En marzo de 1967 se instalaron en Bolivia una veintena de hombres de las fuerzas especiales estadounidenses de contrainsurgencia, algunos de ellos trasladados desde Vietnam del Sur. Hacían parte de los Equipos Móviles de Entrenamiento (Mobile Training Team). Serían los encargados de organizar y entrenar un batallón de “cazadores” de selva, cuerpo de elite también conocido como “Rangers”…

Estaba al frente de ellos el mayor Ralph “Pappy” Shelton, veterano de la guerra en Corea y de las operaciones especiales clandestinas en Laos y Vietnam. Shelton decidió que una buena parte de los reclutados debería provenir de los indígenas quechuas. Según este militar, el conocimiento del terreno, la lengua y la idiosincrasia, facilitaría la relación y la colaboración con la población rural. Además, Shelton sostenía que los quechuas resistían más que los indígenas aymara a los rigores de la selva. (1)

Paralelamente al grupo de Shelton llegaron Félix Rodríguez Mendigutía y Gustavo Villoldo Sampera, de origen cubano, operarios de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, CIA. A ellos se unió Howard Hunt, uno de los hombres clave de la CIA en el derrocamiento del presidente guatemalteco Jacobo Arbenz, en junio de 1954. Durante el «Proyecto Cuba », que preparó la fallida invasión a Cuba por Playa Girón, abril de 1961, Hunt fue el responsable de organizar el “Gobierno provisional Cubano”. También estuvo Antonio Veciana Blanch, de origen cubano, quien trabajaba en la embajada estadounidense en La Paz como funcionario de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (United States Agency for International Development, USAID), institución dependiente del Departamento de Estado, y mano derecha de las acciones de la CIA en el exterior. Veciana había sido uno de los principales contactos entre la CIA y la mafia de la “Cosa Nostra”, cuando el presidente John F. Kennedy autorizó esa “relación” con el objetivo de asesinar a Fidel y Raúl Castro, así como al Che Guevara. (2)

Unos y otros estaban en Bolivia para perseguir, capturar o dar de baja al Che Guevara. La CIA no había podido cumplir el objetivo en el Congo. El 24 de abril de 1965 el Che había llegado a Tanzania con un pequeño grupo de cubanos. De ahí pasó al Congo, haciendo contacto con los rebeldes que combatían al dictador Joseph-Désiré Mobutu, quien contaba con el apoyo militar de estadounidenses y europeos. El Che fue hasta el Congo porque el dirigente Laurent-Désiré Kabila le había pedido asesoramiento en técnicas de guerrilla a la dirigencia cubana. El revolucionario y sus hombres se retiraron del Congo en noviembre, en acuerdo con los rebeldes.

El Che había llegado al país andino en noviembre de 1966 con un pasaporte uruguayo, y bajo el nombre de Adolfo Mena González. Pocos días después se incorporaría a la incipiente guerrilla existente. La intención era consolidar un movimiento rebelde que iniciara la expansión de los procesos de liberación por América del Sur.

Casi un año antes, el 3 de octubre de 1965, en el acto de constitución del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, Fidel Castro había leído la emotiva carta de despedida que el Che le hiciera, y donde renunciaba a todos sus cargos oficiales que le había encomendado la naciente Revolución. “Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos. Yo puedo hacer lo que te está negado por tu responsabilidad al frente de Cuba y llegó la hora de separarnos. Sépase que lo hago con una mezcla de alegría y dolor, aquí dejo lo más puro de mis esperanzas de constructor y lo más querido entre mis seres queridos […] En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario de mi pueblo, la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes; luchar contra el imperialismo dondequiera que esté; esto reconforta y cura con creces cualquier desgarradura. Digo una vez más que libero a Cuba de cualquier responsabilidad, salvo la que emane de su ejemplo […]”.

La orden de enviar a este equipo para “cazar” al Che, se había dado después que la CIA obtuviera las fotos realizadas desde un avión espía, tipo U-2. Este “pájaro invisible” había realizado sus primeros vuelos en 1956. Su existencia saltó a las primeras páginas de la prensa mundial el primero de mayo de 1960, cuando los soviéticos abatieron un ejemplar sobre su territorio, causando una gran tensión entre las dos naciones. Dos años después, el 14 de octubre, sería una de estas naves la que tomaría las fotos sobre Cuba que desencadenarían la llamada Crisis de los Mísiles. El U-2 gozaba de gran prestigio por su capacidad para realizar fotografías del terreno, hasta volando a una altura de 20 kilómetros. Sus cámaras estaban equipadas de un sistema de detección tipo infrarrojo, que imprimía la menor radiación térmica sobre una película ultra-sensible.

Este avión no fue el único medio al cual acudió el equipo especial estadounidense para ir localizando con exactitud la columna guerrillera del Che. Si importante fue la información obtenida de algunos tránsfugas y capturados -quienes denunciaron voluntariamente o bajo tortura-, se contó con la vigilancia de otros aviones. Durante el día, naves alquiladas por la CIA, que se camuflaban entre aquellas de las empresas petroleras y de gas, vigilaban toda la parte meridional de Bolivia: desde Santa Cruz, hasta la frontera con Brasil, Paraguay y la Argentina. (3)

Al tener la certeza de que quien comandaba la columna guerrillera era el Che, otra sección de la CIA puso su aporte a los operarios sobre el terreno: el Estudio Psiquiátrico Personal (Psychiatric Personality Study, PPS), del dirigente revolucionario. Como hace la CIA con toda persona que pone bajo su lupa en el mundo, el contenido del PPS del Che incluía las investigaciones de sicólogos, psiquiatras, periodistas, etcétera, sobre su presunta personalidad y comportamiento desde la niñez, que incluye posibles enfermedades y hasta “gustos” sexuales.

La importancia estratégica de capturar o asesinar al Che se demostró el 9 de abril de 1967. Ese día, como en pocas ocasiones, se congregaron en la Casa Blanca altos responsables civiles y militares trabajando sobre América Latina, con el fin de debatir los pasos a seguir. Por el Pentágono estuvieron presentes el general jefe del Estado Mayor del Ejército y el comandante del Comando Sur, acompañados de sus jefes de las tropas de intervención e investigación. Por la Casa Blanca y el Departamento de Estado se hicieron presentes el Secretario de Estado adjunto para los asuntos regionales, un consejero del Consejo Nacional de Seguridad, y varios asesores. Encabezaron la reunión el Secretario de Estado, Dean Rusk, y Richard Helms, jefe de la CIA.

El eje de la zona de combate se situó cerca al río Ñancahuazu. Rodríguez Mendigutía y Villoldo Sampera dirigieron a los efectivos bolivianos. Herido en combate, el Che fue capturado el 8 de octubre de 1967, y asesinado al día siguiente al interior de la humilde escuela de La Higuera, en estado de total indefensión.

Años después, Rodríguez Mendigutía se vanagloriaba de haber sido el último estadounidense y el último cubano en ver vivo al Che. Sería él quien transmitiera a un sargento boliviano la orden de disparar sobre el guerrillero, llegada desde Washington. En su actual casa, un verdadero bunker situada en la zona de Miami, tiene su “museo” personal donde exhibe el reloj Rolex en acero y la pipa que le robara al Che. Algunos detalles de las acciones que desarrolló durante esta operación los describió en un informe a la CIA, desclasificado en 1993. (4)

Cumpliendo el designio de Washington, Gustavo Villoldo Sampera se encargó de enterrar secretamente al Che, con la intención de “evitar que La Habana venerara sus restos como un monumento a la revolución.” (5)

Lo que de todas maneras no pudo evitar, sino todo lo contrario: el Che se convirtió en uno de los símbolos más grandes de la lucha revolucionaria por la libertad, en la historia de la humanidad.

Como tampoco pudo evitar que el Che regresara a Cuba. El 28 de junio de 1997, un grupo de expertos cubanos y argentinos había descubierto una fosa común en Vallegrande, Bolivia, la cual contenía sus restos y los de otros 6 guerrilleros. El 12 de julio fueron trasladados a Cuba, y recibidos por sus familiares y todo el pueblo de Cuba, en medio de una ceremonia sencilla pero inmensa. Hoy ellos reposan en el mausoleo de la Plaza Ernesto Che Guevara de Santa Clara.

En 2007 una librería de Texas fue la sede de una subasta realizada por Villoldo Sampera. Lo ofertado eran las huellas digitales del Che y un mechón de pelo que cortó al cadáver, así como mapas de la misión de detección y captura. Esperaba obtener medio millón de dólares. Aunque la gran prensa mundial hizo eco de ello, debió vender sus “trofeos” a un único ofertante por 100.000 dólares. Muchos opinaron que poseerlos les traería mala suerte.

Notas

1) Gillet, Jean-Pierre. Les bérets verts. Les commandos de la CIA. Albin Michel. Paris, 1981.

2) Informe de la Comisión espéciale presidida por el senador Frank Church: “Alleged Assassination Plots Involving foreign Leaders.” An Interim report of the Select Committee to Study Governmental Operations With Respect to Intelligence Activities United States Senate Together UIT Additional, Supplemental, and Separate Views. November, 1975. U.S. Government printing office 61-985. Washington, 1975.

3) Jean-Pierre Gillet. Ob.cit.

4) http://www.gwu.edu/ nsarchiv/NSAEBB…

5) El Nuevo Herald, “Villoldo : Yo enterré al Che” Miami, 21 septembre 1997.

Fuente: Le Club de Mediapart

Por REDH-Cuba

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