Cuba inició este martes 1ro. de septiembre el curso escolar. Es una necesidad, un imperativo.
Fuente: CubaSi
Contra todos los obstáculos, en una situación particularmente compleja que afecta todos los ámbitos de la vida nacional, Cuba inicia este martes 1ro. de septiembre el curso escolar. Es una necesidad, un imperativo. No se puede renunciar a que las aulas abran sus puertas, aun cuando las condiciones económicas sean particularmente difíciles. Suspender o aplazar no puede ser la opción: comprometería el presente y, en buena medida, el futuro del país.
La educación es uno de los pilares de cualquier sociedad y preservarla, precisamente cuando las circunstancias más aprietan, es una responsabilidad que no admite renuncias.
El curso comienza bajo el peso de dificultades concretas: la disponibilidad de maestros, las limitaciones materiales para garantizar los medios básicos de enseñanza y los problemas del transporte. Estos últimos adquieren particular relevancia a medida que aumentan las distancias entre los hogares y los centros de estudio. Si en la primaria y la secundaria la cercanía suele ser una ventaja, en la enseñanza media y superior puede convertirse en un problema cotidiano.
Habrá que enfrentar esas carencias con sacrificio, laboriosidad, inventiva y creatividad, pero con un propósito que no debe perderse de vista: afectar lo menos posible la calidad de un proceso que ya enfrenta demasiados desafíos.
Será necesario, por tanto, aprovechar todas las alternativas disponibles. La presencialidad debe continuar siendo el eje de la formación, pero puede complementarse con recursos virtuales y modalidades híbridas allí donde las circunstancias lo hagan necesario. La flexibilidad, no obstante, no puede convertirse en permisividad. Habrá que controlar el cumplimiento de los programas, preservar los contenidos esenciales y garantizar los requisitos básicos de cada nivel de enseñanza.
También la evaluación deberá responder a ese principio: adecuar procedimientos a las circunstancias no significa rebajar las exigencias ni renunciar al rigor.
Pero sostener la educación no es responsabilidad exclusiva de quienes trabajan en las escuelas y universidades. En tiempos difíciles, la sociedad entera debe comprender qué está en juego. Familias, instituciones, comunidades y medios de comunicación pueden y deben contribuir a que ningún estudiante quede desconectado de su proceso formativo.
Comenzar el curso escolar es, ciertamente, un acto de esperanza. Pero es, sobre todo, un acto de responsabilidad social: la decisión de proteger, aun en medio de las dificultades, aquello que determinará buena parte del país que tendremos mañana.
