El Parlamento cubano ha aprobado la Ley de Comunicación Social y ello ha constituido sin dudas  un acontecimiento relevante para el mundo de la información, la comunicación e incluso la tecnología, pues aunque se trata de una ley nacional cubana, tendrá, -por su propia naturaleza y propósitos,-una indudable repercusión más allá de las fronteras insulares.

Cuantos la examinen detenidamente se darán cuenta de que constituye una valiosa  y novedosa contribución de Cuba en estos momentos, en la que se reflejan principios y valoraciones que conforman el ansiado Nuevo Orden Informativo Internacional (NOII), reconocido también como Nuevo Orden Mundial de la Comunicación y la Información (NOMIC)

Es también relevante el hecho de que esta legislación parte desde Cuba, teniendo en cuenta que la Revolución Cubana y todo el proceso social y político acaecido en la Mayor de las Antillas desde hace más de 60 años ha sido posiblemente el más acosado, calumniado y difamado por los medios corporativos y todo el engranaje que ellos representan, hoy reforzados por la aparición de los medios digitales y las llamadas “redes sociales”.

Cuba tiene, por esas razones, una fructífera experiencia en el enfrentamiento a las más brutales campañas de tergiversaciones y falsedades que dieron su inicio el mismo 1º de enero de 1959 y motivaron entonces la recordada Operación Verdad. Capítulo inicial sin precedentes para el mundo de la  Comunicación en América Latina y el Caribe, tradicionalmente dominado por las transnacionales yanquis.

Hacia lo interno de nuestro país, esta Ley es considerada como un primer paso en el proceso de regulación y organización del sistema de comunicación social y fue fruto de un largo proceso de reflexión, discusión y debate que culminó en la Asamblea Nacional del Poder Popular con la presentación y aprobación del texto.

La Ley reconoce las potencialidades y beneficios de la comunicación social para el desarrollo del país desde todos los puntos de vista, y es precisamente su carácter transversal que le otorga la mayor importancia e impulsa su papel insustituible.

La promulgación de la ley cubana reactiva principios y conceptos al respecto, que fueron abordados por la Comisión Mc. Bride, organizada y promovida por la UNESCO en las décadas 70-80 del pasado siglo, dando lugar al histórico informe que lleva el nombre del irlandés Sean Mc Bride, aprobado por la 22ª Conferencia General de la UNESCO, en Belgrado, el 21 de octubre de 1980.

En dicho documento, aún con las limitaciones que pudieran señalársele, se reconoce la necesidad del flujo libre pero equilibrado de la información. -hoy incumplido por los monopolios informativos,- y se asume la defensa de los derechos pisoteados de los países del Tercer Mundo en este ámbito.

Fue un momento de brillantez en la lucha  por el Nuevo Orden Informativo Internacional en que Cuba siempre tuvo un destacado papel. En la labor consecuente y sostenida contra la colonización cultural  no podrán alcanzarse éxitos si no va acompañada de la creación de un nuevo orden informativo, que propicie su mediación y coloque en los primeros planos los requerimientos y las verdades del conjunto mayoritario del planeta, dentro del campo de la cultura y de las ideas.

Tal es la trascendencia e importancia de la batalla comunicacional que se está librando en los más disímiles terrenos. Incluso en los que no era previsible llegar y hoy se ven invadidos por el desarrollo técnico de las comunicaciones en los más variado escenarios.

La Ley de Comunicación social recién aprobada reitera la participación y la contribución de Cuba en esta esfera vital para la lucha ideológica, -recogida por la Cumbre de Argel del movimiento de países No Alineados,- y por la democratización real de la información y las comunicaciones.

La ley cubana se inspira, apoya, defiende y desarrolla los principios del nuevo orden informativo y de este modo los presenta y los acoge.

Por REDH-Cuba

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