La Revolución Cubana sigue siendo una de las mayores reservas morales y políticas de la humanidad.


Fuente: Brasil de Fato

Cuba es un país que existe mucho más allá de sus fronteras. Incluso asfixiada por un bloqueo criminal impuesto durante más de seis décadas por Estados Unidos, la Revolución Cubana perdura.

Resistirse ha significado y significa enfrentar el aislamiento económico, los sabotajes permanentes, los límites materiales y una guerra simbólica continua y violenta. Significa sostener un proyecto político-histórico, incluso cuando duele. Incluso cuando falta la luz.

En los últimos días, La Habana ha vuelto a encenderse parcialmente gracias a la llegada de un barco ruso con 100 mil toneladas de petróleo, rompiendo el asedio económico impuesto a la isla. La imagen dice mucho de nuestro tiempo, porque Cuba es un territorio concreto de disputa geopolítica contemporánea y la construcción de alternativas.

Fidel Castro recordó constantemente una frase de José Martí que abarca generaciones: “Patria es humanidad”. La patria no se limita a las fronteras; se realiza en solidaridad entre los pueblos del mundo. No reduce el término patriotismo a amar a un país como abstracción sentimental, sino a una construcción ética y política permanente. Una elección histórica.

Pero hay que tener cuidado de no idealizar esta resistencia, ni de trasladar a un solo pueblo el peso de la esperanza colectiva. El pueblo cubano también está cansado. También quiere vivir plenamente, tener estabilidad material, transporte, energía eléctrica, condiciones dignas de desarrollo y futuro. Sin bloqueo. Sin sanciones. Y dentro del modelo socialista.

Es por eso que Cuba causa tanta incomodidad a quienes piensan que son dueños del mundo. Porque su existencia, profundamente humana e imperfecta, desmantela una de las grandes mentiras de nuestro tiempo: que no hay alternativa posible al individualismo extremo y a la lógica de la explotación capitalista permanente de la vida humana y de la reducción de nuestras subjetividades.

Batalla por los sentidos

Vivimos bajo un monopolio cada vez más sofisticado de la producción y el significado de los sentidos. Las redes sociales vendieron al mundo la ilusión de la democratización de la información, cuando solo aumentaba la velocidad de la disputa narrativa y la fragmentación de la conciencia colectiva.

La cuestión central de nuestro tiempo puede que ya no sea si la gente sabe lo que sucede en el mundo. Todo el mundo vio Gaza. Todos se enteraron del bloqueo contra Cuba. La pregunta es otra: ¿qué significado damos a los acontecimientos?

Con suficiente repetición, lo injustificable se naturaliza. La idea se naturaliza de que Israel sólo “se sostiene por sí mismo”. Se naturaliza la idea de que Cuba está bloqueada porque representa una “dictadura” o una amenaza para el mundo. Y esto es reproducido diariamente por las grandes corporaciones de medios, sin ninguna vergüenza.

Disputar la conciencia es, en primer lugar, una disputa de interpretación de la realidad. Cuando hablamos de proyecto histórico, resistencia que atraviesa generaciones y formación política, no hay más ejemplo vivo. No hay transformación profunda sin permanencia. No hay construcción de soberanía sin enfrentar contradicciones, revisiones y un enorme esfuerzo colectivo. Como dijo Fidel, “la revolución se siente en el momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado”.

El Brasil de Facto reafirma su posición histórica de contribuir a lo que está a su disposición para esta tarea. Denunciar los crímenes del imperialismo, defender la integración latinoamericana y los países del Sur Global, y sostener la comunicación como instrumento de lucha y conciencia.

Efecto Cuba

El efecto Cuba sobre nosotros es, en primer lugar, la necesidad permanente de recalibrar nuestro espíritu y nuestros sentidos ante un mundo entrenado para naturalizar la barbarie.

Hay algo profundamente pedagógico en la experiencia cubana. Cuba nos recuerda que la solidaridad no es compartir lo que queda, sino compartir incluso lo que falta. Y tal vez por eso también nos enfrenta a nuestra propia impotencia. Queremos contribuir más, ahora qué.

Pero la dimensión histórica llevada por el pueblo cubano exige de todos nosotros una solidaridad más que única, que se vuelve extremadamente importante. Se requiere un compromiso político permanente.

Sabiendo esto, el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra mantiene campañas permanentes de solidaridad y donación de medicamentos a Cuba. Como varias otras organizaciones populares e iniciativas internacionales que entienden que la defensa de la isla no puede limitarse al discurso.

Es el deber de los pueblos del mundo defender la Revolución Cubana y denunciar el criminal bloqueo impuesto por Estados Unidos. Es obligación de las naciones expresar solidaridad concreta, material y política. Con insubordinación al bloqueo y al coraje. Para todos nosotros, porque cada derrota infligida a Cuba es también una derrota contra cualquier idea o experiencia socialista y soberana.

Cuando las izquierdas estén alejadas de la gente, excesivamente capturadas por la dinámica institucional o incapaces de producir un horizonte histórico, será necesario dirigir sus ojos a Cuba. No para copiar mecánicamente tu experiencia, sino para redescubrir principios, reconstruir pilares y recuperar la fe en la capacidad de construir nuestra propia realidad.

Cuba no puede fallar, dijo un amigo cubano. Complemento: porque cuando uno cae, todos caemos. Y sería una señal de que hemos perdido un poco más de nuestra propia humanidad.

Por REDH-Cuba

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