La primera jornada estuvo dedicada a analizar la situación internacional, el ascenso de las extremas derechas y la ofensiva imperialista.
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Fuente: Cubadebate
“Atravesamos un momento extremadamente peligroso. Esa es la síntesis que puedo traer hoy. Quiero decir que el trabajo político y organizativo que seamos capaces de realizar ahora será determinante para definir en qué condiciones enfrentaremos la ofensiva imperialista”.
Con estas palabras comenzó su intervención Stephanie Weatherbee, integrante de la Asamblea de los Pueblos, durante el primer panel de debate de la IV Asamblea Continental de ALBA Movimientos, que este jueves (6) comenzó en La Habana, Cuba.
La primera jornada estuvo dedicada a analizar la situación internacional, el ascenso de las extremas derechas y la ofensiva imperialista. La apertura, realizada en la emblemática Universidad de La Habana, contó con la presencia del primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, acompañado por el primer ministro, Manuel Marrero Cruz; el secretario de Organización del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, Roberto Morales Ojeda, y el canciller Bruno Rodríguez Parrilla.
“Sabemos que Estados Unidos enfrenta una crisis de hegemonía a nivel global, y el trabajo político que hagamos en este momento va a determinar si seremos espectadores de esta batalla, si seremos refuerzos del imperialismo estadounidense o si seremos constructores de nuestro propio destino y defensores de nuestra soberanía”, afirmó.
Durante su exposición, sostuvo que es fundamental, especialmente en América Latina, comprender que lo que enfrenta la región no puede analizarse únicamente a partir de las excentricidades o la voracidad de una figura presidencial en Washington, sino desde una perspectiva sistémica que tenga en cuenta la crisis hegemónica que atraviesa Estados Unidos como imperio. Recordó, además, que “un imperio en declive representa un peligro aún mayor”.
“En este momento, la claridad política sobre lo que el imperio está construyendo es fundamental. No basta con denunciar lo que el imperialismo está haciendo; es necesario entender qué se propone para evitar ese desenlace”, señaló.
Según explicó, Estados Unidos redefinió su estrategia global tras comprobar los límites de su capacidad para sostener varios frentes de conflicto al mismo tiempo. Mencionó que, luego de los resultados de la guerra en Ucrania, la resistencia económica de China y el costo político de su apoyo a Israel en Gaza, Washington concentró sus esfuerzos en consolidar su influencia en Asia Occidental mediante el debilitamiento de Irán, frenar los procesos antiimperialistas en América Latina y mantener su presencia militar en África y Asia. En ese marco, advirtió que el declive del poder estadounidense no lo vuelve menos peligroso, sino que aumenta su agresividad frente a las crisis estructurales que atraviesa.
«Estados Unidos ve a América Latina como una región donde puede recuperar con relativa facilidad el terreno que perdió durante el ciclo de los gobiernos antiimperialistas», afirmó. A su juicio, la posibilidad de concretar ese objetivo dependerá, en gran medida, de la capacidad de lucha, organización y resistencia que logren construir los pueblos.
Al cierre de su intervención, planteó que el contexto actual exige analizar la política exterior de Estados Unidos como la expresión de una crisis del imperialismo y no como el resultado de un cambio de administración. Advirtió que atribuir esa política únicamente a la figura del presidente de turno conduce a la falsa expectativa de que un relevo en la Casa Blanca implicaría una transformación de la estrategia imperial.
“Debemos abandonar la ilusión de un salvador externo. Por más que la multipolaridad sea una realidad, no sustituirá nuestra capacidad de organización y de resistencia”, concluyó.
La resistencia palestina: una causa de la humanidad toda
“Palestina, el Líbano, Siria, Yemen e Irán se convierten en escenarios interconectados dentro de un mismo proyecto destinado a reconfigurar Asia Occidental para garantizar la continuidad de la supremacía estadounidense-sionista”, afirmó Murid Abukhater, representante de la Organización de Juventud Palestina en Cuba y médico graduado de la ELAM.
Durante su intervención, Abukhater realizó un amplio recorrido por la situación de Asia Occidental y el papel de la resistencia palestina. Sostuvo que la realidad de la Franja de Gaza, sometida al genocidio perpetrado por el Estado de Israel, no puede entenderse como un conflicto contra “una organización específica”. Explicó que la ofensiva combina la violencia militar, el hambre, la destrucción del tejido social y la imposición de nuevas condiciones políticas y de seguridad con el objetivo de consolidar la ocupación de manera permanente.
Recordó que, “a pesar de la magnitud de la agresión, la ocupación no ha logrado alcanzar sus objetivos declarados de destruir la resistencia ni de imponer una capitulación política”.
También señaló que la guerra ha profundizado las tensiones internas en Israel, hasta el punto de que la continuidad del actual gobierno de extrema derecha depende de la permanencia del conflicto. Añadió que la estrecha dependencia del respaldo político y militar de Estados Unidos evidencia la articulación entre ambos proyectos en la conducción de la estrategia regional. Al mismo tiempo, advirtió que el escenario internacional atraviesa una reconfiguración marcada por la pérdida de capacidad de Washington para imponer unilateralmente su agenda y el creciente protagonismo de otras potencias.
Destacó además el fortalecimiento de la solidaridad internacional con el pueblo palestino y el aumento de las iniciativas para exigir responsabilidades por presuntos crímenes de guerra y genocidio. Aseguró que Asia Occidental se encamina hacia un período prolongado de confrontación, en el que podrán variar los mecanismos de disputa, pero no los objetivos en juego.
“La responsabilidad de las fuerzas populares y progresistas del mundo no se limita a expresar solidaridad, sino que exige fortalecer la acción conjunta para enfrentar las políticas de agresión y bloqueo, defender el derecho internacional y respaldar la lucha de los pueblos por su derecho a la autodeterminación, entre ellos el pueblo palestino y el pueblo cubano”, concluyó.
El abrazo que cambió una época
“Estamos en un mundo convulsionado donde, como nos alertaba el Comandante, hoy se ve más claro que nunca que el ser humano es una especie en peligro de extinción”, afirmó Manuel Bertoldi, integrante de la Coordinación Política de ALBA Movimientos.
“El sistema capitalista se encuentra en una profunda crisis, en la que lo único que guía a quienes ostentan los principales resortes de poder es la acumulación de ganancias, incluso a costa de la propia sustentabilidad de la vida en el planeta Tierra”.
A partir de ese diagnóstico, Bertoldi evocó el histórico abrazo entre Fidel Castro y Hugo Chávez como un punto de inflexión para los movimientos populares de América Latina. Sostuvo que aquel encuentro abrió un nuevo ciclo de movilización política, reactivó el debate sobre la disputa del poder, fortaleció la articulación de las luchas sociales y permitió pensar proyectos soberanos con horizonte socialista.
Recordó que ese proceso hizo posible que una nueva generación volviera a reivindicar el socialismo, especialmente tras la propuesta del “socialismo del siglo XXI” impulsada por Chávez en 2005. Sin embargo, señaló que el escenario actual es diferente, marcado por el avance de la extrema derecha y la expansión de discursos basados en el individualismo, la fragmentación social y la despolitización.
“Nuestro desafío es no retroceder. Fortalecer la lucha antiimperialista a lo largo y ancho del continente es una tarea de primer orden”, afirmó.
En ese sentido, planteó que una de las principales tareas de los movimientos populares es volver a conectar con los anhelos, deseos y esperanzas de los pueblos, asumiendo también una mirada autocrítica sobre sus propias prácticas, pero con la certeza de encontrarse “del lado correcto de la historia”. Para ello, destacó la importancia de fortalecer el trabajo territorial y la organización desde las bases.
A partir de esa reflexión, realizó un recorrido por las múltiples luchas que atraviesan América Latina: las resistencias contra la militarización en México; las comunidades indígenas que enfrentan el avance extractivista en Panamá; las organizaciones barriales de Argentina; las comunidades negras de Brasil; los campesinos de Haití; las comunas venezolanas y las movilizaciones estudiantiles en Chile.
Ese mapa de resistencias, sostuvo, muestra el desafío central de los movimientos populares: transformar experiencias dispersas en una fuerza continental capaz de enfrentar el avance de la extrema derecha y construir un horizonte común.
Al reflexionar sobre la necesidad de “nacionalizar el internacionalismo”, Bertoldi señaló que la solidaridad debe traducirse en acciones concretas. “Es necesario que presionemos más a nuestros gobiernos y a las instituciones internacionales para que colaboren con Cuba. Ya no es suficiente levantar la mano y votar contra el bloqueo a Cuba en las Naciones Unidas. Hay que hacer más. Hay que exigirles a nuestros gobiernos que tengan el coraje de estar del lado del pueblo cubano”, afirmó.
Desde esa perspectiva, sostuvo que la disputa geopolítica actual representa una cuestión de supervivencia para Estados Unidos, lo que explica, a su juicio, el recrudecimiento de su ofensiva sobre América Latina, una región que históricamente ha considerado su área de influencia.
Aunque Washington mantiene capacidad para ejercer dominación, afirmó que ya no posee la capacidad de conducir un proyecto con legitimidad global ni de ofrecer una alternativa civilizatoria. Como expresión de esa crisis, mencionó las profundas desigualdades sociales, la pobreza y la persecución contra la población migrante dentro del propio Estados Unidos.
En ese marco, advirtió que la guerra cognitiva y la construcción de narrativas destinadas a naturalizar la deshumanización ocupan un lugar central en la estrategia de dominación estadounidense.
“Nuevamente, Fidel ya nos advertía, décadas atrás, que la batalla de ideas, la batalla ideológica, ocupa hoy un lugar central en la lucha de clases”, concluyó.
