El análisis de la comunicación desviada subraya que hoy en día está completamente subyugada por la mentalidad y la lógica del capitalismo contemporáneo, que prioriza el beneficio y la competitividad. La comunicación ha sustituido al progreso como principio rector del capitalismo. Fidel Castro, en diversas reflexiones, destaca cómo este cambio de enfoque ha impactado negativamente en las relaciones sociales y políticas, ya que la comunicación sirve para difundir un modelo económico de explotación extrema y la cultura asociada a él. La crítica se centra en la dificultad de construir relaciones auténticas en un sistema capitalista que acentúa la lógica de la dominación. La comunicación se utiliza para crear la ilusión de una participación genuina de los trabajadores en los procesos de toma de decisiones empresariales, cuando en realidad esta participación es superficial y carece de impacto real en la gestión empresarial. Este mecanismo refuerza la lógica de la dominación capitalista, que impregna todas las esferas de la vida social, obstaculizando la creación de relaciones genuinas y políticas auténticas.

La relación entre ciencia y producción bélica se ha convertido en un tema central en las reflexiones sobre el papel de los intelectuales e investigadores en la actualidad. Este tema cobró relevancia con la intensificación de las guerras en la década de 1990, como la Guerra del Golfo y el conflicto en Yugoslavia.
Un ejemplo notable de esta distorsión comunicativa es la representación que hacen los medios occidentales de los conflictos internacionales. La guerra en Ucrania, por ejemplo, se presenta como una defensa legítima de la soberanía territorial, ignorando el hecho de que los territorios en disputa han adoptado su identidad rusa. Esta guerra no solo está causando decenas de miles de bajas, sino que también está alimentando las ganancias de los sectores militar-industriales de los países de la OTAN.

Otra situación similar es el genocidio de palestinos en Gaza, justificado como respuesta a los ataques del 7 de octubre, pero que en realidad oculta intereses económicos vinculados a recursos como yacimientos de gas y oportunidades inmobiliarias. Estos conflictos —así como los de Siria, Yemen y Líbano— parecen seguir una estrategia criminal común: el control de la información, que se utiliza para influir en la opinión pública y justificar intervenciones militares y la devastación ambiental.

A pesar del creciente papel de los intelectuales en el siglo XX, se ha producido un progresivo alejamiento de su función crítica y cívica emancipadora, en favor de un compromiso más alineado con la lógica militarista.
En cambio, presenciamos lo opuesto: un afianzamiento reaccionario de la antigua clase dominante, seguidora de un neoliberalismo extremista y propensa a caer en el racismo más burdo. Esto encaja a la perfección con la exasperación de un atlantismo cada vez más belicista, que apoya acríticamente la acción de la OTAN contra Rusia y la guerra genocida de Israel contra los palestinos.

En la región de Oriente Medio, se observa un aumento significativo en el gasto militar (un total estimado de 188 mil millones de dólares). El gasto militar de Israel ha experimentado un incremento considerable del 24%, alcanzando casi los 26 mil millones de dólares.

La comunicación desviada se convierte en una herramienta de poder para el capitalismo, utilizada no solo para influir en la opinión pública, sino también para manipular los mercados y la dinámica empresarial. El problema no se limita al uso fraudulento de los medios, sino que también concierne al papel de la comunicación dentro de las estructuras organizativas corporativas y el control social. El acceso masivo de las corporaciones a la información les permite moldear la realidad social según la lógica del lucro, transformando el capital intelectual humano en valor de cambio. En este contexto, la comunicación se convierte en un recurso estratégico que, mediante el uso de las tecnologías de la información y la automatización, consolida el control social y económico. Este sistema de manipulación alcanza su punto álgido en la fase actual de globalización de la comunicación, en la que el capitalismo se apoya en una creciente desocialización. La concienciación sobre estos mecanismos resulta crucial para mitigar sus efectos negativos y promover una comunicación más ética y transparente.

El supremacismo racial inherente a la ideología sionista dominante en Israel es el resultado natural del supremacismo racial del colonialismo europeo y del colonialismo de asentamiento estadounidense.

A pesar de todo, aún queda un rayo de esperanza, porque esta barbarie no es inevitable. Las atrocidades que presenciamos pueden limitarse o incluso detenerse si los países que no están alineados con el eje imperialista fortalecen las estructuras del emergente mundo multicéntrico, como los BRICS ampliados, el ALBA y la Alianza de Estados del Sahel (AES).

Nuestra lucha por la paz y una nueva humanidad apenas comienza y debe llevarse a cabo de acuerdo con sus principios. Apoyar a los palestinos contra la guerra genocida de Israel y a Cuba contra el bloqueo genocida es un deber, al igual que evitar apoyar a los Estados que tratan a su propia población como la entidad sionista trata a los palestinos.

El Comandante en Jefe Fidel Castro siempre enfatizó que la Revolución representa el “sentido del momento histórico”. Este concepto no se limita al cambio local, sino que se extiende a una perspectiva global alternativa al capitalismo. Las revoluciones cubana y bolivariana, si bien pueden parecer retrógradas para quienes no comprenden su profundidad, se convierten en un ejemplo extraordinario de una alternativa socialista revolucionaria en medio de una crisis sistémica sin precedentes del capitalismo. Este modelo no se limita a China y la Cuba revolucionaria, sino que es un llamado a todas las organizaciones de clase socialistas y comunistas del mundo a comprometerse con la construcción concreta de un posible horizonte para la humanidad, orientado hacia la justicia social, la libertad y la igualdad a través de un socialismo científico plenamente realizado.

En la construcción de un modelo social alternativo y durante la fase de transición, es crucial considerar no solo el desarrollo económico, sino también la dirección de la tecnología y la ciencia. La democratización y el control social de la ciencia son esenciales para contrarrestar la ideología dominante y el monopolio científico de los tecnócratas estatales. Es importante que las fuerzas sociales tomen el control de los medios técnicos y dirijan su desarrollo. El debate entre la gestión colectiva y el poder capitalista plantea la cuestión de la transición y el tipo de poder. El análisis de clases sigue siendo el método general para criticar el modelo capitalista y su impacto ecológico. Las categorías posmarxistas continúan buscando una representación universal de la sociedad, proponiendo prácticas específicas para transformar las formas de ser en diferentes ámbitos de la vida social.

El pensamiento de José Martí cobra especial relevancia hoy en día. Cuba ha resistido y sigue resistiendo durante más de sesenta años un bloqueo criminal y la agresión imperialista. Esto es testimonio de la fuerza y ​​la vigencia de su legado. La resistencia cubana se acompaña de un proceso de participación democrática y aprendizaje mutuo, que involucra al pueblo en la construcción continua del socialismo, integrando el método científico del marxismo con la tradición revolucionaria nacional y demostrando cómo el socialismo puede ser sostenible y democrático. Recuperar y aplicar el pensamiento de Bolívar y José Martí es esencial para la liberación antiimperialista. La lucha contra el imperialismo y el bloqueo impuesto a Cuba demuestra la validez de estas ideas.

Este contexto pone de relieve la insuficiencia de las soluciones propuestas por la corriente principal y las iniciativas de “decrecimiento feliz”, que no abordan las raíces estructurales de la crisis internacional, sino que buscan adaptar el sistema capitalista sin modificar sus mecanismos fundamentales. Dentro de este marco, ALBA aún puede representar un nuevo modelo de democracia participativa y una transición al socialismo, rompiendo con la globalización capitalista basada en la hiperexplotación y la colonización. ALBA fue concebida originalmente por Fidel y Chávez para crear un espacio autónomo capaz de contrarrestar la globalización capitalista y promover la democracia participativa desde la base. Este proyecto parte de los sectores subalternos y más vulnerables, quienes experimentan directamente los brutales efectos de la explotación global.

Para Fidel, la pobreza y el subdesarrollo no eran únicamente consecuencia del pasado colonial o de factores internos, sino del propio funcionamiento del sistema de relaciones económicas internacionales, que obstaculizaba el desarrollo de los países del llamado Tercer Mundo. Sus análisis de un complejo sistema global —caracterizado por la deuda, las desigualdades comerciales, la dominación multinacional y la crisis ambiental— estuvieron acompañados de denuncias públicas y propuestas alternativas que lograron movilizar a diversos sectores sociales.

Los desafíos del socialismo en el siglo XXI —y Cuba, China y Vietnam son el escenario al que se enfrentan— se topan con un capitalismo agresivo que lidia con una crisis estructural de casi cuarenta años y desarrolla una estrategia sistemática de guerra imperialista. Estos desafíos son complejos, especialmente porque —después de 1989— es necesario retomar la construcción de una sociedad socialista en un mundo donde las referencias internacionales tradicionales han desaparecido.

Es fundamental que jóvenes, académicos y activistas inviertan en formas de experimentar y activar el cambio histórico, tal como lo delineó la Revolución Cubana. Solo así podremos contribuir a un socialismo que responda a los desafíos contemporáneos y futuros, manteniendo vivo el espíritu revolucionario y la visión de Fidel Castro de un mundo más justo y equitativo.
Fidel fue una figura clave y un observador lúcido que, durante más de medio siglo, criticó las injusticias económicas y propuso alternativas. Su pensamiento no pertenece al pasado, sino que continúa ofreciendo herramientas para interpretar una realidad en constante evolución, marcada también por las crisis ambientales y las dificultades políticas de la izquierda.

Sin embargo, debemos actuar con la convicción de que “otro mundo es posible porque es necesario”. Esto se debe a que somos capaces no solo de propiciar transformaciones económicas y sociales para la revolución política —como ocurrió durante el siglo XX, en las diversas formas y modalidades posibles dado el contexto histórico actual—, sino también de responder a las preguntas que han surgido en el intento de construir una sociedad al margen de las leyes del capital, en los procesos de transición, y que se han vuelto aún más apremiantes y dramáticas tras la infame caída del “Muro de Berlín”.

La lucha de los pueblos de Oriente Medio, los procesos socialistas en curso en Cuba y las luchas por la autodeterminación forman parte del movimiento de resistencia global, y es dentro de este marco que deben situarse las acciones de comunistas y antiimperialistas en Europa y los países capitalistas avanzados. Hoy, sin duda, necesitamos iniciar y mantener un diálogo abierto y un compromiso con todas las organizaciones de clase, precisamente porque nos sentimos parte de la dimensión internacional del movimiento de clase en la resistencia global.

Sin embargo, cada vez es más evidente que en Cuba se está llevando a cabo una auténtica ofensiva —y no solo resistencia— por parte de las fuerzas de clase contra el capitalismo, construyendo así la dinámica de la transición al socialismo y, por ende, del socialismo en y para el siglo XXI, y no simplemente del siglo XXI. Existe una convicción política y estratégica fuerte y vibrante de que América Latina no solo está experimentando un proceso de integración hacia la autodeterminación, sino que hoy es precisamente en la América de Martí, Bolívar y Che Guevara donde se manifiesta el nivel más alto del conflicto internacional entre capital y trabajo.

Estamos presenciando el triunfo de importantes procesos revolucionarios con tintes antiimperialistas y antiliberales, pero con un marcado carácter de clase y todas las facetas diversas y contradictorias de la transición socialista. Esto se evidencia en el alcance y el papel de diversos y dinámicos movimientos de clase y algunos partidos comunistas, comenzando por el Partido Cubano, referente fundamental.

Aún hoy, se debaten las características específicas del movimiento de resistencia internacional contra el imperialismo y el fascismo, así como su estructura, que varía en cuanto a métodos, roles, contexto y legado histórico. Sin embargo, es fundamental reconocer de inmediato esta tendencia y trabajar para construir un bloque integral de resistencia antifascista, antiimperialista y anticapitalista, en el marco de las transiciones de la práctica revolucionaria del socialismo.

 

Por REDH-Cuba

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *