18/05/2016 Este jueves 19 de mayo se cumplen 121 años de la muerte del político, filósofo y poeta cubano José Martí, que impulsó la revolución democrática y popular hacia la independencia de Cuba contra el dominio español LATINOAMÉRICA CUBA SOCIEDAD YOUTUBE
A propósito de la celebración de los cien años del nacimiento del comandante Fidel Castro Ruz, y en el contexto de acontecimientos trágicos como la agresión militar a la República Bolivariana de Venezuela, y el secuestro de su presidente constitucional, Nicolás Maduro Moros, así como la amenaza imperialista que se cierne sobre Cuba, es pertinente destacar el legado de José Martí y su vigencia plena en este siglo XXI.

José Martí nutrió a los jóvenes dirigentes del Movimiento 26 de Julio, no sólo de un profundo sentimiento patriótico, sino también, su pensamiento y su ejemplo de combatiente muerto en campaña, constituyeron un venero de enseñanzas en torno a la lucha por la independencia nacional, el principio unitario antiimperialista de una organización en ciernes frente al enemigo principal, la lucha contra la discriminación racial y, sobre todo, el significado de lo que Nuestra América representa frente al Destino Manifiesto y la Doctrina Monroe.

La dirigencia de la Revolución Cubana se formó y tomó conciencia política a partir de Martí, logrando la continuidad histórica de un proceso que transcurre, paradójicamente, entre la última jornada anticolonial del siglo XIX en América y la primera revolución socialista en este continente. Justo es afirmarlo: el triunfo del pueblo cubano sobre el tirano Batista y los imperialistas que lo respaldaban es la expresión cabal de la continuidad y el enriquecimiento de la herencia martiana.

Pero Martí, en su grandeza y profundidad, no puede ser limitado a las fronteras de la patria cubana; pertenece a los pueblos del mundo y, en particular, a los pueblos latinoamericanos que hoy siguen luchando, pese al terrorismo de Estado, por su segunda y definitiva independencia. Los latinoamericanos debemos conocer a Martí, estudiar su vida y su obra. En Martí encontraremos a uno de los más preclaros ideólogos de la liberación nacional, que en sus más hondos significados y postulados, en muchas direcciones siguen marcando rumbos y despertando conciencias.

Uno de los componentes más significativos del ideario martiano es su concepto de patria, mismo que los sectores políticos han contaminado tanto, que para muchos ha dejado de tener valor. Incluso desde posiciones de izquierda se ha sembrado confusión, contraponiendo equívocamente, por ejemplo, al internacionalismo con el patriotismo. Basta recordar el certero comentario de Julio Antonio Mella para zanjar esta errónea dicotomía: “no es necesario para ser internacionalista odiar el suelo en que se nace, olvidarlo, despreciarlo y atacarlo. Así afirman estúpidamente las plumas reaccionarias y mercenarias que somos los internacionalistas de hoy, los revolucionarios del proletariado. No, internacionalismo significa, en primer término, liberación nacional del yugo extranjero imperialista y, conjuntamente, solidaridad, unión estrecha con los oprimidos de las demás naciones.”

Para Martí, el amor a la patria se liga estrechamente con la lucha por la liberación, como escribe en su célebre poema Abdala: “El amor, madre a la patria, / no es el amor ridículo a la tierra. / Ni a la yerba que pisan nuestras plantas. / Es el odio invencible a quien la oprime, / es el rencor eterno a quien la ataca. / Y tal amor despierta en nuestro pecho / el mundo de recuerdos que nos llama / a la vida otra vez…/”.

Este patriotismo de Martí no se fundamenta exclusivamente en sus posiciones anticoloniales y antiimperialistas. Su preocupación por la patria iría más allá del nacionalismo. A Martí le preocupaba, igualmente, el orden interno de la nación, la situación en la que vivirían las masas populares con las que siempre se identificó. “Con los pobres de la tierra, quiero yo mi suerte echar.” De aquí que exprese con claridad: “el patriotismo es un deber santo, cuando se lucha para poner la patria en condiciones de que vivan en ella más felices los hombres”. Para Martí, la lucha patriótica se expresa en la unión estrecha entre los fines nacionales y sociales del movimiento liberador. En este contexto es perfectamente comprensible que Martí comentara: “La revolución no es la que vamos a iniciar en las maniguas, sino la que vamos a desarrollar en la República”. Asimismo, el Apóstol no caía en las perspectivas estrechas del chovinismo, “patria es humanidad”, afirmaba.

Igualmente, el pensamiento martiano mantiene una diáfana posición contra el racismo y toda forma de etnocentrismo. De aquí que expresara: “El hombre no tiene derecho especial porque pertenezca a una raza o a otra; dígase hombre y ya se dicen todos los derechos. Todo lo que divide a los hombres, todo lo que aparta, especifica o acorrala, es pecado contra la humanidad. Hombre es más que blanco, más que mulato, más que negro. Dos racistas serían igualmente culpables: el racista blanco y el racista negro”.

Asimismo, consideraba que “O América sale con su indio o no sale”, preocupado por su incorporación a la lucha revolucionaria como una importante fuerza motriz.

Fuente: La Jornada

Por REDH-Cuba

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