Desde su llegada al poder hace 18 meses, el Presidente Emmanuel Macron ha multiplicado las medidas antisociales, adoptando al mismo tiempo decisiones favorables a los más adinerados, suscitando un amplio movimiento de protesta popular.

En 2017, tras la primera vuelta de las elecciones presidenciales, el candidato Emmanuel Macron sólo consiguió el sufragio del 18,19% de los electores presentes en las listas. Así el 81,81% de los inscritos expresó otra opción política. En la segunda vuelta, en un contexto de Frente Republicano destinado a oponerse a la extrema derecha y a su candidata Marine Le Pen, el exbanquero de Rothschild obtuvo el sufragio de apenas el 43,26% de los inscritos, ilustrando así la crisis del sistema democrático francés [1] .

No obstante, el candidato del poder del dinero se benefició de una campaña mediática sin precedente en la historia de la V República. En efecto, en Francia, diez multimillonarios controlan los principales canales privados (Canal+, TF1), los canales informativos (LCI, BFM-TV, CNEWS), los principales diarios nacionales (Le Monde, Libération, Le Figaro) y los semanales más difundidos (Le Point, L’Express, Le Nouvel Obs). Pusieron a la disposición del candidato Macron sus recursos humanos, materiales y financieros.

Medidas favorables a los privilegiados

Una vez electo, la primera medida que tomó el nuevo Presidente fue suprimir el Impuesto sobre la Fortuna. Así, como promedio, los 100 patrimonios más importantes de Francia recibieron un rembolso de 1,5 millones de euros cada uno. Del mismo modo, el Gobierno Macron decidió disminuir la flat tax –impuesto global único sobre los ingresos del capital– del 50 % al 30 %. En total, esas dos decisiones privan a las finanzas públicas de al menos 4.500 millones de euros cada año. [2]

Al mismo tiempo, Emmanuel Macron decidió transformar el Crédito de Impuesto para la Competitividad y el Empleo (CICE) –oficialmente destinado a favorecer el empleo, pero que beneficia casi exclusivamente a las grandes empresas francesas– en disminución de las cotizaciones sociales para los sueldos inferiores a 2,5 veces el salario mínimo. Esta medida priva al presupuesto del Estado de 42.000 millones de euros cada año y afecta gravemente el sistema de seguridad social heredado de la Liberación de 1945 [3] .

Disminución de las ayudas sociales y aumento de los impuestos a los más modestos.

Para compensar las pérdidas presupuestarias vinculadas a los regalos fiscales hechos a las grandes empresas y a las capas más pudientes, el Gobierno decidió reducir los gastos sociales. Así, los “contratos ayudados” que permitían a los jóvenes desempleados conseguir un trabajo fueron en parte suprimidos, mientras la tasa de desempleo entre los jóvenes de menos de 25 años supera el 22 %. [4] De la misma forma, también se redujo la ayuda para la vivienda destinada a los estudiantes, mientras el 20 % de ellos vive por debajo del umbral de pobreza en Francia. [5] A un joven desocupado que expresó su desamparo frente a las dificultades para encontrar un trabajo, el Presidente Macron respondió con desprecio: “Cruzo la calle y le encuentro un trabajo”. [6] Esta secuencia filmada, humillante para el joven, dio la vuelta al país, difundiendo la imagen un dirigente insensible a los sufrimientos de la juventud.

El Gobierno Macron también decidió aumentar algunos impuestos como la Contribución Social Generalizada (CSG), que pasó de 6,6 % al 8,3 %. Los jubilados, cuya pensión media es de 1.283 euros mensuales, han sufrido una disminución sensible de sus ingresos. Durante una visita a Colombey-les-Deux-Eglises, donde descansa Charles de Gaulle, una anciana explicó al Presidente Macron que sobrevivía con una miserable pensión de 500 euros mensuales. Sin expresar empatía por la venerable señora, la respuesta del mandatario indignó al país: “Usted puede hablar con toda libertad; la única cosa a la que no se tiene derecho es a quejarse”. [7]

Mientras el Gobierno Macron ha multiplicado los regalos a los más ricos, empobreciendo sensiblemente al Estado, al mismo tiempo ha llevado una guerra implacable contra los servicios públicos disminuyendo el número de funcionarios en sectores que ya sufren ampliamente escasez de personal como la educación y la salud. Durante el primer año de su mandato, el Gobierno suprimió 5.000 puestos de funcionarios y se ha comprometido a suprimir 10.000 en 2020. El objetivo declarado es reducir el número de funcionarios de 50.000 para 2022, es decir, al final del quinquenio, contra la opinión mayoritaria de la población que siente un apego fuerte hacia el servicio público y el principio de solidaridad. [8]

El detonante: el alza del impuesto sobre la gasolina

La situación social de Francia –que tiene a cerca de 9 millones de pobres (sobre una población total de 65 millones de habitantes), más de 3 millones de desempleados, 2 millones de analfabetos y 200.000 personas sin techo–, la política antisocial del Gobierno que prefiere privilegiar a los adinerados, así como el desprecio y la indiferencia por parte del poder hacia los ciudadanos más modestos, han desatado un amplio movimiento de protesta popular conocido con el nombre de los “Chalecos Amarillos”. Mientras Francia es el país de Europa que más millonarios tiene y que la nación nunca ha sido tan rica en su historia, una parte sustancial de sus habitantes se enfrenta diariamente a importantes dificultades materiales.

El detonante fue la decisión de aumentar el impuesto sobre la gasolina (7 céntimos por litro de gasoil y 4 céntimos por litro de súper), impuesto destinado a recaudar 4.500 millones de euros anuales, o sea el equivalente de la pérdida sufrida por la supresión del Impuesto sobre la Fortuna y la disminución de la Flat Tax. [9] . Esta medida ha suscitado una ola de indignación nacional no estructurada, espontánea y plural, que se ha traducido en la movilización popular lanzada a través de las redes sociales para protestar contra el carácter inicuo del impuesto. La causa común de esta insurrección ciudadana es el rechazo al Presidente Macron, símbolo de la arrogancia y del desprecio de una casta de pudientes. Desde el 17 de noviembre de 2018, fecha de la primera manifestación nacional, el movimiento se ha ampliado con la participación de los alumnos de los liceos y los estudiantes.

Respuesta gubernamental: la represión  

El Gobierno ha respondido con una represión que ha alcanzado niveles inauditos. Una mujer de 80 años falleció en Marsella tras ser alcanzada por una granada lacrimógena lanzada por la policía. [10] Varios manifestantes fueron gravemente heridos por las fuerzas del orden. Algunos –entre ellos una joven alumna de 16 años– fueron desfigurados por balas de goma recibidas en pleno rostro. [11] Una joven estudiante de 20 años perdió un ojo. [12] Hay una probabilidad del 90 % de que otro alumno de 15 años pierda el ojo izquierdo según su abogado. [13] Otros fueron mutilados por la explosión de granadas ensordecedoras. Un joven de 26 años fue amputado de su mano derecha tras ser alcanzado por una granada lanzada por la policía. [14] Francia es el único país de Europa que usa granadas explosivas contra los manifestantes [15] .

Las imágenes de las violencias policiales que filmaron los periodistas y los ciudadanos han tenido un impacto desastroso para el Gobierno. Las fuerzas del orden han violentado hasta a los periodistas. Varios sindicatos de la profesión han denunciado “los numerosos heridos entre los periodistas, reporteros y fotógrafos” y han condenado “las violencias inadmisibles de las fuerzas de policía”. “A muchos fotógrafos de prensa, claramente identificados como tales, se les confiscaron sus equipos de protección individual, a veces bajo la amenaza de un arresto, lo que tuvo como consecuencia impedir que algunos reporteros hicieran su trabajo”, enfatizan los sindicatos. “Es totalmente inaceptable, en un país democrático y en un Estado de derecho, que los poderes públicos no garanticen la libertad de informar”, concluyen los representantes de la prensa. [16]

Frente a la persistencia del movimiento, el Gobierno tuvo que renunciar definitivamente al alza del impuesto sobre la gasolina. Anunció una ayuda de 80 euros mensuales –no incluida en el sueldo mensual, así no se toma en cuenta para el cálculo del subsidio del desempleo y para la pensión– a los trabajadores que reciben el salario mínimo. No obstante, el Estado, es decir los contribuyentes, y no las empresas, asumirá la totalidad del costo. El salario diferido (bruto), es decir las cotizaciones sociales a favor de la pensión, del subsidio de desempleo y de la seguridad social, será drásticamente disminuido a favor de un aumento mínimo del salario neto.

El Gobierno también decidió anular el aumento de la CSG para los jubilados que reciben una pensión inferior a 2.000 euros mensuales, pero sólo por un año. El Presidente Macron anunció la desfiscalización de las horas extras a partir de 2019 para las empresas y los asalariados. También pidió a las empresas “que puedan” que entreguen una gratificación de fin de año a los asalariados de un importe de su elección. [17]

Todas las decisiones anunciadas serán pagadas por los contribuyentes en detrimento del servicio público, en el que se prevén recortes para compensar el costo de las medidas. Por otra parte, el Gobierno no ha hecho ningún gesto para los desempleados, los que reciben pensiones bajas, las personas que sobreviven gracias a las ayudas sociales o los funcionarios, en una palabra, una parte sustancial de la población.

Una aspiración de justicia social y fiscal

Desde luego, estas medidas no responden a las expectativas de los franceses; Exigen un salario mínimo de 1.500 euros netos mensuales (1.188 euros ahora), una subida de las pensiones bajas hasta 1.200 euros netos y su indexación sobre el nivel de inflación, así como la jubilación plena a los 60 años.

Los ciudadanos aspiran a más justicia fiscal, con un impuesto más progresivo que no se base únicamente en cinco segmentos. La clase media asume el peso de los impuestos, mientras que las grandes fortunas, mediante las exenciones fiscales o la evasión fiscal legal o ilegal, logran escapar de sus obligaciones tributarias. Así, las 40 empresas francesas más grandes poseen 1.454 filiales en paraísos fiscales. [18]

La opinión pública también exige un gran plan contra el fraude fiscal, que cuesta al Estado cada año entre 80.000 y 100.000 millones de euros y priva al país de muchas inversiones necesarias. Reivindica que las grandes empresas no evadan el impuesto mediante subterfugios legales que les permiten transferir sus ganancias a otros países y hacen que sus actividades en Francia resulten artificialmente deficitarias. A título de ejemplo, Total, cuyo beneficio anual se eleva a más de 10.000 millones de euros, no paga un solo céntimo de impuestos en Francia. Esta injusticia social es incomprensible e insoportable para la mayoría de los ciudadanos.

El movimiento de los “Chalecos Amarillos”, apoyado por el 80 % de la opinión pública, simboliza la insurrección ciudadana de los olvidados de la República, de “la gente que no es nada [19] ” –para retomar las palabras despectivas del Presidente Macron hacia los más humildes- que aspiran a una repartición más equitativa de las riquezas nacionales. Los ciudadanos, apegados al Programa de Consejo Nacional de la Resistencia, a saber la seguridad social, la educación y la salud gratuitas, las prestaciones sociales para las categorías modestas, el sistema de pensiones por repartición, el control por el Estado de los sectores estratégicos de la economía, los servicios públicos, exigen justicia social y fiscal, una democracia más participativa y el derecho a vivir con dignidad.

 Notas:

[1] Ministère de l’Intérieur, “Résultats de l’élection présidentielle 2017», 23 de abril y 7 de mayo 2017. https://www.interieur.gouv.fr/Elections/Les-resultats/Presidentielles/elecresult__presidentielle-2017/(path)/presidentielle-2017/FE.html (sitio consultado el 9 de diciembre de 2018).

[2] Ministère de l’Action et des comptes publics, « Suppression de l’impôt de solidarité sur la fortune (ISF) (loi n° 2017-1837 du 30 décembre 2017 de finances pour 2018, art. 31) », 11 de octubre de 2017. http://bofip.impots.gouv.fr/bofip/11517-PGP (sitio consultado el 9 de diciembre de 2018) ; Gabriel Zucman, « La ‘Flat Tax’ est une bombe à retardement pour les finances publiques’ », Le Monde, 25 de octubre de 2017 ; Lilian Alemagna, « Budget : les 100 plus riches gagneront 1,5 million d’euros par an chacun », Libération, 26 de octubre de 2017.

[3] France Info, « Le mot de l’éco. Le CICE : un coût pour les finances publiques mais peu d’effets sur l’emploi », 13 de octubre de 2018.

[4] Grégoire Normand, « Chômage des jeunes : une situation toujours préoccupante », La Tribune, 24 de enero de 2018.

[5] Audrey Travère, « Précarité : près de 20% des étudiants vivent en dessous du seuil de pauvreté », Le Monde, 31 de agosto de 2017.

[6] LCI, « ‘Je traverse la rue, je vous trouve un emploi’. Macron fait la leçon à un jeune horticulteur au chômage », 16 de septiembre de 2018.

[7] Europe 1, « Macron à une retraitée : ‘On ne se rend pas compte de la chance que l’on a’ », 4 de octubre de 2018.

[8] Clarisse Martin, « Fonctionnaires : Edouard Philippe annonce 15.000 postes supprimés à l’horizon 2020 », 26 de agosto de 2018.

[9] La Tribune, « La hausse des prix des carburants va se faire sentir dans le budget des ménages », 24 de septiembre de 2018.

[10] Laurent d’Acona, « Marseille :décès d’une femme blessée par un tir de lacrymogène », La Provence, 4 de diciembre de 2018.

[11] Le Parisien, « Une lycéenne blessée par un tir de flash-ball à Grenoble: ‘Ma fille est défigurée’”, 7 de diciembre de 2018.

[12] Le Courrier Picard, « Une étudiante amiénoise perd l’œil gauche lors d’une manifestation parisienne », 10 de diciembre de 2018.

[13] France Info , « Lyon :un lycéen gravement blessé à l’œil porte plainte contre la police pour ‘violences volontaires’ », 11 de diciembre de 2018.

[14] France Info, « Gilets jaunes : ‘Je ramasse le truc, ma main explose’, raconte Antoine, amputé après la manifestation à Bordeaux », 10 de diciembre de 2018.

[15] RMC, « La France est ainsi le seul pays d’Europe à utiliser des grenades explosives contre les manifestants », 22 de noviembre de 2018.

[16] Le Monde, « Des ‘dérapages inadmissibles’ de la police dénoncés par des syndicats de journalistes », 10 de diciembre de 2018.

[17] France Info, « Smic, heures supplémentaires, prime de fin d’année, CSG : les quatre annonces d’Emmanuel Macron pour calmer la colère des ‘gilets jaunes’ », 10 de diciembre de 2018.

[18] France Info , « Grands patrons : Comment faire revenir leurs impôts en France », 11 de diciembre de 2018.

[19] Le Figaro , « ‘Les gens qui réussissent et les gens qui ne sont rien’ : ce que révèle la petite phrase de Macron », 3 de julio de 2017.

Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Salim Lamrani es profesor titular de la Universidad de La Reunión, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Su último libro se titula Cuba, ¡palabra a la defensa!, Hondarribia, Editorial Hiru, 2016. http://www.tiendaeditorialhiru.com/informe/336-cuba-palabra-a-la-defensa.html Facebook: https://www.facebook.com/SalimLamraniOfficiel

Texto original en francés: https://www.humanite.fr/le-mouvement-des-gilets-jaunes-en-france-une-revendication-de-justice-sociale-et-fiscale-665488

Por REDH-Cuba

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mayo 14, 2026 Observatorio de Medios de CubadebateComment(0) Compartir 0 Más Entre enero y mayo de 2026, el diario estadounidense The New York Times no solo siguió de cerca la situación cubana. La Isla apareció una y otra vez asociada a apagones, petróleo, bloqueo, presión política, Rusia, posibles protestas y escenarios de cambio. El resultado fue una imagen persistente: un país oscurecido, tensionado y presentado como si estuviera al borde de un desenlace político inminente, coherente con la agenda de presión impulsada actualmente desde Washington. La cobertura del diario no fue una campaña abierta a favor de una intervención. No hacía falta. Bastó con ir fijando una idea: Cuba como problema, como urgencia y como pieza geopolítica disponible para Washington. El periódico denunció los costos humanitarios del bloqueo, sí, pero al mismo tiempo reforzó un paisaje textual y visual donde la presión estadounidense aparecía como la gran variable que podía decidir el futuro del país. Todo comenzó en enero Desde los primeros días de 2026 ya aparecen títulos que vinculan a la Isla con la operación estadounidense en Venezuela, el petróleo, la vulnerabilidad económica y la presión de Washington. El conteo de los artículos del diario en los que se menciona a Cuba muestra 420 resultados visibles entre el 1 de enero y el 8 de mayo de 2026: enero suma 118, febrero 68, marzo 174, abril 49 y mayo 11. Marzo sigue siendo el pico, pero ya no puede leerse como el inicio del fenómeno. Lo que ocurre en marzo es otra cosa: la intensificación de encuadres narrativos que ya venían instalándose desde enero. Figura 1. La cronología de publicaciones del New York Times muestra que la construcción narrativa sobre Cuba no comenzó con las declaraciones más agresivas de Donald Trump en marzo de 2026, sino desde enero, cuando la Isla empezó a aparecer asociada a la agresión contra Venezuela, la vulnerabilidad energética y la presión de Washington, que instaló la agenda de “Cuba is Next” (Cuba es la próxima). Fuente: Observatorio de Medios de Cubadebate. Ese detalle importa porque cambia el sentido de la historia. La cobertura no despega cuando Trump habla de “taking Cuba” (“tomar a Cuba”); despega antes, cuando Cuba empieza a ser presentada como la pieza siguiente después de Venezuela. El 5 de enero, por ejemplo, el diario publicó “After Venezuela, Trump Says Cuba Is ‘Ready to Fall’” (“Después de Venezuela, Trump dice que Cuba está ‘lista para caer’”). Al día siguiente apareció “Cuba’s Long-Suffering Economy Is Now in ‘Free Fall’” (“La sufrida economía cubana está ahora en ‘caída libre’”). Y el 17 de enero la pregunta ya estaba planteada en términos existenciales: “Can Cuba Survive Without Venezuela’s Oil?” (“¿Puede Cuba sobrevivir sin el petróleo de Venezuela?”). Ahí se ve el primer movimiento fuerte del relato. Cuba entra en escena por arrastre geopolítico. La secuencia es clara: cae el gobierno venezolano, Washington eleva el tono y Cuba pasa a ser narrada como el siguiente eslabón de una cadena regional. Un país que aparece en el titular… y también en la sombra La presencia de Cuba no se limita a los textos donde el nombre del país está en primera línea. En una parte de los resultados, Cuba aparece de forma explícita en el titular. En otra parte —la mayoría— funciona como referencia contextual dentro de textos sobre Venezuela, migración, petróleo, Guantánamo, México, Rusia, tribunales estadounidenses o política exterior de la Casa Blanca. En números, la diferencia es clara: 87 resultados visibles llevan a Cuba de manera frontal en el titular, mientras 333 la mencionan en el cuerpo del texto, en bajantes o en contextos secundarios. Eso quiere decir que la Isla no solo fue noticia por sí misma. También actuó como referencia constante dentro de relatos mayores, como si su sola mención ayudara a completar un mapa regional de crisis, presión e intervención, manteniendo a Cuba permanentemente dentro del horizonte de atención política y mediática estadounidense, incluso cuando no era el tema central de la noticia. Figura 2. Cuba opera en dos planos: como asunto central y como referencia contextual en relatos geopolíticos más amplios. Fuente: Observatorio de Medios de Cubadebate. Dicho de otro modo: la imagen de Cuba se construyó tanto por los grandes titulares como por acumulación. A veces el país estaba en el centro. Otras veces era una pieza secundaria, pero siempre reconocible, dentro de una misma atmósfera editorial. La palabra que apagó al país El gran hallazgo emocional de la cobertura fue una palabra: “dark” (“oscuro”, “a oscuras”). El título “Cuba Is Going Dark” (“Cuba se está apagando”) no solo informó sobre apagones. En una sola frase convirtió la crisis energética en metáfora nacional.Desde ahí, la oscuridad dejó de ser un problema del sistema eléctrico y pasó a describir el estado del país. Otros títulos empujaron en la misma dirección: “19 Cubans on What It’s Like to Live Without Fuel” (“19 cubanos cuentan cómo es vivir sin combustible”), “Electrical Blackouts, Suspended Flights: What to Know About Travel to Cuba” (“Apagones eléctricos, vuelos suspendidos: qué saber sobre viajar a Cuba”) o “Canadian Airlines Cancel Flights as Cuba Runs Out of Jet Fuel” (“Aerolíneas canadienses cancelan vuelos mientras Cuba se queda sin combustible de aviación”). La repetición no es casual. Blackout (apagón), fuel (combustible), oil (petróleo), dark (oscuridad), crisis (crisis): el campo léxico va dibujando una imagen muy precisa. El efecto de esa operación narrativa es especialmente potente porque transforma un problema concreto en una imagen total del país, en particular cuando la causa fundamental de ese problema —el bloqueo estadounidense— es silenciada o reducida a una nota marginal en el relato. El lector ya no percibe únicamente una crisis energética severa, sino una nación entera asociada a la oscuridad, la parálisis y el deterioro, como si se tratara de una crisis originada exclusivamente dentro del país. El apagón deja de funcionar como un hecho coyuntural para convertirse en metáfora política. Y cuando la oscuridad pasa a describir no solo el sistema eléctrico, sino el estado general de un país, la interpretación de la crisis cambia de escala y adquiere un sentido mucho más profundo y estructural. “Taking Cuba”: cuando una amenaza empieza a sonar normal La cobertura dio un paso más cuando la expresión “taking Cuba” (“tomar Cuba”) comenzó a repetirse. Ahí están los títulos: “Trump Says He Will Have the ‘Honor’ of ‘Taking Cuba’” (“Trump dice que tendrá el ‘honor’ de ‘tomar Cuba’”), “Trump’s Next Target: ‘Taking Cuba’” (“El próximo objetivo de Trump: ‘tomar Cuba’”) y “Trump Suggests ‘Taking’ Cuba as Island Deals With Blackout” (“Trump sugiere ‘tomar’ Cuba mientras la Isla enfrenta un apagón”). El punto no es si el diario estaba respaldando esa idea de forma abierta, sino que, al colocar la frase en titulares de alto impacto, ayudó a desplazar la frontera de lo políticamente aceptable. Lo que antes sonaba desmesurado empezó a circular como posibilidad política, como tema legítimo de conversación pública. La cobertura se apoyó además en titulares interrogativos que hacían un trabajo parecido: “Could There Be a Popular Uprising in Cuba?” (“¿Podría haber un levantamiento popular en Cuba?”), “Is Latin America Abandoning Cuba?” (“¿Está América Latina abandonando a Cuba?”) o “Will Communist Cuba Ever Pay Back the Billions It Confiscated?” (“¿Pagará alguna vez la Cuba comunista los miles de millones que confiscó?”). Es el tipo de pregunta que no solo pregunta. También sugiere. No afirma la caída, pero la pone a circular. Una matriz narrativa reconocible Cuando se agrupan los temas y las palabras clave, la arquitectura del relato se vuelve todavía más nítida. La cobertura se organiza alrededor de unos pocos ejes muy persistentes: la presión o posible intervención de Estados Unidos, la geopolítica regional y global, la crisis energética y el bloqueo, los derechos humanos y la migración, y, en un plano menor pero constante, la idea de cambio político o protesta. Figura 3. La cobertura no avanza por hechos aislados: se apoya en una matriz narrativa donde dominan la presión estadounidense, la geopolítica y la crisis. Fuente: Observatorio de Medios de Cubadebate. Ese orden también ayuda a entender por qué el encuadre resulta tan potente. Un mismo título puede hablar de petróleo y, al mismo tiempo, de Rusia; de derechos humanos y, al mismo tiempo, de presión de Washington; de apagones y, a la vez, de protesta o cambio. Las categorías se superponen y se refuerzan. Así, la crisis no aparece como un episodio económico ni como un asunto estrictamente cubano: queda conectada con seguridad hemisférica, poder imperial, conflictividad interna y guerra de narrativas. La cobertura deja de presentar a Cuba únicamente como una crisis económica o humanitaria y comienza a integrarla en un lenguaje de seguridad hemisférica, competencia geopolítica y disputa estratégica entre potencias. El giro geopolítico se hizo más visible cuando comenzaron a aparecer el petróleo ruso, los tanqueros y el lenguaje de seguridad. Títulos como “Russian Oil Shipment Puts Focus on Kremlin Spy Outpost in Cuba” (“El envío de petróleo ruso pone el foco en un puesto de espionaje del Kremlin en Cuba”), “Is Russian Oil Headed for Cuba, Testing the U.S. Blockade?” (“¿Va petróleo ruso hacia Cuba, poniendo a prueba el bloqueo estadounidense?”) o “Why Did the U.S. Allow a Russian Oil Tanker Through Its Cuba Blockade?” (“¿Por qué EE. UU. permitió que un tanquero ruso atravesara su bloqueo a Cuba?”) desplazan el encuadre desde la urgencia material hacia la lógica del pulso estratégico. El combustible deja de ser solo combustible. Pasa a ser corredor marítimo, poder de negociación, señal de influencia rusa y problema de seguridad para Washington. Cuando eso ocurre, la Isla deja de ser tratada únicamente como un país en dificultades y se convierte en pieza de una disputa mayor. La fotografía también empuja El discurso no se construyó solo con palabras. El análisis del corpus fotográfico muestra una insistencia visual que va en la misma dirección. Predominan grandes planos, escenas urbanas, puertos, refinerías, buques, interiores en penumbra, calles vacías o semivacías, multitudes politizadas, símbolos patrios, uniformes y señales de deterioro. Los retratos individuales son menos frecuentes y suelen estar ligados a autoridades, médicos, testigos o figuras históricas. El resultado es una Cuba que muchas veces aparece más como paisaje-problema que como comunidad compleja de sujetos. Hay edificios envejecidos, tanqueros, banderas, colas, fuego, rejas, vigilancia, autos antiguos y escenas en las que el país parece suspendido en una espera permanente. La paleta visual también acompaña: negros, grises, marrones, verdes oscuros, azules densos, naranjas de emergencia. Mucha noche, mucho contraluz, mucho atardecer. Mucha penumbra. Figura 4. La fotografía repite signos de crisis: oscuridad, deterioro, tanqueros, militarización y ausencia de escenas sociales positivas. Fuente: Observatorio de Medios de Cubadebate. Las ausencias pesan tanto como las presencias. Apenas se ve la vida productiva, la normalidad urbana, los niños que van a la escuela, la cultura cotidiana, el trabajo científico o la comunidad organizada fuera del conflicto. En cambio, sí se repiten los signos que ayudan a fijar una idea de país detenido, tensionado o a punto de romperse. Figura 5. La paleta cromática dominante del corpus fotográfico del New York Times sobre Cuba entre enero y mayo de 2026 revela una fuerte prevalencia de tonos oscuros, grises, marrones, azules densos y negros, asociados visualmente a desgaste, tensión, penumbra y crisis. La escasa presencia de colores cálidos o luminosos refuerza una representación estética de la Isla vinculada a la oscuridad, la incertidumbre y el deterioro, en coherencia con los principales marcos narrativos de la cobertura sobre apagones, escasez, presión geopolítica y conflicto. Fuente: Observatorio de Medios de Cubadebate. Las palabras que sostienen la hipótesis Si las imágenes empujan, el vocabulario termina de cerrar el cuadro. El estudio de los términos más repetidos en títulos y descriptores permite construir una nube de palabras bastante reveladora. No aparecen solo términos neutrales. Sobresalen oil (petróleo), pressure (presión), fuel (combustible), dark (oscuridad/apagón), crisis (crisis), blockade (bloqueo), fall (caída), taking (tomar), communist (comunista), leaders (dirigentes), regime (gobierno/sistema), Russian (ruso), prisoners (prisioneros) y defiance (desafío). Figura 6. Nube de palabras. Términos recurrentes del NYT en inglés —con traducción en el texto— que refuerzan la hipótesis de una Cuba narrada desde la crisis, la presión y la disponibilidad geopolítica. Fuente: Observatorio de Medios de Cubadebate. Vista en conjunto, la nube no deja muchas dudas sobre el tono general de la cobertura. La palabra oil (petróleo) ocupa un lugar desproporcionado porque el combustible fue uno de los grandes hilos del relato. Trump aparece como actor central. government (gobierno), pressure (presión), blockade (bloqueo) y change (cambio) completan el cuadro. Es una constelación de términos que empuja al lector hacia una misma idea: Cuba como país sometido a asfixia, objeto de disputa y colocado frente a un posible punto de quiebre. Una cobertura ambivalente, pero no inocente Nada de esto quiere decir que el New York Times haya mantenido una sola línea o que toda la cobertura haya sido uniforme. En los artículos estudiados también aparecen textos que denuncian el costo humano del bloqueo y cuestionan la política de Washington. Títulos como “Trump Isn’t Taking Cuba. He’s Starving It” (“Trump no está tomando Cuba. La está matando de hambre”) o “Cuban Patients Are Dying Because of U.S. Blockade, Doctors Say” (“Pacientes cubanos están muriendo por el bloqueo estadounidense, dicen médicos”) introducen una tensión real dentro del propio medio. Pero esa ambivalencia no desarma la hipótesis. Más bien la vuelve más compleja. El diario pudo denunciar daños humanitarios y, al mismo tiempo, reforzar una escena general donde Cuba aparecía agotada, vulnerable, geopolíticamente expuesta y observada desde una potencia que se atribuía el papel de actor decisivo sobre su destino. Dicho sin rodeos: la cobertura no fue linealmente intervencionista, pero sí contribuyó a preparar un clima donde la presión máxima sobre Cuba se volvía comprensible, discutible y, para cierta audiencia, incluso razonable. Al final, la historia no va solo de Cuba. También va del modo en que un gran medio organiza la mirada sobre un país bajo asedio. Entre enero y mayo de 2026, el New York Times fue armando una Cuba en apagón: apagón eléctrico, apagón económico, apagón simbólico. Lo hizo con titulares, con preguntas, con fotografías, con campos léxicos muy reconocibles y con una cronología que fue empujando al lector desde la inquietud hasta la idea de desenlace. La reiteración de estos encuadres no solo informa: organiza emocionalmente la percepción del lector sobre Cuba, asociando la Isla con agotamiento, fragilidad y desenlace. No hubo un editorial llamando explícitamente a una intervención. No hacía falta. A veces la operación más eficaz consiste simplemente en mover el marco. En hacer que una frase como “taking Cuba” (“tomar Cuba”) deje de sonar extravagante. En presentar un país desde la oscuridad, la urgencia, la dependencia y la amenaza. En ese sentido, el periódico no solo contó la crisis cubana. También ayudó a decidir cómo debía ser leída (Tomado de Cubadebate). Tagged Cuba, Estados Unidos, Guerra Mediática, manipulación mediática, Medios de comunicación, Prensa, The New York Times Foto del avatar Observatorio de Medios de Cubadebate Navegación de entradas Donde la vida es una conversación abierta Deja una respuesta Tu dirección de correo electrónico no será publicada. 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