Declaración del capítulo cubano de la Red en Defensa de la Humanidad
El imperialismo planifica con frialdad los tiempos. Cada paso es parte de su obsesión histórica de apoderarse de Cuba.
Al bloqueo histórico —el más largo de la historia— le adicionó el bloqueo de combustibles bajo el chantaje y la amenaza a quien intente venderle petróleo a Cuba. A ello agregó un conjunto de sanciones entre el 29 de enero y el 7 de mayo.
Sobre ese terreno de privaciones calculadas que llegan a la asfixia, en medio de esfuerzos titánicos del Gobierno Revolucionario de Cuba para instalar fuentes de energía solar, llegó un barco en abril enviado por Rusia que ayudó a paliar la grave situación energética.
No es casual que al agotarse el combustible y ante la llegada del verano, la administración Trump jugara dos cartas: solicitar permiso para la visita del director de la CIA y ofrecer 100 millones de dólares como ayuda humanitaria.
En medio de enormes presiones se impone como mantra la sentencia del secretario de Estado Marco Rubio: “Cuba es un Estado fallido”. Sumado a la creencia de Trump: “Vendrán a nosotros”.
Marco Rubio sacó de su baúl de mentiras la alerta: “Bases de China y Rusia instaladas en Cuba son una amenaza para el Hemisferio Occidental”.
Todo es absolutamente falso, todos ellos lo saben: desde los congresistas que visitaron Cuba hasta los grandes medios de comunicación.
No es un diagnóstico, es la planificación perversa de un imperio decadente sobre la que cree que es su fruta madura. Ahora, comenzó la nueva narrativa: “Drones cubanos serían activados”. Intentan preparar la estocada final.
Su derrota en Irán, la proximidad de las elecciones de medio término, la firma de más de seis millones de cubanos dispuestos a defender su soberanía, no haber logrado un estallido interno y comprobar que el pueblo sigue trabajando y resistiendo los tiene desesperados.
La minoría fascista anticubana anclada en La Florida ha encontrado al fin un gobierno sobre el cual cabalgar, presionar e intentar doblegar chantajeando con sus votos. Quieren un triunfo rápido. Quieren volver a instalar el casino, la droga y la prostitución. Quieren el puerto, las escuelas, las propiedades nacionalizadas.
Es la prisa del imperio cuando siente que el tiempo se le escapa.
Un bloqueo feroz de más de seis décadas no les ha servido para entender el costo de su política punitiva y fracasada. No entienden con qué pueblo están tratando.
Este es el mismo pueblo y el mismo Ejército Rebelde que, tras años de lucha internacionalista en África, se sentaron a una mesa de negociaciones donde el imperialismo pretendió arrancarle la certeza de si cruzaría o no la frontera de Namibia. Y el jefe cubano respondió: “Nosotros ni podemos decir que lo haremos ni que no lo haremos”.
Jamás sabrán nuestra decisión callada.
Jamás conocerán los sacrificios que estamos dispuestos a hacer.
Ese internacionalismo legado de Fidel y Raúl no amplió nuestras fronteras geográficas, ni cargó con el oro y la plata; solo trajo a nuestro suelo los muertos que entregamos. Pero amplió para siempre nuestras fronteras políticas, de solidaridad y respeto sin par.
Y ese es el dato que el imperio, en su desesperación, no alcanza a comprender: que una invasión a Cuba no será solo contra Cuba. Será contra todos los pueblos del mundo que comienzan a firmar y alistarse, como hicieron en Girón para defender a Cuba ante la agresión.
La resistencia no tendrá una sola trinchera: se multiplicará en cada espacio de Nuestra América y más allá.
Cuba conoce el guion porque lo ha padecido durante más de sesenta años. Sabe que detrás de cada acusación hay un plan de dominación, detrás de cada “amenaza” inventada hay una flota lista para zarpar, y detrás de cada “nación fallida” está la codicia de quien sueña con repartirse sus despojos.
Pero este pueblo no se estrena en la resistencia. Viene de muy lejos y recuerda de dónde parte su primera misión.
Cuando en la Sierra Maestra los cohetes estadounidenses cayeron sobre la casa del humilde campesino Mario Sariol y todo parecía desmoronarse, Fidel pronunció las palabras que hoy retumban con idéntica vigencia: “Al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario, me he jurado que los americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta de que ese va a ser mi destino verdadero”.
Aquella certeza no fue una consigna de emergencia, fue la brújula fundacional de la Revolución. Y esa brújula es la que nos sigue guiando.Quieren nuestro colapso. Quieren nuestra humillación. Se equivocan de pueblo. Se equivocan de historia.
Solo sabrán, cuando intenten la estocada final, que Cuba sigue en pie, aferrada a su primera misión, que es también su última trinchera: luchar contra el imperialismo.
¡Hasta la victoria siempre!
La Habana, 18 de mayo de 2026
