Acusar de fascista a un fascista consuetudinario puede traer graves represalias, ya sea directas, si los acólitos del fascista tienen la posibilidad inmediata de aplicar esas represalias, ya indirectas, si se ven forzados a actuar a mediano o largo plazo. Bajo la fascista administración Trump, estas represalias no se producen por debajo del telón, o tras bambalinas conspirativas, como ha sido habitual en tiempos recientes, sino a cara descubierta, proclamando un ejercicio de dominio que actúe como amenaza persuasiva para cualquier acto de opinión pública. La primera reacción de muchos analistas ha sido preguntarse por qué lo hacen tan “chapuceramente”; o cómo no acuden al habitual curso de la diplomacia demagógica que declara públicamente un tópico mientras ejecuta otro diferente. Al detenerse siquiera brevemente en esa sorpresa ante el procedimiento, o el recurso del método, la opinión pública pierde un terreno valiosísimo en la comprensión y puesta en marcha de patrones de juicio.

La conducta de reacción inmediata, superficial y básicamente emotiva del usuario de redes permite a ese tópico fascista actuar a modo de posibilidad, si no moralmente legítima, sí inevitable por su capacidad de imposición. Así, mientras a la mayoría le suena como un despropósito lo argumentado, buena parte de esa mayoría lo asume como un mal inevitable, con el que habrá de convivir a su pesar. Casi todos los asertos que justifican la conducta inmediata radical, invasiva, injerencista, por lo general violatoria de convenciones internacionales y leyes constitucionales, parten de un estamento lógico falso en el que se ha insertado una presunta verdad. De esa manera hemos admitido golpes de estado parlamentarios en Honduras, Paraguay, Bolivia, Perú o Brasil, y hemos dejado a la duda razonable los fraudulentos resultados de Colombia, Ecuador o Perú.

Un ejemplo concreto del modus operandi del fascismo MAGA se halla en el inusitado documento que clasifica a Cuba como una potencia mundial de la ideología comunista, capaz de persuadir al Orbe de seguir sus dictados. Es cierto que, sin la revolución socialista liderada por Fidel y conducida por el Partido Comunista de Cuba, ninguna de las acciones concretas de solidaridad habría sido pensada, en primer orden porque todo el personal profesional calificado para llevarlas a cabo es producto de la transformación educativa, científica y cultural que propició esa revolución. Y es un hecho además que, sin el eficiente trabajo de la contrainteligencia revolucionaria, el espionaje injerencista estadounidense hubiera intervenido en Cuba con cualquier pretexto desde hace mucho tiempo. Verdadero como un templo, incluso, que Cuba ha brindado casi por nada en materia financiera, servicios médicos, deportivos, científicos y culturales a numerosos países, no solo del llamado tercer mundo, sino además de ese que se considera primero y que ha sido maniatado por la privatización para salir de situaciones de emergencia en casos como una pandemia. Han utilizado tanto maniobras de compra de cerebros, financiamiento constante a la subversión interna, como chantajes ideológicos a los inmigrantes y terrorismo de la más cruel especie, con la voladura de un avión en pleno vuelo como la joya que colma la corona de la impunidad. De ahí que se libren batallas en un ámbito táctico secreto, o discreto, del entramado social, a las que Cuba ha respondido dignamente y con éxito. Desde el punto de vista del fascismo MAGA, que se abroga el derecho de verse y actuar como un emperador legítimo y “amado” por el vulgo, esta conducta de la Cuba revolucionaria es inaceptable y lleva un castigo ejemplarizante, capaz de disuadir a cualquier otro, no tan valiente y arriesgado, que se atreva a seguirlo, o a validar su conducta.

De entre los varios tópicos que debemos listar y analizar en ese documento, de conjunto con las sistemáticas sanciones a instituciones y personas, este debe servir como punto de partida. Por ese tópico se rige la ideología del lobby político radicalmente anticastrista que opera desde la Florida y aboga por un terrorismo genocida como una vía natural para concluir la extinción del comunismo. Cuando pensamos que el señor Rubio es un maniquí parlante de este lobby, limitamos el alcance de una acción más profunda contra la humanidad y concedemos ese valioso tiempo de guerra de posiciones que el fascismo MAGA está llevando a cabo con impunidad, cinismo desiderativo y apoyo de sectores que aspiran a enriquecerse aún más con las consecuencias políticas de su hegemonía. La puja por los recursos naturales del planeta, por enunciar uno más de los tantísimos motivos de trasfondo, se difumina de pronto en esas tramas siniestras, disuasorias.

Como en cualquier trama mafiosa, prima la venganza en lo relacionado con Cuba. Al ejecutarse esa venganza, somos víctimas todos, tanto el pueblo como la sociedad civil a la que con irresponsabilidad científica se alude en medio de la guerra sucia por la propaganda. Baste decir, por el momento, que reaccionamos llamando “guerra no convencional” a este asedio medieval reinsertado en la era de internet y sus redes de comunicación, no solo ilegal sino además con elementos suficientes para considerarlo un genocidio y, sin embargo, con absoluta impunidad para seguir llevando a cabo el acto criminal.

Ni Resoluciones de la ONU ni llamados de la política internacional, de gobiernos o figuras relevantes, ni mucho menos pronunciamientos y manifestaciones públicas de organizaciones humanitarias, han inmutado a los fascistas MAGA en su asedio a nuestro archipiélago, donde todos sufrimos minuto a minuto las consecuencias de esa guerra. Los niños y niñas que mueren, los ancianos cuyas vidas se cortan de repente, los adultos que reciben el impacto antes impensable de una enfermedad curable, somos para ellos menos que los judíos que los nazis llevaron a sus crematorios. Simples fichas de un tablero donde la ignominia fascista es el único mérito posible.

Por REDH-Cuba

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