Aunque las naciones capitalistas desarrolladas han querido desestimar el empuje político-económico que ha tenido el grupo BRICS, sobre todo después de celebrada su XV Cumbre en Sudáfrica, no cabe dudas de que tras el “terremoto” que significó su creación hace 14 años y la reciente ampliación de su membresía, los hechos están provocando un verdadero “tsunami” para la debilitada hegemonía occidental.

Durante tres días sesionó la Cumbre en Johannesburgo con los miembros fundadores del Grupo, Brasil, Rusia (el presidente Vladimir Putin lo hizo por videoconferencia), India, China y Sudáfrica. Además asistieron más de 40 delegaciones de alto nivel invitadas.

Al final del evento, los mandatarios del BRICS acordaron aceptar a Argentina, Arabia Saudita, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía e Irán como miembros plenos del organismo a partir del primero de enero de 2024.

Asimismo se anunció que el BRICS está abierto para admitir a nuevos candidatos que como regla principal no acepten medidas económicas coercitivas por parte de ningún país, y se aprobaron procedimientos para los futuros ingresos.

Como se conoce, otra veintena de naciones están interesadas en integrarse a este Grupo que ya trabaja por impulsar un real nuevo orden mundial multilateral y dejar atrás el unipolarismo que Estados Unidos alcanzó tras la desintegración de la Unión Soviética.

En el corolario del organismo se unen criterios políticos y económicos pues a la par que se impulsa el desarrollo comercial, social y económico de los países, se desechan acciones coercitivas, sanciones, extorsiones financieras y se apuesta por la unidad y la cooperación con los países en desarrollo.

Con la ampliación del Grupo a partir de 2024, sus participantes representarán el 46% de la población del planeta; el 37,6% del Producto Interno Bruto mundial; el 38,3 % de la elaboración industrial y el 80% de la producción de petróleo, elementos fundamentales para la búsqueda de un mejor equilibrio en el orden internacional.

En ese contexto, Washington y varios de sus seguidores europeos restaron importancia a la expansión del Grupo y han señalado que continuarán trabajando con sus aliados.

En el fondo, Washington comprende que el BRICS forma un conglomerado que irá tomando fuerza en la arena internacional y que se está convirtiendo en un fuerte contrincante para sus ansias por mantener su ya decaída hegemonía en el orbe.

En ese sentido, resulta muy interesante las declaraciones del destacado economista estadounidense Jeffrey Sachs, al semanario suizo Die Weltwoche donde enfatizó que “Estados Unidos está mostrando una obstinada resistencia a no aceptar la realidad de un planeta multipolar pues ya estamos en un mundo post estadounidense y post occidental, en uno verdaderamente multipolar donde los países del BRICS son más grandes que los del G-7 y Washington no acepta esa transición”.

Y no deja de tener razón Sachs porque si en 1992 el G-7 (Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Canadá y Japón) tenía una participación del 45% del PIB mundial, y los entonces cuatro del BRIC solo el 16%, los números han cambiado. En 2023 el G-7 representaba el 30 % del PIB del orbe, mientras los BRICS (Sudáfrica se unió en 2011) el 31,5%.

Otro punto destacado durante el cónclave fue la aceptación unánime de impulsar los intercambios comerciales mediante sus monedas nacionales sin las imposiciones del dólar, lo cual mejorará el bienestar y desarrollo de sus economías al no tener que enfrentar políticas financieras agresivas.

Datos oficiales indican que el pasado año solo el 28,7% de las operaciones de importación y exportación del BRICS se efectuaron mediante el billete verde.

El Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) del Grupo tendrá un papel relevante en el fortalecimiento de las economías, al facilitar empréstitos suaves sin imponer medidas coercitivas, lo que resulta una alternativa completamente opuesta a los instrumentos financieros obsoletos del mundo unipolar que como el FMI y el Banco Mundial han provocado la caída de disímiles gobiernos de países en desarrollo y como consecuencia elevan el hambre entre sus habitantes.

O sea, el NBD permite a las naciones acceder a mercados internacionales, financiamiento para inversiones, sin condicionamientos políticos, ni padecer sanciones, ni intimidaciones militaristas.

Al observar este panorama, el nerviosismo que sobrevuela dentro de esas naciones ricas es elevado porque ven como las transacciones con la hasta ahora moneda de reserva mundial, el dólar, se han ido debilitando y a la par toma fuerza un mundo multipolar que puede dar al traste con la hegemonía económica y política que han ejercido Estados Unidos y las naciones occidentales más desarrolladas.

(*)  Periodista cubano. Escribe para el diario Juventud Rebelde y el semanario Opciones. Es el autor de “La Emigración cubana en Estados Unidos”, “Historias Secretas de Médicos Cubanos en África” y “Miami, dinero sucio”, entre otros.

Fuente: CubaenResumen

Por REDH-Cuba

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