Presumo de mi amistad con el prestigioso revolucionario, escritor y periodista Raúl Antonio Capote Fernández: Mi amigo “Capote”. Nunca nos hemos bebido una cerveza juntos, pero hemos “bebido” a diario el combate por Cuba independiente, revolucionaria, socialista, justa, humana, solidaria, patriótica y digna; también por todas las causas justas y nobles de la Humanidad y por lo humano y lo divino de la vida que vivimos, que vivieron nuestros ancestros y que vivirán nuestras futuras generaciones. Compartimos trinchera y ring, convencidos de que del cerco se sale “tirando tiros” y de la esquina se sale “tirando golpes”. En ambos escenarios de lucha hay que sacarnos victoriosos o muertos en combate.

El pasado sábado 15 el periódico “Granma” publicó un artículo suyo sobre guerra cognitiva, https://www.granma.cu/impreso/2026-08-15 una temática recurrente en su pensamiento crítico-consecuente, porque en ese tipo de guerra identifica “el eje central de la estrategia de confrontación que contra Cuba se despliega, en toda su diversidad y alcance, de carácter multiforme y no convencional; en donde el uso de la inteligencia artificial predictiva y generativa es recurso esencial para potenciar técnicas clásicas de manipulación, con el que pretenden alcanzar el dominio mental de la población. Esta «munición» digital busca fracturar el tejido social y erosionar la confianza en las instituciones, sincronizando el cerco económico con una ofensiva digital imparable”.

De ese texto sobresalen estas ideas: la personalización masiva con IA para microsegmentar audiencias, la creación de narrativas específicas para cada grupo demográfico, la produción de deepfakes hiperrealistas, la simulación de conversaciones entre personas comunes, cuando lo real es que se hace a través de “granjas de bots”, para fijar matrices de opinión, amplificar el caos, “generar consensos”, se aplica el framing (encuadre) con precisión para delimitar el debate sobre los acontecimientos, o sea, definen qué y sobre debatir y hasta inducen las emociones y reacciones sentimentales y afectivas que debemos tener ante la “parrilla” de acontecimientos que nos imponen como noticia, verdad, asunto de interés, actualidad, modernidad, etc.; los medios así no generan un discurso de la nada, sino que aplican un proceso de interpretación que determina la “comprensión” del mundo que nos imponen vivir y sobrevivir.

Se utiliza la agenda setting para decidir de qué se habla, se impone una agenda de crisis, caos y colapso inminente. El objetivo no es convencer de una mentira, sino sembrar la duda; se busca que la víctima desconfíe de sus propias percepciones. La IA predictiva analiza sentimientos en redes para detectar fragilidad emocional, se activan campañas de amplificación en momentos de mayor vulnerabilidad, los algoritmos crean una realidad paralela que distorsiona la percepción colectiva, se fabrican miles de versiones de una misma mentira adaptadas a cada grupo, la IA se convierte en un multiplicador de fuerza para quebrar psicológicamente a la población.

Los bots evolucionaron a enjambres de IA que interactúan, se adaptan y evolucionan, se crea la ilusión de un consenso sintético, más peligroso que una noticia falsa aislada y las plataformas (WhatsApp, Telegram, Facebook, Instagram) trabajan coordinadas como un sistema inteligente y adaptativo, convirtiendo la guerra cognitiva en un arma de precisión.

De ese excelente diagnóstico, ¿qué podemos hacer los revolucionarios y los patriotas?

Elaborar, hasta el nivel de Zona de Defensa una estrategia integral para enfrentar la guerra híbrida y cognitiva contra Cuba, con el objetivo central de neutralizar los objetivos de la guerra multiforme y blindar la mente de la población.

Parto de la idea de una alfabetización mediática nacional, una nueva Universidad Para Todos: “La Guerra de Todo El Pueblo en el escenario de Guerra No Convencional ”, podemos a nivel territorial impulsar la creación del Observatorio Ciudadano de Narrativas Subversivas, continuar las denuncias en foros digitales y físicos internacionales para deslegitimar la agresión. En el plano interno, enfatizar en la necesidad de fortalecer la comunicación del Partido y el Gobierno, así como la producción cultural contra-hegemónica que refuerce la identidad nacional.

Hay que proteger los procesos mentales mediante campañas educativas y redes de psicólogos, así como comunicadores comunitarios para generación de contra-narrativas desde la base. En paralelo se puede y debe desarrollar una IA soberana, para detectar deepfakes y sistemas de certificación digital, junto con acuerdos internacionales de cooperación tecnológica (BRICS). La estrategia también debe incluir la capacitación de comunicadores nacionales en técnicas de contra-framing y la creación de mecanismos de veeduría ciudadana.

Otro componente clave es la preparación psicológica de la población, con programas de salud mental, campañas de autoestima, redes vecinales de apoyo y prácticas de mindfulness, o sea, a la capacidad humana básica de estar completamente presente, consciente de dónde estamos y de lo que estamos haciendo, sin estar excesivamente reactivos o abrumados por lo que sucede a nuestro alrededor.

Reforzar la cohesión social mediante iniciativas como “Cuba nos une”, reactivar los barrios aprovechando los movimientos “Mi Barrio Por la Patria” y la “Red Juvenil Comunitaria”, articuladas por nuestras organizaciones en los barrios: CDR, FMC, ACRC, generando eventos culturales, deportivos, recreativos, productivos y de diálogo intergeneracional.

Frente a la ofensiva para socavar la confianza en los dirigentes e instituciones del Partido, el Estado y el Gobierno, hay que incluir medidas de transparencia, a través de la rendición de cuentas y la exigencia popular de cada vez más sensibilidad de los que dirigimos con los problemas, quejas, reclamos, peticiones, críticas y demandas del pueblo. En su atención permanente y solución está la verdadera democracia.

Sectores estratégicos como salud, educación, energía, transporte, alimentación, turismo, cultura, deporte, ciencia, defensa y seguridad nacional, deben contar con campañas de comunicación preventiva (interna y externa), monitoreo de rumores y visibilización de logros a nivel local, sectorial, territorial y nacional, con el fin de preservar la confianza social y proyectar una imagen de resiliencia efectiva frente a la agresión externa y contra nuestros errores, en la que algunos facilitan el actuar del enemigo y la efectividad de sus planes de destrucción y conquista del país.

La idea del enemigo es clara: ¡destruirnos para colonizarnos y esclavizarnos! La guerra cognitiva busca que perdamos este foco. Por ello cabe volver a la contundente pregunta de Fidel hace casi 21 años: ¿Puede ser o no irreversible un proceso revolucionario?, ¿cuáles serían las ideas o el grado de conciencia que harían imposible la reversión de un proceso revolucionario?

El Comandante en Jefe no hace referencia a qué cantidad de alimentos, combustibles, inversión extranjera directa, financiamiento o energía eléctrica harían falta para evitar la destrucción o autodestrucción del proceso revolucionario en Cuba, sino de qué cantidad de ideas y conciencia ciudadana, patriótica, antimperialista y revolucionaria haría falta para impedirlo.

La contra guerra cognitiva, cultural, ideológica y psicológica que se nos hace hay que derrotarla primero desde el terreno de la mente, ello no entra en contradicción con la Ley del Desarrollo Humano descubierta por Marx y Engels, que dice, que en “última instancia, primero hay que beber, comer, calzar, vestir y tener un techo para vivir, antes de hacer política, arte, ciencia, filosofía o religión”.

No la contradice (la Ley) porque fue formulada desde el materialismo dialéctico e histórico, y este, en el caso cubano, ha demostrado, que para resistir y vencer 400 años de colonialismo, 60 años de neocolonialismo yanqui y casi 70 años de de guerras convencionales y no convencionales promovidas por 13 presidentes y 18 administraciones (hubo presidentes que tuvieron doble mandatos: Reagan, Clinton, W. Bush, Obama y Trump), en las que con excepción de Carter, fueron hostiles, agresivas y la última, fascista, corrupta, inmoral y dictatorial; ha hecho falta mucha más conciencia revolucionaria y amor patriótico que tener el estómago lleno.

Sé, que de esto último se opinará y debatirá bastante. Lo cierto es que las riquezas materiales y espirituales, y la prosperidad que nos merecemos como pueblo hay que generarlas con trabajo consciente y eficiente, nunca al revés.

Esta es la guerra de pensamiento que nos alertó Martí y hay que ganarla primero a pensamiento.

Por REDH-Cuba

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