Efectivamente, el anuncio de Clara Brugada, jefa de Gobierno de la Ciudad de México, de reinstalar las esculturas de Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara es preocupante para el conservadurismo nacional porque la mandataria respondió positivamente a un llamamiento masivo de más de 90 organizaciones civiles, sindicales, culturales, políticas y de solidaridad, en la gigantesca marcha del 26 de julio que terminó frente a la antigua embajada de EEUU en Paseo de la Reforma.
Fuente: AlmaPlusTv
Fue, además, una expresión categórica de que México es un país soberano y plural, como bien lo define su reconocida constitución, que es la democrática defensora de las libertades.
En tal sentido, es muy coherente y en nada contradictorio que se rinda homenaje público a figuras que encabezaron una revolución antimperialista de nuevo tipo, con muchos puntos de coincidencia con el Grito de Dolores y la de 1910 con Madero, Zapata y Villa único.
Es bueno aclarar que participaron miles de personas sin distinción de lengua y creencias y ya es considerada la mayor de su tipo en este siglo, entre otras razones porque los mexicanos desearon con ello demostrar su antimperialismo y su oposición al fascismo de Donald Trump.
El conservadurismo mexicano, el cual tiene la virtud de ser consistente como el cangrejo, siempre caminando equivocado, ni siquiera tiene la mínima voluntad de presentar en sus presuntos análisis —que en realidad no lo son, sino burdas imitaciones del goebbelianismo— el mar de fondo reaccionario que tuvo la decisión de la alcaldía de Cuauhtémoc de retirar la escultura.
Mucho menos, escribir ni una sola palabrita de la patriótica resistencia del pueblo cubano frente a los esfuerzos malthusianos de EEUU de rendirlo por hambre, enfermedades y escaseces de todo tipo, incluido el transporte público y el gran desastre en los hospitales por falta de electricidad e insumos, incluido instrumental médico.
Es innegable que, bajo el gobierno de Morena, México muestra señales inquietantes para el gobierno de Donald Trump de aplicar —sea por vía diplomática, comercial e incluso militar— que se le hace más difícil anexarlo para completar el robo de los 2 millones de kilómetros cuadrados en 1948, con lo cual se consolidó como imperialismo, pues si México no lo hubiera podido ser.
Quienes conocen y aman la historia de México jamás podrían calificar de “deslizamiento hacia prácticas propias de regímenes autoritarios”, porque una de las grandes características de este país nahua ha sido precisamente su enorme sentido de justicia acompañada de una solidaridad espontánea y razonable, desde muchísimo antes de la que aplica con Cuba.
La concentración de poder no es la causa del debilitamiento de contrapesos, y eso está muy claro para la oposición, que se comporta de la forma más retrógrada y se ha estancado por sí misma, recogiéndose en todos los aspectos sustantivos de la sociedad mexicana como una lombriz de tierra.
A los insensibles les recomiendo se den lima en las uñas hasta que les salga sangre para que comprueben si sienten o no los asuntos humanos.
Cualquier mexicano sabe que contra el Poder Judicial no hubo una presión, sino que fue toda una batalla ideológica con un adversario que tenía en sus manos todas las herramientas letales para impedir que su sistema de privilegios se hiciera talco, y en ese sentido no hay forma humana de convencer a la gente de lo contrario. El antiguo Poder Judicial no fue simplemente derrotado por presiones, sino que cayó por su propia pudrición que nunca quiso abandonar.
México está, al menos desde las elecciones de 2012, en una profunda batalla de la cual su paradigma es la 4T, y no estigmatiza sistemáticamente a la prensa, sino que la combate por las vías legales mediante un proceso de defensa de libertad de expresión y de réplica que funciona tanto para los medios como para el gobierno, y la vía tomada ha sido la crítica y no la represión ni la censura.
Posiblemente nunca en la historia de la prensa mexicana haya existido una etapa como esta en la que la prensa conservadora publica horrores del gobierno sin que se conozca una reacción de fuerza por parte del gobierno.
Para finalizar, un periodista decoroso no habla al albur de otros pueblos si no ha vivido en ellos la realidad que critica, ni tiene conocimientos propios, de causa, legítimos, para desbarrar de sus sistemas de gobierno, ni tiene el mínimo de honestidad para preguntarse: ¿Por qué en condiciones de una guerra económica de exterminio ese pueblo aguanta tanto y no se doblega?
Es cierto que en Cuba se ha desmantelado la democracia, pero la representativa, la que es una verdadera dictadura porque, como en Estados Unidos, tiene dueños particulares; los multimillonarios que jamás bajarán la cabeza para mirar al pueblo porque su deshonestidad no se los permite.
Y es verdad que esos son elementos que encienden alarmas de todos quienes se aferran a esa democracia que nunca responde al demo. En Cuba sí es del demo, por eso se eliminó el concepto representativo y se puso en su lugar el participativo, que es el que le corresponde a la verdadera y única democracia, la del pueblo, que es a la que la 4T está dirigiendo la suya.
Cuba la aplica desde el 1 de enero de 1959. México no ha cruzado el límite. Todo lo contrario, está pintando la raya roja exactamente donde debe ir.
