cuando participó en una expedición para derrocar al dictador dominicano.

Un año después se unió a la revuelta popular en Colombia. Estuvo muy activo en el movimiento por la independencia de Puerto Rico. Durante la década de 1960 Cuba apoyó incondicionalmente los proyectos revolucionarios del Che. La unidad del continente siempre fue para Fidel una cuestión vital. Casi doscientos años después de la independencia, América Latina sigue estando “dividida, balcanizada”.[31]

En cuanto lo permitieron las circunstancias históricas Fidel se dedicó a este viejo sueño. En 2004 creó con Chávez el ALBA, la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América. Es un primer paso hacia la integración de los países de la zona. Para Martí, Cuba desempeñaba un papel crucial para detener al imperialismo. Quería transformar Cuba en “una especie de trinchera de defensa de los intereses de Nuestra América”.[32]

Fidel retomó esta responsabilidad, que junto con la tradición marxista es la base del profundo internacionalismo que siempre ha caracterizado la revolución cubana.

“José Martí, guía y apóstol de nuestra guerra de independencia contra España, nos enseñó ese espíritu internacionalista que Marx, Engels y Lenin confirmaron en la conciencia de nuestro pueblo. Martí pensaba que “patria es humanidad” y nos trazó la imagen de una América Latina unida frente a otra América imperialista y soberbia, “revuelta y brutal” – como él decía –, que nos despreciaba”.[33]

La unidad no solo es esencial en los países del continente sino también en Cuba. “En una sociedad que tenga que enfrentarse a los problemas del subdesarrollo y que tenga que desarrollarse en las difíciles condiciones de hoy en día, la unidad es esencial. Eso lo vio Martí hace más de cien años.”[34]

Según Martí, la primera guerra de independencia había fracasado debido a las divisiones en el seno de la dirección. Aprendió de ello y creó un partido revolucionario unificado. Después de la victoria, Fidel retomó este hilo histórico. Por otra parte, el pluripartidismo había demostrado su fracaso. Durante la dictadura militar de Batista, de 1952 a 1959, los líderes de los partidos tradicionales habían formado un frente político con el dictador.[35]

Esta es la razón por la que la revolución cubana solo tiene un partido, “como tuvo Martí un Partido, un solo Partido para hacer la Revolución”.[36] No es una postura de principio o dogmática, sino el resultado de circunstancias históricas y de experiencias en el pasado.[37] “Cómo habría podido resistir nuestro país si hubiera estado fragmentado en diez pedazos”,[38] se preguntó Fidel.

“La sociedad ideal para la explotación es la sociedad dividida, la sociedad fragmentada; la sociedad ideal para el imperialismo es la sociedad fragmentada, la sociedad dividida, porque la fuerza de la nación se parcela, las fuerzas de la nación entran en guerra unas contra otras, no están al servicio de la nación, sino al servicio de intereses partidistas y al servicio de la dominación imperialista.”[39]

El pensamiento filosófico en América Latina durante los siglos XVIII y XIX no era un conocimiento por el conocimiento mismo, como en Occidente, sino que se enfocaba en la superación del ser humano. [40] Consistía en una síntesis entre el análisis de la realidad y la aspiración a un futuro mejor. De ahí el énfasis en la educación, la ética, la subjetividad del ser humano y la búsqueda de la justicia y de un mundo mejor.

Martí fue un magnífico representante de esa tradición y, en este sentido, una importante fuente de inspiración para Fidel, sobre todo en lo que respecta al aprendizaje. [41] Martí da una enorme importancia a la enseñanza y a la formación intelectual. De él viene la expresión “ser culto para ser libre”.[42] No es casual que en la entrada de cada escuela en Cuba se vea un busto de José Martí. Fidel aprendió de él “el valor de una doctrina, la fuerza de las ideas”.[43] El conocimiento no solo es poder, es la fuerza más importante de la que dispone la revolución. Un pueblo convencido es invencible.

“Las ideas justas tienen un poder superior a todas las fuerzas reaccionarias juntas.”[44]
“Las ideas no solo son un instrumento para crear conciencia para que los pueblos luchen, sino que las ideas se han convertido en el principal instrumento de lucha en este momento; no en una inspiración, no en una guía, no en una orientación, es el principal instrumento de lucha.”[45]
“Son las ideas las que nos unen, son las ideas las que nos hacen pueblo combatiente, son las ideas las que nos hacen, ya no solo individualmente, sino colectivamente, revolucionarios, y es cuando se une la fuerza de todos cuando un pueblo jamás será vencido y cuando el número de ideas es mucho mayor; cuando las ideas y los valores que se defienden se multiplican, entonces un pueblo no puede ser vencido.”[46]

La batalla de ideas[47] es una prioridad absoluta para Fidel. Esta prioridad se traduce en grandes esfuerzos en el dominio de la formación y de la enseñanza. Después de 1959, la primera gran campaña fue la alfabetización de la totalidad de la población, que se logró en un año. Cuba se convertía así en el primer país de América Latina en erradicar el analfabetismo.

Desde el principio la enseñanza tiene un lugar privilegiado en el seno de la revolución. En 1975, el presupuesto de la enseñanza era once veces superior al de 1958.[48] Según la UNESCO, Cuba supera con creces al resto de América en el dominio de la enseñanza.[49] Fidel en sus discursos repite incansablemente la importancia de la formación. Estudiar es una disciplina revolucionaria, “ningún revolucionario debe nunca, jamás, avergonzarse de reconocer cuáles son sus limitaciones; la vida de todo revolucionario debe ser siempre un eterno aprendizaje”.[50]

Otros dos elementos del pensamiento de Martí que ocupaban un lugar muy especial para Fidel son la dimensión ética y la utópica.

“De Martí, inspiración, su ejemplo y muchas cosas más; pero recibimos en esencia, la ética, sobre todo la ética. Cuando él dijo aquella frase, que nunca podré olvidar: “Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”, me pareció extraordinariamente bella, ante tanta vanidad y ambiciones que se percibían por doquier, de cuyo acecho toda la vida los revolucionarios debemos estar en guardia. Me apodero de esa ética. La ética, como comportamiento, es esencial, y es una riqueza que no tiene límites.[51]
“Martí dijo que los sueños de hoy del idealista, son las leyes del mañana.”[52]

La ética ocupaba un lugar central en el pensamiento y las acciones de Fidel; era el eje alrededor del cual giraba todo. Es el aspecto más innovador, pero también el más desconocido de su pensamiento. Los valores morales fueron el motor del comunismo y el alma de la revolución cubana.

Dijo: “Todo pensamiento revolucionario comienza por un poco de ética”.[53] La ética es la clave del éxito, “es la fuerza más poderosa de la que se pueda disponer”.[54] La victoria en la guerra “depende de un mínimo de armas y un máximo de moral”.[55] Igualmente, la ética es la esencia de un buen liderazgo, “no necesita cargos, lo que necesita es autoridad moral, lo que necesita es poder moral”.[56]

Según Fidel, la ética de la revolución cubana procedía fundamentalmente de Martí.[57] Che Guevara también compartía la idea de que la ética desempeña un papel esencial. El Che creía firmemente en los valores morales y en la conciencia del ser humano como motor del cambio comunista.[58]

Sin embargo, los principios éticos no surgen por sí solos, sino que deben aprenderse a través de una educación y una cultura intensivas. No habrá sociedad socialista “sin que ciertas ideas se vuelvan principios éticos irrenunciables de cada ciudadano”.[59] De ahí la importancia que se concede a la enseñanza, la formación y la cultura. Educar equivale en gran parte a “sembrar valores, inculcar y desarrollar sentimientos, transformar a las criaturas que vienen al mundo con imperativos de la naturaleza”.[60] Por decirlo con palabras del Che, hay que crear un “hombre nuevo”.[61]

El énfasis en la ética se tradujo en impresionantes logros sociales, como un excelente sistema de salud y de educación. Cuba combate activamente la pobreza y la desnutrición, y atiende con esmero a los grupos vulnerables, como las personas con discapacidad. Fidel subrayó que la revolución cuida de todos y “no olvida a uno solo en absoluto, sea ciego, sea sordomudo, tenga los problemas de cualquier tipo que tenga”.[62]

Además, la revolución apostó firmemente por erradicar el racismo y el sexismo. Aunque este tipo de prejuicios estaban profundamente arraigados como consecuencia de la herencia colonial y patriarcal, actualmente estudian en las universidades más mujeres que hombres. Para Fidel, “no hay nada más absurdo ni nada más criminal que la discriminación”.[63] Aspiraba a una sociedad en la que blancos y negros pusieran fin juntos al odioso racismo en el ámbito laboral.

A pesar de los cientos de intentos de asesinato de Fidel por parte de Estados Unidos y de un bloqueo económico prolongado, Cuba, sorprendentemente, no mostró ningún tipo de antiamericanismo.[64] El Gobierno cubano siempre hizo una distinción clara entre el Gobierno estadounidense y sus ciudadanos. Cuando los servicios de seguridad cubanos estuvieron al corriente de un nuevo plan para asesinar a Reagan, transmitieron inmediatamente la información a las autoridades estadounidenses.[65]

También a los opositores internos se les aplicaba un estricto código ético. Al inicio del año escolar, después de la victoria, se dirigió a los profesoros e insistió en que trataran a los hijos de los criminales de guerra como a los demás, incluso en que les trataran con amor. “si ese niño tuvo la mala suerte de que su padre cometiera crímenes, él no tiene la culpa, él es una víctima también.”[66]

Cuba considera la solidaridad internacional un deber moral y de principios para saldar su deuda con la humanidad. El país envía a decenas de miles de médicos y maestros al extranjero para prestar ayuda de forma gratuita. Fidel declaró: “Hay que ayudar a los demás aunque nadie nos ayudara. Es sencillamente un deber moral”.[67]

El país tampoco dudó en emprender misiones militares peligrosas en África, a menudo en contra de la voluntad de su aliado, la Unión Soviética. Más de dos mil voluntarios cubanos perdieron la vida en ellas. En Angola, las tropas cubanas asestaron un golpe decisivo al régimen del apartheid sudafricano, lo que hizo que la correlación de fuerzas se inclinara definitivamente.

Nelson Mandela elogió ampliamente este apoyo cubano a África y calificó de incomparable su historial de altruismo. Según Mandela, la victoria militar en Cuito Cuanavale constituyó un punto de inflexión absoluto para la lucha de liberación africana. En aquel momento declaró con gratitud que esta victoria crucial había hecho posible su propia liberación de la cárcel.[68]

La presencia de la dimensión utópica en un marxista convencido es aún más notable. Según Fidel un revolucionario debe soñar, debe cultivar ideales, incluso cuando no sean realistas. Para Marx, Don Quijote es la caricatura del socialismo utópico, el prototipo del idealista ingenuo condenado a fracasar. Utilizaba al héroe de Cervantes para denigrar a sus adversarios ideológicos.[69]

Y precisamente esta figura burlesca es el gran héroe de Fidel y del Che.[70] La novela de Don Quijote fue el primer libro en Cuba que se imprimió y distribuyó en millones de ejemplares tras la victoria.[71] En la isla se pueden encontrar por todas partes estatuas de este noble ciego que lucha contra los molinos de viento. Aquí estamos muy lejos de la postura contraria a la ética y a las utopías que caracteriza al marxismo.

“Martí dijo que los sueños de hoy del idealista, son la ley del mañana. También nos decían soñadores cuando iniciamos la lucha contra Batista y hoy somos los que hacemos las leyes revolucionarias de la república. Mas, aunque no se lograran esos objetivos, soñar con ellos y aspirar a ellos, es de por sí el primer paso para tratar de lograrlos. Si no alcanzamos esa meta tan alta pero alcanzamos la mitad, llegamos a la mitad del camino, habremos alcanzado mucho. Hay que aspirar al máximo para lograr lo más posible.”[72]

El importante énfasis en la ética no significa que Fidel volviera al socialismo utópico o ético, ya que «su» ética estaba ligada a las clases sociales y al servicio de un proyecto revolucionario. No considera la moral una falsa conciencia que mantiene el statu quo, sino, por el contrario, como una fuerza insustituible para el cambio. Las experiencias de lucha de los antepasados alimentan esta moral de lucha. Fue José Martí quien le inculcó esa idea. En opinión de Fidel, la izquierda no hace bien en no aprovechar el poder de la ética. La recuperación de la dimensión ética y del humanismo son probablemente su aportación más importante al marxismo-leninismo.

Antidogmático aunque firme en sus principios

Fidel era autodidacta. No era seguidor de una u otra corriente de pensamiento, sino que desarrolló su marco de pensamiento político por su cuenta y a partir de su propia realidad. El resultado fue una mezcla original y poco ortodoxa, una variante del marxismo-leninismo, tal como la encontramos también en el peruano José Mariátegui.[73]

Por citar algunos puntos en los que se separaba del marxismo-leninismo clásico: el Movimiento del 26 de Julio emprendió la lucha sin ser un partido de vanguardia y sin un largo periodo de profunda preparación política. La lucha armada no estaba subordinada a la dirección política central de un partido comunista. Fidel, al igual que el Che, creía que no era necesario que se cumplieran todas las condiciones para iniciar la revolución, sino que estas se irían desarrollando a lo largo de la lucha.  La ética, los valores y las ideas desempeñaban un papel destacado para él. Otros puntos de diferencia se refieren al papel de la religión, la dimensión utópica y la forma en que se combina la democracia de base con el centralismo democrático.[74]

La tradición marxista se basaba en la razón y la ciencia, y era una reacción a la tradición utopista e idealista en el socialismo. Fidel logró enriquecer el socialismo con elementos utópicos e idealistas.

Para Fidel el marxismo no es un conjunto de verdades eternas, no es un “catecismo”.[75] Es un instrumento para interpretar la realidad, una “brújula”[76] para determinar el curso histórico, o mejor aún, para ayudar a determinarlo, porque en ese aspecto nunca hay certezas absolutas.

El propio Fidel admitió que uno de los mayores errores que cometieron al principio, y que también se repitió con frecuencia más adelante durante la revolución, fue creer “que se sabía cómo se debe construir el socialismo”.[77] Se opone a toda forma de canonización. “Soy profundamente antidogmático”, afirmó en la entrevista de cien horas de Ignacio Ramonet.[78] La realidad siempre tiene la última palabra.

“Porque no puede haber nada más antimarxista que el dogma, no puede haber nada más antimarxista que la petrificación de las ideas. Y hay ideas que parecen verdaderos fósiles que se esgrimen en nombre del marxismo. Tuvo el marxismo geniales pensadores: Karl Marx, Friedrich Engels, Lenin, para hablar de sus principales fundadores. Pero el marxismo necesita desarrollarse, salir de cierto anquilosamiento, interpretar con sentido objetivo y científico las realidades de hoy, comportarse como una fuerza revolucionaria y no como una iglesia pseudorrevolucionaria.”[79]
“Toda mi vida he sido enemigo de los dogmas y nosotros tenemos que evitar que el pensamiento de los políticos más ilustres, de los revolucionarios más esclarecidos, se convierta en dogma, porque cada pensamiento responde a un momento determinado, a una circunstancia determinada. Así, cosas que pudo haber visto Lenin en un momento dado como fórmulas adecuadas a una circunstancia determinada, no son la fórmulas aplicables en otra circunstancia diferente, no son las fórmulas aplicables en otros tiempos diferentes.”[80]

Esto no quiere decir que la revolución cubana no se aferre a sus principios. Así, por ejemplo, cuando a mediados de la década de 1990 se constatan unas derivaciones ideológicas fundamentales en dos centros de estudio del Partido Comunista, no se dudó en intervenir con firmeza.[81] “La Revolución jamás renunciará a sus principios, jamás renunciará a las conquistas que trajo a nuestro pueblo; jamás renunciará a sus ideas y objetivos; jamás se pondrá de rodillas ante el imperio.”[82]

Sin embargo, esta firmeza en los principios no debe confundirse con la rigidez o la inflexibilidad. La rigidez es un signo de debilidad e inseguridad. Es precisamente una base ideológica sólida la que permite una aplicación flexible y creativa de los principios.

“El camino de la edificación del socialismo es un camino trillado. Esto no significa que las condiciones sean exactamente las mismas en todos los países, que el socialismo se deba edificar de la misma manera en todos los países, que haya que copiar rigurosamente lo que ya se ha hecho. No. Cada país tiene sus particularidades y, precisamente, cada país debe ajustar su programa, sus métodos y sus tácticas a las particularidades que le son propias y eso es lo que nosotros debemos hacer.”[83]

Fidel no concibe el marxismo como una receta única que se puede aplicar en todas partes, inmutable. Por el contrario, cada país tiene sus propios problemas, su estilo y sus objetivos. No hay dos procesos revolucionarios idénticos. Por lo tanto, tampoco existe una fórmula estándar para llevar una revolución a buen término, sino que “de cada una de ellas podrán tomarse las mejores experiencias y de cada una aprender de sus más graves errores”.[84]

Cuando se le preguntó a Fidel si el camino que seguía Allende en Chile contradecía al de Cuba, respondió con firmeza: “No solo no nos parece contradictorio sino que siempre miramos con satisfacción cada nueva variación que pueda aparecer. ¡Y deja que cada variación en el mundo haga su aparición! ¡Si todos los caminos llevan a Roma, no podemos sino desear que miles de caminos lleven a una Roma revolucionaria!”[85] Fidel hace la misma reflexión respecto a la revolución china (1949) y a la de Nicaragua (1979).[86]

Este camino propio también se aplicaba a Cuba. En comparación con los países del bloque del Este, Cuba era más vulnerable y dependiente económicamente de la Unión Soviética. Sin embargo, ha seguido obstinadamente su propio rumbo autónomo, a veces en marcado desacuerdo con Moscú.[87] Probablemente, el hecho de que Cuba se mantuviera en pie tras la caída del Muro de Berlín, a diferencia de los países socialistas de Europa, tenga mucho que ver con eso.

“El socialismo no vino aquí por clonación, ni por inseminación artificial; eso hay que tenerlo en cuenta cuando se compare Cuba con el resto de los procesos o intentos de construcción del socialismo en los países del Este de Europa, que ahora están intentando construir el capitalismo.”[88]

Notas:

[1] Betto F., Fidel y la religión, La Habana 1994, p. 148.

[2] Guevara E., Obras Escogidas 1957-1967. Tomo 1, La Habana 1970, p. 92.

[3] Martin L., The early Fidel, Secaucus 1978, p. 94.

[4] Betto F., op. cit., p. 162.

[5] Ibid., p. 143.

[6] Discurso, 26 de julio de 1973. La mayoría de los discursos de Fidel se pueden consultar en http://www.cuba.cu/gobierno/discursos. En tal caso, citamos como referencia «Discurso», seguido de la fecha.

[7] Ibid.

[8] Citado en Gott, R., Cuba. A New History, New Haven, 2004, p. 58.

[9] Gott R., op. cit., p. 9.

[10] Gómez García H., Cuba. Génesis del Socialismo. Historia Contemporanea de Cuba 1895-1944. Del Colonialismo Español al Imperialismo Norteamericano, Caracas 2004, p. 264-8; Gott R., op. cit., p. 139-143; Mártinez Heredia F., La revolución cubana del 30. Ensayos, La Habana 2007, p. 38-119. Para una comparación entre Guiteras y Fidel, véase Suárez Suárez R., Un insurreccional en dos épocas con Antonio Guiteras y con Fidel Castro, La Habana 2001.

[11] Betto F., op. cit., p. 145.

[12] Ramonet I., Cien horas con Fidel, La Habana, 2006, 3.ª edición ampliada, p. 140.

[13] Miná G., Un encuentro con Fidel, La Habana 1988, p. 171.

[14] Discurso, 26 de julio 1973.

[15] Para obtener una breve visión general de las ideas políticas del Che, véase Vandepitte M., Ernesto Che Guevara – Política; https://www.scribd.com/document/219124916/Ernesto-Che-Guevara-Politica.

[16] Discurso, 18 de octubre de 1967.

[17] Betto F., op. cit., p. 142.

[18] Discurso, 26 de julio 1973.

[19] Fidel Castro Ruz, en la presentación de la primera edición. Unas palabras a modo de introducción. En José Martí, Obras Completas, edición crítica, t. 1, p. 7; https://www.josemarti.cu/dossier/fidel-en-la-historia-del-centro-de-estudios-martianos-notas-sobre-una-relacion-entranable/.

[20] https://www.britannica.com/art/modernismo.

[21] Guerra D., Concepción M. & Hernández A., (ed.), José Martí en el ideario de Fidel Castro, La Habana 2004, p. 249.

[22] Para la importancia de José Martí en el pensamiento de Fidel Castro, véase Rice, Donald (1992): The Rhetorical Uses of the Authorizing Figure: Fidel Castro and Jose Marti, Nueva York; Guerra, Dolores; Concepción, Margarita, y Hernández, Amparo (ed.): op. cit.

[23] Ponte A., ‘José Martí: historia de una bofetada’, Mundo nuevo – nuevos mundos 25 de abril 2008, http://nuevomundo.revues.org/index30622.html.

[24] Guerra D., Concepción M. & Hernández A., (ed.), op. cit., p. 45.

[25] Discurso, 26 de julio 1964.

[26] Discurso, 18 de noviembre 1971.

[27] Discurso, 29 de enero 2003.

[28] Martí J., Obras escogidas, La Habana 1981, Volume III, p. 576.

[29] Discurso, 24 de julio de 1993.

[30] Discurso, 23 de enero 1959.

[31] Discurso, 24 de julio 1993.

[32] Discurso, 14 de octubre 1995.

[33] Discurso, 22 de diciembre 1972.

[34] Guerra D., Concepción M. & Hernández A., (ed.), op. cit., p. 283.

[35] Hart Dávalos A., Ética, Cultura y Política, La Habana 2006, p. 96.

[36] Discurso, 14 de octubre 1991.

[37] Cfr. Gómez García H., op. cit., p. 15, 46v; Harnecker M., Fidel. La estrategia política de la victoria, La Habana 2001, p. 98.

[38] Borge T., Un grano de maíz, La Habana 1992, 111.

[39] Discurso, 11 de febrero 1993.

[40] Ese ideal se remonta a la filosofía griega. Para Platón y Aristóteles, la «theoria», el pensamiento contemplativo, gozaba de gran prestigio. El filósofo no busca la verdad porque le reporte un beneficio inmediato, sino porque la verdad, el conocimiento y la comprensión tienen valor en sí mismos. La forma más elevada de vida no era la vida útil o productiva, sino la vida del ser humano libre que intenta comprender la realidad.

[41] Hart Dávalos A., ‘Dialectica de la relación entre el ideal socialista y la tradición martiana’, en Hart Dávalos A., Ética, Cultura y Pólitica, La Habana, 2006, 141-152.

[42] Granma 22 juni 2000, p. 5.

[43] Discurso, 26 de julio 1973.

[44] Discurso, 2 de diciembre 2001.

[45] La cita proviene de un discurso de Fidel del 10 de diciembre de 1998. Discurso, 5 de diciembre de 2004.

[46] Discurso, 17 de noviembre 2005.

[47] La “Batalla de Ideas” se puso en marcha en el año 2000 a raíz del caso de Elián. El 25 de noviembre de 1999, Elián González, de cinco años, sobrevivió a una travesía ilegal hacia EE. UU., en la que falleció su madre. Sus familiares en Miami se negaron a entregarlo a su padre en Cuba. A raíz de ello, estallaron protestas masivas en Cuba. Finalmente, el 28 de junio de 2000, Elián pudo regresar a Cuba.

[48] Silva León A., Breve historia de la revolución cubana, La Habana 2003, p. 45.

[49] https://www.unesco.org/en/articles/education-all-2000-2015-only-cuba-reached-global-education-goals-latin-america-and-caribbean.

[50] Discurso, 13 de marzo 1968.

[51] Ramonet I., op. cit., p. 142.

[52] Discurso,16 de febrero 1959.

[53] Discurso, 17 de noviembre 2005.

[54] Discurso, 9 de agosto 2000.

[55] Suárez Pérez E. & Caner Román A. (ed.), De cinco palmas a La Habana, La Habana, 1998, p. 221.

[56] Discurso, 9 augustus 2000.

[57] Ramonet I., op. cit., p. 140.

[58] Discurso, 18 de octubre 1967.

[59] Discurso, 8 de enero 1989.

[60] Discurso, 2 de septiembre 2002.

[61] Para el Che Guevara, el «hombre nuevo» hacía referencia a un individuo transformada moral y espiritualmente, que ya no se movía por el egoísmo o el dinero, sino por la solidaridad, el espíritu de sacrificio y el sentido del deber hacia la comunidad. Según él, esto era crucial porque el mero cambio de las estructuras económicas y políticas no bastaría para superar verdaderamente el capitalismo; la vieja mentalidad materialista también debía desaparecer. Guevara sostenía que solo cuando las personas se comprometieran con la sociedad por una motivación interna y moral, podría surgir una sociedad socialista verdaderamente justa y duradera. Guevara E., El socialismo y el hombre en Cuba, 1965, https://www.marxists.org/espanol/guevara/65-socyh.htm.

[62] Discurso, 5 de febrero 1987.

[63] Discurso, 29 de marzo 1959.

[64] Jayatilleka D., Fidel’s Ethics of Violence. The Moral Dimension of the Political Thought of Fidel Castro, Londen 2007, p. 185.

[65] Reflexiones del comandante en jefe, El imperio y la mentira, 11 september 2007, http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2007/esp/f110907e.html.

[66] Discurso, 14 de septiembre 1959.

[67] Discurso, 4 de abril 1982.

[68] The African Courier, 2016, https://www.theafricancourier.de/remembering-how-fidel-castro-and-cuba-helped-to-defeat-apartheid/.

[69] Por ejemplo Marx K., Grundrisse der Kritik der Politischen Ökonomie. (Rohentwurf), Hamburg 1978, p. 77.

[70] Guevara, E., op. cit., p. 693.

[71] Jayatilleka D., op. cit., p. 180.

[72] Discurso,16 de febrero 1959.

[73] Véase por ejemplo Arico J., Mariátegui y los origenes del marxismo latinoamericano, México 1978; Ibanez A., Mariátegui: Revolución y utopia, Lima 1978; Mohetic Y., Mariátegui, Santiago de Chili 1970.

[74] El centralismo democrático es el proceso de decisión en los partidos comunistas tradicionales. Las decisiones se discuten por extenso en todos los niveles. Los niveles más altos tienen en cuenta a los niveles inferiores. Esta es la parte democrática. Una vez terminado el proceso de decisión, se supone que todo el mundo se atañe a él y lo defiende de cara al exterior. Esta es la parte del centralismo. En una democracia de base una mayoría de las decisiones se toman en el nivel más bajo posible, preferentemente sin representación (directa) o intervención (vía un partido, por ejemplo) y se tiende a una participación lo más amplia posible.

[75] Citado en Bourne P., Fidel: A Biography of Fidel Castro, Nueva York 1986, p. 235.

[76] Ramonet I., op. cit., p. 144.

[77] Ibid., p. 706.

[78] Ibid., p. 444.

[79] Discurso, 12 de enero 1968.

[80] Borge T., op. cit., p. 85.

[81] Se revisaron los centros de estudios y se trasladó a algunos dirigentes. Esto se hizo en el marco del V Pleno de 1996. El debilitamiento ideológico era un efecto secundario de la grave crisis económica a raíz de la caída de la URSS. Tras el V Pleno vino una especie de rectificación ideológica. Véase Vandepitte, Marc: De gok van Fidel, Berchem 1998, pp. 183-190.

[82] Discurso, 26 de julio 1995.

[83] Discurso, 2 de deciembre 1961, https://www.abertzalekomunista.net/images/Liburu_PDF/Internacionales/Castro_Fidel/Fidel%20Castro.%20Discurso%20sobre%20el%20marxismo-leninismo%20-K.pdf.

[84] Discurso, 23 de noviembre 2004.

[85] Citatdo en Balfour S., Profiles in Power. Castro, Londres 1990, p. 124.

[86] Lo aborda respectivamente en Discurso, 26 de julio de 1979 y Comparecencia del 1 de diciembre 1961.

[87] Así, por ejemplo, el apoyo a los movimientos revolucionarios en América Latina y la mayoría de las operaciones militares en África.

[88] Ramonet I., op. cit., p. 326.

Por REDH-Cuba

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