El espejismo del modelo económico chileno y su modo de vida neoliberal se derrumbó.  Por ahora , solo en nuestras mentes. En nuestro imaginario perdió toda legitimidad, por fin asumimos de forma trasversal y desde todas las capas sociales, que es profundamente inmoral y que debe ser superado.

De momento, el pueblo chileno lleva ganada una importantísima primera batalla –la cultural–, sin la cual no podría iniciarse ninguno de los cambios que la sociedad reclama en lo concreto. El primer gran paso para cambiar las cosas es asumir que deben ser cambiadas.  Eso ya sucedió con el gran estallido cuando el pueblo dijo basta. A partir de ahí hay un consenso tácito –pero también explícito– de que debemos construir un contrato social superior que no mercantilice los derechos ni los patrimonios colectivos. En este sentido, todas las encuestas post  18-O marcan que más del 80% de la población está a favor una nueva Constitución y exige cambios estructurales que puedan hacer realidad las demandas sociales.

Aunque quizás parezca algo precoz, podemos afirmar que la hegemonía cultural del neoliberalismo fue derrotada en el país más neoliberalizado del planeta.  El escenario chileno planteado desde 1973 como un ensayo de laboratorio del libre mercado por el economista Milton Friedman y su Escuela de Chicago, colapsó por sus propias asimetrías y opresiones. Esto nos lleva a una encrucijada histórica: una refundación nacional o la continuidad del modelo (tal como esta o maquillado).

Este 18 de octubre de 2019 quedará para la historia como el nacimiento de un movimiento social telúrico llamado a poner fin a la época neoliberal que se inició tras el derrocamiento de Salvador Allende y que impuso a sangre y fuego la transnacionalización de toda nuestra economía junto al saqueo sistematizado de nuestro «metal rojo», el cobre, y de todos los demás recursos naturales, bienes comunes de todas y todos.

Así es como el robo más grosero de este periodo neoliberal ha sido la desnacionalización del cobre junto a la privatización del agua y del dinero para nuestras pensiones. Todo un saqueo a gran escala.

La renuncia a la industrialización  de nuestro país -desechada con la privatización del cobre- también forma parte de este esquema concentrador, profundamente colonial el cual nos ha legado un modelo económico de desarrollo primario, exportador materias primas sin valor agregado, tal y como exige el reparto internacional del trabajo en el sistema-mundo.

Para una aproximación a esta política de saqueo al pueblo chileno, citemos que solo en el período 2005-2014, las grandes empresas privadas del cobre se llevaron 114.000 millones de dólares. Es decir, unos 11.400 millones de dólares anuales en promedio, lo que equivale al 23,3% del gasto público durante el período. Estas cifras son calculadas por lo bajo, hay quienes hablan que las ganancias de la gran minería del cobre están sobre los 40.000 millones de dólares anuales, de los cuales un porcentaje muy bajo queda para el erario público, es decir, casi todo queda en los bolsillos de muy pocos. Un latrocinio brutal que ha contado con la permisividad y complicidad de todos y cada uno de los gobiernos de turno post dictadura.

Durante el 2018 se calcula (por lo bajo) que salieron del país 13.780 millones de dólares lo que equivale casi el 20% del presupuesto de la nación para ese mismo año.  La pírrica “agenda social” anunciada por Sebastián Piñera para calmar el estallido social y dar respuesta (a todas luces insuficiente y mal enfocada) a las urgentes demandas sociales fue estimada en unos 1500 millones de dólares. Es decir, apenas equivalente  a un 10,9% de lo que el año pasado se llevaron del país las grandes mineras privadas.

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Ante esta situación, el estallido social del 18-O y la rebelión en curso nos abre una ruta hacia un necesario proceso de Refundación Nacional. Se ha iniciado un proceso constituyente desde abajo, en los territorios y prácticamente todos los sectores sociales. El encuentro, el debate, la acción colectiva y directa han empezado junto con la batalla por una verdadera Asamblea Constituyente Soberana que represente los intereses de las mayorías.

Esta necesaria refundación traerá nuevos paradigmas culturales y de convivencia, entre nosotrxs y con la naturaleza de la cual somos parte. Tendremos que abordar transformaciones en los patrones de producción y consumo que nos permitan mitigar y luego superar la catástrofe medioambiental que estamos heredando a causa de este modelo económico.

Parte fundamental de la refundación debe ser la recuperación de los bienes comunes esenciales, entre ellos el agua como derecho humano básico e inalienable. Luego ha de ser la renacionalización del cobre y el litio. Con el dominio colectivo y público de estos últimos recursos naturales, tendríamos lo necesario para iniciar el transito hacia un  modelo económico sustentable, basado en el uso racional de estos importantísimos minerales estratégicos, dándoles valor agregado e invirtiendo fuertemente en investigación y desarrollo tecnológico basado en ellos.

Para Chile, esta década empezó con el estallido de octubre y la incomparable fuerza de un pueblo alzado.   En esto muchxs han dejado su vida y su sangre en las calles. Otrxs miles están tras las rejas mientras torturadores, asesinos y violadores están sueltos y protegidos.

Llora sangre por los ojos de un Chile decidido a cambiar.

Fuerzas poderosas se oponen a las transformaciones  estructurales que las grandes mayorías exigen, y usan a Carabineros de Chile, que para vergüenza nacional, han traicionando a su pueblo, convirtiéndose en mercenarios y perros guardianes del modelo.Esto recién comienza.

Fuente: El Ciudadano

Por REDH-Cuba

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