El editorial de Le Monde, cercano a la cancillería gala, fulminó que Trump puso el acento en lo que divide en lugar de lo que une.

Fuente: TeleSUR

Tras sembrar vientos bélicos en el Gran Medio Oriente, Trump fue a perorar sobre la religiosa concordia ecuménica al Vaticano, donde recibió un árbol de olivo en señal de paz por el papa Francisco, quien –como exhibió su lenguaje corporal– se mostró muy incómodo con su apabullante huésped.

Si Ivanka Trump de Kushner, convertida al judaísmo ultraortodoxo, opacó a la tercera esposa de su padre en la gira apoteósica a Arabia Saudita e Israel, Melania eclipsó a la hija predilecta en el periplo a Europa –el Vaticano, Bruselas, Sicilia– donde brilló intensamente la primera dama católica que ocupa la Casa Blanca desde Jackie Kennedy.

Trump descolgó un suculento contrato de venta de armas a Riad por 110 mil millones de dólares –que puede alcanzar 450 mil millones de dólares en los próximos 10 años–, mientras era recibido en forma triunfal en Israel al haber adoptado la iranofobia de su amigo el primer ministro Netanyahu.

Suena divertido que en esta precisa coyuntura Estados Unidos haya extraviado mil millones de dólares en armas enviadas a Iraq, lo cual apunta a que parte sustancial de la economía de la administración Trump provendrá de la masiva venta y extravío de armas a sus aliados del Gran Medio Oriente.

La reunión de Trump con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la Unión Europea y el G-7 fue atropellada, donde abundaron los empujones, como el que le propinó al recién ingresado y despistado premier de Montenegro a la OTAN.

Trump refrendó la política de su antecesor Obama para que la OTAN aporte 2 por ciento de su PIB al gasto militar. Su variante fue la forma brusca en la que profirió su exigencia que dejó atónitos a los mandatarios de la OTAN.

Un cambio radical fue que Trump dejó en el aire el famoso artículo 5 de la Carta de la OTAN, que obliga a la solidaridad de los 28 miembros ante cualquier agresión exógena. Otro punto sobresaliente que ya empezó a tener repercusiones notables fue la filípica contra los alemanes catalogados de “muy malos” –debido al déficit comercial y a la masiva exportación de los vehículos germanos–, lo cual ha tensado las relaciones con Angela Merkel y, de paso, con su aliado galo Emmanuel Macron, quien reanudó el eje de París con Berlín.

BMW, Mercedes Benz y Volkswagen produjeron 809 mil vehículos en sus fábricas estadounidenses cuando el valor de las importaciones en EE.UU. de los vehículos alemanes fue de 22 mil millones de dólares en 2016.

Mientras Obama era ovacionado en Berlín, Trump vituperaba a los alemanes.

El editorial de Le Monde, cercano a la cancillería gala, fulminó que Trump puso el acento en lo que divide en lugar de lo que une.

En la desangelada cumbre del G-7 en Sicilia, Le Monde afirma que las divergencias fueron notables en los temas de Rusia, comercio y cambio climático. En lo poco que coincidieron fue en el contraterrorismo y las medidas inespecíficas para purgar a las redes sociales de los mensajes antioccidentales.

Trump ya había puesto en la picota a la OTAN, que catalogó de obsoleta –lo cual es correcto–, y a Alemania por su hegemonía geoeconómica en Europa y su déficit comercial con EU.

Es muy ilustrativo el editorial del rotativo chino Global Times: El discurso de Trump en la OTAN rompe el corazón (sic) europeo, y deduce que ahora Trump parece desear convertir a la OTAN en una corporación (sic) con una perspectiva de empresario cuando “la situación política y militar en Europa hoy son diferentes del periodo de la guerra fría y la amenaza (sic) de Moscú es menos real y Rusia no es más un rival global de EE.UU., por lo que el valor de la OTAN para los Estados Unidos ha declinado y la organización se ha vuelto más un instrumento para mantener el orden europeo.

Viene una frase relevante: “Ahora que la ventaja económica de EE.UU. se ha vuelto menos prominente, lo que Trump desea es ‘vender’ algunos de sus activos geopolíticos a cambio de dólares” y, de paso, diluye la participación financiera de EE.UU. en la OTAN, por lo que muestra un interés limitado en la geopolítica tradicional, cuando comprende probablemente que mezclar la política con las reglas de los negocios requiere habilidades.

Así, Trump ha incrementado en forma significativa el presupuesto de defensa y ha bombardeado las fuerzas gubernamentales sirias, teniendo una calculadora en una mano y un misil en la otra.

Global Times concluye que otra cosa es que Trump gane la partida, ya que muchas fuerzas no reconocen su juego de cartas y en su conjunto poseen el capital y la posibilidad de aplacarlo (sic).

A mi juicio, Trump se ha vuelto una máquina succionadora del dinero ajeno, en especial con los aliados: desde el “México neoliberal itamita” hasta Alemania.

Fuentes internas del G-7 en Sicilia filtraron que el choque, primordialmente de Angela Merkel con Trump, fue constante en tres temas cruciales: Rusia, cambio climático y comercio.

Sobre Rusia, el israelí-estadunidense Gary Cohn, consejero económico de la Casa Blanca y anterior director de Goldman Sachs, confesó que Trump estaba sopesando la opción de levantar las sanciones a Rusia, lo cual colisiona con la postura europea más radical.

Sobre las invectivas contra Alemania, el mismo Gary Cohn intentó diluir sus alcances al indicar que el padre de Trump era alemán.

En referencia al polémico cambio climático y el acuerdo de París firmado por Obama, Trump se rehusó a tomar una decisión, lo cual optaría en una semana, mientras alardeaba en sus tuits que muchos países de la OTAN se han puesto de acuerdo en incrementar sus pagos.

Donald Trump tiene también la presión interna de 22 senadores republicanos –grupo considerable del total de 100: invaluables en un escenario de impeachment– quienes exigieron olvidarse del acuerdo climático de París con el fin de desregular la industria extractiva petrolera.

A Andrew Hammond, asociado de la London School of Economics, no se le escapó la reunión en Moscú entre el canciller ruso, Sergey Lavrov, y su homólogo chino, Wang Li –muy preocupado de un ataque preventivo contra las instalaciones nucleares de Corea del Norte por parte de los Estados Unidos, al estilo israelí–, que coincide con las cumbres de la OTAN y el G-7.

Por su parte, Rusia instó a la OTAN a abandonar su confrontación antes de que sea demasiado tarde.

Dos días después del fin de la gira atropellada de Trump, Vladimir Putin se reunirá en forma muy significativa y simbólica con su homólogo galo, en una visita no programada, para inaugurar una exposición del Museo de L’Hermitage en Versalles con motivo del año 300 de la visita del zar Pedro el Grande.

En Europa todavía hay vida después de Trump, lo cual aprovecha en forma estupenda Vladimir Putin.

Por REDH-Cuba

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