Superando todos los límites previsibles un libro del Departamento de Estado de Estados Unidos, señala a Cuba como la “capital del comunismo del siglo XXI” título de la portada de este documento publicado por iniciativa del Secretario de ese organismo (canciller) Marco Rubio, quien integra el lobby cubano-americano de Miami, financista desde hace años del terrorismo contra ese país y toda América Latina.
El “comunismo del siglo XXI” es para Rubio “terrorismo de izquierda” y el documento dividido en capítulos permite conocer el nivel de cinismo, mentira de una increíble narración para justificar cualquier tipo de acción contra la pequeña pero inmensa Isla del Caribe, asediada precisamente por el terrorismo de la CIA y sus mercenarios cubano–americanos con sede en Miami. Cuba ubicada a sólo 90 millas de distancia de las costas estadounidenses está aislada por el bloqueo genocida que lleva 63 años, el más largo de la humanidad, agravado hasta la asfixia y la inmovilidad por las últimas resoluciones del gobierno del presidente Donald Trump.
Es asombroso ver el despliegue de falsedades y especulaciones delirantes, como se puede ver desde los primeros enunciados del documento: “Durante casi siete décadas el gobierno cubano ha librado una campaña sostenida de subversión contra Estados Unidos. Se trata de una campaña que se ha infiltrado en los niveles más altos del Gobierno de Estados Unidos” reclutando y formando “generaciones de activistas estadounidenses” lo cual estaba respaldado por “una ola sin precedentes de terrorismo de izquierda,” a la vez que llevaba a cabo “una de las penetraciones de inteligencia extranjera más duraderas y dañinas en la historia” de la potencia imperial.
Esto sólo bastaría para entender de qué se trata el documento y sus objetivos, como se denunció claramente durante la última Cumbre citada por Marco Rubio el pasado 16 de julio en la sede del Departamento de Estado coincidiendo con el Mundial de Fútbol, a la asistieron 61 países destinada a lograr una alianza global incluso militar, policial, de seguridad, con el objetivo de combatir “el resurgimiento del terrorismo político de izquierda”.
Sostiene el documento que “la campaña cubana contra Estados Unidos es única es irregular y encubierta. La Habana, incluso en el apogeo de su poder militar, nunca tuvo la capacidad de derrotar a los Estados Unidos en un conflicto armado convencional. En cambio, los cubanos perfeccionaron un modelo nuevo para una prolongada guerra de desgaste, organizada en torno al espionaje, la infiltración el sabotaje, las redes subsidiarias y una infraestructura revolucionaria diseñada para poner a los Estados Unidos en contra de sí mismo. Esa pequeña nación insular con una economía crónicamente deficiente ha operado el centro de una vasta red hemisférica”
Más aún, los cubanos “entraron y armaron a decenas de miles de guerrillas de izquierda, supervisaron insurgencias violentas que sumieron a múltiples continentes en el caos y respaldaron ataques extremistas mortales en todo Estados Unidos” e infiltraron “el Consejo de Estado, el Consejo de Seguridad Nacional y el Pentágono desde donde operaron encubiertos durante décadas sin ser detectados”.
Añade que “la esfera más exitosa y perdurable de la campaña de Cuba contra los Estados Unidos ha tenido lugar en el frente de la batalla ideológica. Desde la década de 1960 el régimen ha servido como el corazón palpitante de un nuevo tipo diferente de marxismo forjado en torno a un resentimiento absoluto y odio fundamental” hacia ese país “y el Occidente en general”.
Los cubanos se dedicaron a “formar y movilizar una coalición global de activistas intelectuales y grupos políticos en torno a esta causa, con lo cual tejieron una extensa red revolucionaria que dio forma a una desproporcionada formación de los movimientos extremistas más famosos e influyentes de los Estados Unidos, desde Las Panteras Negras y el Weather Undergroun hasta Antifa. Hoy en día esa red continúa manteniendo vínculos con poderosas organizaciones sin fines de lucro, de izquierda, colectivos anti- ICE, grupos socialistas y organizaciones militantes marxistas en todo Estados Unidos”
En realidad los “colectivos anti ICE” (Servicio de Control de Inmigración y Aduana,) de la agencia policial del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, fueron reprogramados bajo las nuevas leyes migratorias que impuso el presidente Donald Trump desde su primer período de gobierno (2017-2021) y actualizado el pasado 24 de enero de 2025 a escasos días de asumir su segunda administración, ordenando la detención de inmigrantes utilizando argumentos racistas, xenófobos de extrema violencia.
A esto se añadió la declaración presidencial de que iba a ejecutar el “mayor programa de deportaciones de la historia de Estados Unidos”, con lo cual la estampida de terror invadió a millones de familias, si se considera que hay once millones inmigrantes no legalizados aún, que serían unos 4 millones de mexicanos, 2 millones centroamericanos, 800 mil de Sudamérica y unos 400 mil del Caribe), cifras que pueden ser mayores aún. Vale recordar que el territorio estadounidense se pobló con inmigrantes, después del feroz genocidio y exterminio cometido contra los millones de pobladores indígenas dueños de esos territorios.
Estados Unidos además se apropió de más de la mitad del territorio de lo que era México en el siglo XIX, con sus habitantes, su propia organización política, social y económica, en un despojo de incalculables valores, bajo el ilegal amparo de las Doctrinas Monroe (1823):América(del sur)para los americanos (del norte) con el objetivo de expulsar a las potencias coloniales de entonces en esta región y luego la del Destino Manifiesto (1848) para “justificar” su ilegal política de expansión hacia el oeste, logrando anexarse a estados mexicanos lo que ahora son los más ricos entre los 50 que integran la Unión de Estados de América del Norte(USA).
Y qué decir del terrorismo que significó la cacería de millones de habitantes de Africa, niños mujeres, hombres convertidos en mercancía, sometidos a los horrores en las travesías en barcos que cruzaron océanos en condiciones infrahumanas para ser vendidos en los mercados de esclavos. ¿Puede alguien olvidar que Estados Unidos fue el mayor comprador de esclavos, victimas de las más inimaginables aberraciones sufridas y ya conocidas por todos, cuyos descendientes son hoy los llamados afroamericanos, que siguen luchando por sus derechos civiles y contra el racismo que sobrevive hasta hoy .
Estos datos citados, entre tantos otros, para recordar que en esos tiempos no existía Cuba independizada y soberana como ahora, lo que logró después de dos guerras de liberación, la primera ganada a España en 1898 y la segunda a Estados Unidos en 1959. El mayor atentado terrorista en el mundo al final de la segunda guerra mundial fue realizado por Estados Unidos cuando en agosto de 195 arrojó en un primer “ensayo” la primera bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki, dos ciudades de Japón, cuando ya ese país se estaba rindiendo, dejando centenares de muerto, destrucción casi total , miles de heridos y afectados por la radiación, cuyas consecuencias continúan hasta hoy. Esto mostró al mundo la raíz profunda imperial del terrorismo.
Sobre todo ese pasado y muchísimo más se montaron las nuevas órdenes ejecutivas, decretos y leyes migratorias del presidente Trump y su gabinete, sembrando el terror entre los inmigrantes “legalizados” o ilegales. A partir de esa Orden Ejecutiva la represión fue de una violencia inusitada: niños enjaulados, miles de detenidos, deportaciones masivas, inmigrantes atrapados en las calles montados en aviones militares, encadenados, con los ojos vendados hacia sus países de origen, mientras crecen las cárceles privadas para los detenidos os en cárceles donde la crueldad rompe también límites.
Ante las primeras muertes por la represión policial a lo que se agregó la intervención militar ordenada por Trump, surgieron las grandes movilizaciones de las víctimas, a lo que se fueron sumando pobladores de todos los sectores sociales del país vecinos, universidades, trabajadores, intelectuales, referentes académicos y culturales , a los que ahora el gobierno califica como movimientos “extremistas”. Como también lo ha hecho el presidente y sus funcionarios más cercanos en sus ataques contra medios de prensa y periodistas.
El Departamento de Estado decide que estas protestas son parte del resurgimiento del “terrorismo de izquierda, y de organizaciones y extremistas cuando están dentro del marco constitucional de Estados Unidos es una grave amenaza para regresar a los tiempos del macartismo, trasladando la responsabilidad nada menos que a Cuba.
Rubio lo ha expresado con precisión : “Durante demasiado tiempo, nuestra doctrina antiterrorista ha tenido un punto ciego, un punto ciego cuando se trata de la violencia extremista (..) Incluso hoy en día, la sola idea de que el terrorismo de extrema izquierda pueda ser una amenaza grave es tratada como un delirio febril de la derecha o, peor aún, como una peligrosa conspiración fascista. Es tratado de esta manera por muchos en la prensa, por muchos en la academia y en nuestras universidades, y por muchas de nuestras instituciones tradicionales».
A lo largo del documento-libro se desarrolla toda clase de argumentaciones para demostrar que el papel de Cuba supera a todo lo que el campo socialista y de las grandes potencias ha realizado para “imponer” el comunismo al mundo.
Concluye que “el ataque de Cuba contra Estados Unidos nunca fue, en el fondo una disputa sobre política económica, soberanía o incluso la propiedad de un territorio concreto. Fue una revolución contra la propia civilización occidental librada en arte mediante novedoso e insidioso método de persuadir a los hijos de occidente para que se volvieran contra su propio legado”y que
Añade que “esa es la campaña que (Fidel) Castro lanzó en 1959, y es la campaña que sus herederos siguen librando y en las instituciones de izquierda estadounidense moderna, en sus universidades y organizaciones sin ánimo de lucro, en sus movimientos callejeros y en sus medios de comunicación esa campaña ha tenido un éxito que sus fundadores difícilmente podrían haber imaginado”.
Sostiene que “el método del régimen nunca se basó primordialmente en la guerra asimétrica aunque no se privaba de utilizar la violencia y el terror, cuando convenía a sus intereses, era más sutil y mucho más peligroso atacar a los Estados Unidos no desde afuera sino desde adentro, convertir a los estadounidenses en instrumentos de la perdición de su propia nación”.
Es válido preguntarse cómo el mundo no se dio cuenta nunca de semejante poder que trasciende toda imaginación, de cómo los pobrecitos estadounidenses nunca supieron que estaban sometidos a semejante poderío que surgía de esa islita del Caribe, que los reducía a ellos a la nada.
Y de cómo no entendieron los poderosos países del “occidente” que estaban sometidos a semejante poder imperial cuya sede estaba en un país tan pequeño y además caribeño, con todo el encanto que tiene su “pérfida” cultura, sus canciones, su ritmo, donde la población resiste todas las tempestades, sitios de guerra y otras no menores.
Como remate Rubio y sus “intelectuales” nos advierten que “confundir la pobreza de Cuba con la ofensiva de la inofensiva es malinterpretar completamente la amenaza. Su debilidad material nunca fue la medida de su peligro. Su poder siempre fue ideológico, subversivo y parasitario y ha demostrado ser notablemente duradero superando al imperio soviético que ayudó a construir e injertarse en cada nuevo enemigo de los Estados Unidos, que ha sido desde entonces. Hoy sirve como tejido colectivo de una coalición más amplia, un escenario donde las ambiciones de Moscú, Pekín y Teherán convergen con los movimientos radicales que operan al interior de nuestras propias fronteras”.
Un poder sobre tantos poderes y una sutileza de planteos al destacar que los cubanos se disfrazarían de pobres ante el mundo para que no sospecharan que en realidad su país era el imperio más poderoso de la humanidad.
El documento del Departamento de Estado analizado en su conjunto puede leerse como una novela negra o una farsa delirante, donde Cuba se convierte de víctima a victimario tan poderoso que el destino del mundo está en sus manos y nadie se había enterado. ¿Delirio o infinita decadencia?
No olvidar nunca que Estados Unidos de América (del Norte) conformado por 50 Estados, cada uno de los cuales puede ser un país en el mundo, que cupa una superficie de 9.833.517 km2 de territorio y una población de 349 millones habitantes y que Cuba a 90 millas de distancia es una isla cuyo territorio tiene 109.884 Km2 y sólo 10 millones de habitantes.
Esto da la pauta de la inconmensurable diferencia entre ambos lo que indica la cobardía decadente del imperio que amenaza al pueblo de una isla rodeada por las aguas del Mar Caribe por donde navega desde agosto de 2025 parte de la IV flota norteamericana con las más poderosas armas de últimas tecnología, amenazando a Cuba y a Nuestra América toda .
