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Pensamiento

Una reflexión sobre los retos actuales de la juventud cubana. José Antonio Rigual Díaz

Este texto de José Antonio Rigual Díaz, junto al artículo de nuestro colaborador Javier Gómez Sánchez “El nombre de las ideas“, ganó el Concurso de ensayo Ganémosla a pensamiento, convocado por el Movimiento Juvenil Martiano y la UJC. José Antonio cursa Cuarto año de Periodismo en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

 

Fuente: La Pupila Insomne

 

El transcurso de la Historia de Cuba ha estado marcado por períodos difíciles y sangrientos, por épocas de lucha revolucionaria y por un constante enfrentamiento de las fuerzas progresistas emancipadoras contra los intereses hegemónicos de las clases acomodadas. Si algo caracterizó esa rivalidad en distintos momentos fue el protagonismo de la juventud en la lucha por determinados reclamos y principios de equidad social.

Los jóvenes cubanos, siempre presentes en las tareas primordiales de su tiempo, demostraron la estirpe valiosa de la que estaban forjados y revelaron en cada acción digna de ser recordada su protagonismo desde la vanguardia.

Bastaría pensar en el joven Martí, justo allí, de pie ante la ceiba de la que colgaba un negro esclavo, indignado ante la injusticia cometida y jurando lavar con su sangre el crimen para notar una muestra del sentimiento de justicia que inundaba, desde joven, al más universal de los cubanos.

O también recordar a Agramonte, peleando como “fiera” en Camaguey para lograr la independencia, a Panchito muriendo junto a Maceo, a Mella fundando el Partido, a Mella en la Federación Estudiantil Universitaria y desafiando a la dictadura. ¿Qué decir de Tony Guiteras, del Che Guevara, José Antonio, Fructuoso, Fidel, del soldado que nadie recuerda su nombre, del luchador clandestino, de Abel, de Celia, Vilma, y de los cientos y miles de jóvenes cubanos que hicieron en su momento cuanto pudieron, para lograr un país mejor.

Al llamado de la Patria, la juventud, o al menos una gran parte de ella, siempre dijo: ¡Presente!. Por supuesto, hubo siempre también de los neutrales como los hay hoy, de los que no querían comprometerse en causas dignas por ser estas demasiado arriesgadas y peligrosas; mas no hay que tildarlos de traidores. Esos han sido barridos por la incontenible marcha la Historia que es sabia en dar gloria y “honor a quien honor merece.”

En cambio, los arriesgados, los que pensaron en sus semejantes antes que en sí mismos, esos han sido inmortalizados por los libros y, sobre todo, por el recuerdo de los hombres y mujeres que le siguieron y los que les seguimos.

Nuestra Cuba, sin duda, ha estado avanzando por casi seis décadas contra viento y marea en una difícil carrera de relevos. La meta está lejos aún, tan lejos como la concreción de la perfección humana, pero la verdadera medalla es hacer patria cada día en el camino.

Tenemos el batón, los jóvenes de ahora y es preciso correr con la percepción de que cada paso hacia el ser mejores es de hecho una conquista; cada metro hacia un futuro soberano y cada paso más lejos del pasado ignomioso de la neocolonia puede considerarse una gran victoria.

La pregunta es si los jóvenes de la actualidad, en un momento tan trascendental de la Historia como lo fueron el Moncada y la Sierra para los rebeldes, o como lo fue la guerra del 95 para Martí, Gómez y Maceo, estamos preparados para la lucha.

El futuro lo dirá, confío en que sí, como confió Fidel al expresar que era la juventud la garantía de la Revolución.

Sin embargo es válido reconocer la magnitud de las batallas que nos tocan. Estas pueden tornarse tan difíciles como aquellas que se lidiaron a sangre y plomo en otras circunstancias.

Seguimos teniendo los mismos enemigos: la élite política y económica de una país imperialista que no se conforma con que a noventa millas de sus fronteras, una pequeña isla haya decidido gobernarse sola, declararse socialista y llenar y abofetear con su ejemplo la decadente moral de una nación que pretende el dominio mundial.

La nueva guerra y las armas de la cultura

Pero el contexto ha cambiado, las armas de Estados Unidos son ahora más sutiles: la penetración cultural, la generación de apatía política, fomentar la división en la Isla y además mantener la política del bloqueo económico hacia Cuba.

Las estrategias norteamericanas para destruir el proyecto socialista antillano pudieran parecer menos agresivas, pero es esta característica la que las puede hacer más efectivas. Si no se genera una conciencia ciudadana sobre las pretensiones reales del imperio y sus instrumentos de subversión, se corre el riesgo de que estos sean efectivos y dañen el ideal que tanto ha costado construir.

Si la guerra es cultural, ¿quién mejor que la rica cultura de Cuba para ganarla? Si presentan su banderas americanas, camisas de Obama, a Mickey Mouse, el Pato Donald y al Capitán América; facilítese a cada cubano la bandera de la estrella solitaria, hagamos ofertas accesibles de playeras del Che, Camilo, Mella, de lugares de Cuba. Explotemos las potencialidades de los símbolos culturales de Cuba: Elpidio Valdés, María Silvia, el Capitán Plín, el Negrito Cimarrón, Chuncha…la elaboración de algunos de estos productos puede ser relativamente costosa, pero más costosos sería la pérdida de nuestra identidad y la asimilación de otra que es totalmente a nuestros principios e idiosincrasia.

Son muchos los foráneos que al visitar esta isla del Caribe o estudiarla desde sus hogares, se muestran del talento, la inteligencia, la creatividad y la preparación que poseen los cubanos.

Ciertamente, Cuba es una cantera de talentos que brillan aquí y en múltiples lugares del mundo. Es preciso sacar el máximo de estas potencialidades en el arte, la música, el cine, la plástica…y fortalecer la identidad nacional y el acervo cultural de la patria de Martí y Fidel.

Ante el creciente fenómeno de la expansión del reguetón, música que muchas veces transmite contenidos machistas y vulgares, se puede presentar como alternativa una música inteligente y a la vez atractiva y rescatar la tradicional, la que siempre nos ha caracterizado.

En este último aspecto se han dado los primeros pasos con proyectos como Sonando y Bailando en Cuba, que pese a las deficiencias que puedan tener, son una excelente manera de desempolvar parte de nuestra riqueza cultural y de encontrar nuevos talentos en la isla.

No se trata de censurar un determinado ritmo o un determinado cantante, se trata de mostrar otras opciones que las personas identifiquen como positivas y las asimilen a su cotidianidad.

Resulta reconfortante también, que la población pueda contar con el paquete de contenidos audiovisuales La Mochila, caracterizada por sus materiales didácticos y educativos y con una red de navegación del dominio .cu (www.redcuba.cu) mediante la cual los usuarios de navegación nacional pueden acceder a todos los contenidos de medios digitales y a información de cientos de sitios web.

La misión es, entonces, perfeccionar y expandir lo hecho sin dejar de innovar y generar cosas nuevas para la satisfacción, el disfrute y el aprendizaje de los públicos.

La guerra mediática que vive el país es otro punto importante a tener en cuenta en este enfrentamiento cultural. El discurso de los medios de comunicación anticubanos y las labores subversivas del gobierno de EEUU están orientados en dos públicos de manera especial: los jóvenes y los emprendedores o cuentapropistas.

Esto, con el objetivo de engañar a los primeros y tronchar la continuidad de la Revolución y en el caso de los trabajadores privados con la intención de crear una clase social hegemónica en contraposición con el gobierno de todo el pueblo.

En cuanto a estas campañas de comunicación, que muchas veces se basan en mentiras y malinterpretaciones, los medios de prensa oficiales y otros afines a la Revolución deben desempeñar un papel primordial.

Primero que todo, informando correctamente sobre todos los acontecimientos. Un suceso no reportado desde nuestros puntos de vista, es un suceso que queda expuesto de la manera que a ellos les conviene y de alguna manera daña la credibilidad y relevancia de la prensa nacional.

Además se hace necesario comunicar desde nuevas formas, cambiar estrategias comunicativas, informar, pero también entretener. Debe haber un acercamiento a la historia de vida para que el receptor capte más el mensaje, si se va a hacer un trabajo sobre la imposibilidad de importar un equipo para la rehabilitación pediátrica no informar la noticia así fríamente, sino buscar a los niños que no han podido tratarse, escuchar sus opiniones y dar la noticia desde la sensibilidad humana y no desde la perspectiva cuantitativa de datos y estadísticas.

Estas formas de comunicación tienen una mejor acogida en los receptores y los sensibilizan de una manera especial en torno al tema tratado.

Futuro democrático de Cuba y el protagonismo de la juventud cubana

Las dificultades y retos a los que se aludían en párrafos anteriores, son una muestra fehaciente de que la revolución cubana ha vivido un proceso constante de cambios y transformaciones a las que las propias circunstancias de cada período les ha obligado.

Ya había previsto esta situación el Comandante Fidel Castro cuando expresó: “Pudiera parecer que en lo adelante todo será más fácil, pero quizás, en lo adelante todo sea más difícil.” En efecto, así fue. Para dar continuidad a las políticas sociales del programa del Moncada y para enfrentar los escenarios políticos de mundo fue necesaria la aplicación de varias normas jurídicas y resoluciones especiales que facilitaran la gestión de gobierno hasta 1976, año en que se aprueba la nueva Constitución de la República.

Desde aquel entonces y hasta nuestros días esta es la Carta magna que ha dirigido y organizado la vida de nuestra nación con sus modificaciones y enmiendas. Pero los tiempos han cambiado considerablemente y el contexto cubano también.

Urge una profunda reforma en la que se actualice la ley de leyes y se transformen algunos puntos de esta. Si bien debe prevalecer el principio de una sociedad socialista y la convicción de la propiedad social de todo el pueblo, también se debería reconocer la pequeña propiedad privada y otras formas de gestión económica como las cooperativas.

Otro punto importante que la constitución debería reconocer es el derecho de las personas del mismo sexo a formalizar su unión matrimonial. Existe un grupo de parlamentarios, encabezados por la diputada Mariela Castro, directora del Centro Nacional de Educación Sexual que abogan por el reconocimiento del matrimonio homosexual y la no discriminación de las personas por motivos de preferencia sexual.

En un reciente encuentro con estudiantes de la Universidad de La Habana, la diputada expresó que es muy probable que esto se logre en la “necesaria reforma constitucional” y argumentó que esta podría ser en el año 2018.

A estas podrían sumarse otras propuestas como el reconocimiento de la doble nacionalidad, por ejemplo, pero siempre partiendo de que sean iniciativas nuestras, medidas que ayuden a mejorar el funcionamiento de nuestra nación y que permitan el desarrollo sostenible de esta desde diferentes aristas.

Pese a que soy de la opinión de que los procesos eleccionarios en Cuba son democráticos, creo que la participación de los ciudadanos de una manera más activa y directa en la vida política del país también se hace necesaria. El delegado debe asumir su protagonismo como líder de la comunidad y se deben crear los mecanismos para una mejor interrelación entre los diputados de la Asamblea Nacional.

Con respecto a estos últimos, creo modestamente que debería ser reducido el número de diputados en la Asamblea y encontrar la manera de que al ser elegidos como representantes del pueblo, actúen como tal y se dediquen de lleno a la labor legislativa que les competen. Muchos no son partidarios de esta idea, pero en el contexto actual, se hace necesario llevarla a la práctica.

Los jóvenes cubanos deben mantener una activa participación en todo este proceso de actualización que vive nuestro país. Debemos ir adquiriendo experiencia en todo este proceso de actualización para que llegado el momento en que por causas naturales no contemos con la dirigencia histórica de la Revolución, sepamos cómo actuar y enfrentar los retos con responsabilidad y sentido del deber.

Ganémosla a pensamiento

El empeño de los círculos de poder norteamericanos hostiles a nuestro proyecto socialista es terminar con los pilares de bienestar social que aquí hemos levantado. Si vencen, que nadie piense que caminar por las calles de La Habana será tan tranquilo como lo ha sido hasta hoy. No, todo lo contrario, si nos remontamos la Cuba de los años cincuenta, sabremos lo que ellos desean para este país: una Cuba de rascacielos bonitos, pero de uso exclusivo para la élite de una sociedad fragmentada e injusta.

No tengo la menor duda de que la Revolución tiene sus manchas. No ignoro que se deben perfeccionar muchas cosas, pero creo que lo podemos lograr por nosotros mismos y que nadie debe decirnos cómo hacer las cosas. La juventud cubana está ante su “Moncada” y yo estoy seguro de que asumiremos bien el reto. Es el momento de aunar fuerzas y ante la guerra mayor que se nos hace mantener la premisa que nos dará la victoria: ¡Ganémosla a pensamiento!

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