En Uruguay solemos decir, que si alguien cuestiona la legitimidad de la lucha por saber el destino de los de detenidos desaparecidos y la responsabilidad de militares, policías y civiles durante el terrorismo de estado, no tenemos diferencias políticas, sino diferencias de concepción sobre la humanidad.
En el plano internacional y geopolítico, podemos decir que las diferencias en cuanto a la libre autodeterminación de Cuba sobre su destino, que viene resistiendo desde hace mas de medio siglo, podemos afirmar lo mismo, agregando incluso, que aceptar el bloqueo y la posible invasión militar de la mayor de las antillas, nos genera diferencias, además sobre el concepto de humanidad, éticas.
Hasta el momento la historia ha demostrado que ninguna de las sociedades donde cultural, política y/o militarmente Estados Unidos, ha impuesto su «democracia», haya representado un avance y mejora para sus pueblos.
Si se toma en cuenta además, la actual situación que esta atravesando el pueblo estadounidense a partir del gobierno de Donald Trump, los convido para el temblor.
De todas maneras, con Trump o sin Trump, con Nixon o sin él, con Reagan o sin él, con Obama, Kennedy, o Biden, incluso yéndonos en tiempo hasta Monroe, el estilo de vida estadounidense nunca trajo felicidad para los pueblos del tercer mundo.
Es que América Latina y el Caribe representan para la concepción yanquee, la fuente natural de recursos y antes de Trump, la mano de obra barata para ejercer los servicios y tareas que los ciudadanos estadounidenses no querían asumir.
¿Era mejor la Cuba de Fulgencio Batista?
Todo parece indicar que no, incluso para los propios estadounidenses que en su momento veían en aquel régimen sanguinario y empobrecedor, una dificultad para sus intereses.
Sin embargo, el «dibujo» de un gobierno que se ofrece distinto al de la revolución, el que bosqueja desde hace años la oposición desde la Florida, no es distinto al de Batista.
Trump, empresario exitoso al fin de cuentas, lo sabe, por eso su único objetivo, es involucrarse en éste sanguinario capricho de Marco Rubio, en ésta guerra ideológica contra Cuba, sabiendo que después del gobierno revolucionario que hoy conduce Díaz Canel, no hay nada.
El forúnculo en la nalga
Cuba molesta no sólo a los intereses yanques; molesta porque su terca revolución que viene resistiendo años de bloqueo económico, que ha desbaratado miles de atentados, que se ha sobrepuesto a la muerte de su principal líder, Fidel Castro, esta enraizada en una dimensión ética y profundamente humanista.
Cuando los deseos de los paladines del neoliberalismo era que Cuba fuera arrastrada por los escombros del derrumbe del socialismo del este, del llamado socialismo real, Cuba soportó los cimbronazos.
Cuando en buena parte de América Latina campeaban los Chicago Boys, Cuba rectificaba y retomaba le camino, hasta que una ola de gobiernos progresistas y de izquierda, dieron el oxigeno posible y necesario.
Hay en el acto de resistencia (Necio dice Silvio) una actitud ética; un devaluado concepto de honorabilidad, pero también de quijotesco sentimiento de integridad.
La coherencia, integra, el honor de un pueblo que no acepta el vejamen de renunciar a su autodeterminación, de no doblegarse ante el paraíso de parnaso, es el forúnculo en la nalga del imperialismo, porque ninguna de esas cosas, perecen de bala o de bloqueo económico.
Hay una enorme dimensión épica en las cubanas y los cubanos, convertidos en millones de mujeres y hombres dispuestos a enfrentar con «rudimentario» armamento militar, comparado con el poder de fuego y destrucción yanquee.
Ojalá la comunidad Internacional sea capaz de honrar el coraje de un pueblo dispuesto a resistir, y no apruebe con su silencio e inmovilidad, otro crimen contra la especie humana; ojalá se contagie de dignidad y sea capaz de sobreponerse a los herrumbrados mecanismos de sus organismos internacionales, esos que crujen como una afrenta, los desgastados rulemanes que chirriaron ante el ataque militar a Venezuela y la guerra contra Irán.
Quizás sea cierto, que en dar la batalla cultural que los revolucionarios del mundo no parecen ir jerarquizando, la revolución cubana ha perdido con el paso de su tiempo su capacidad de contagio, pero en todo caso, ha sido el germen de ciertos escépticos que han ganado en los débiles caracteres de algunos vacilantes, y no en el porfiado pueblo que se erige en razón de ser.
Lo que ellos también deben asumir, es que después de la revolución en Cuba, lo que sobreviene es la nada.
El ron en el barlovento
Si la barbarie imperialista logra ahogar en sangre a la revolución, por supuesto que no lo harán sobre la promesa de hacer de Cuba, tierra arrasada.
El viento traerá una alcohólico aliento con sabor a ron (para engañar a incautos), los seres humanos volverán a ser mercancía y la prostituida dimensión humana prevalecerá fuera y dentro de los cabaret, los cubanos o y cubanas verán pasar por delante de sus narices en manos gringas, su azúcar, su cobalto, sus riquezas naturales que no se les permitió explotar por años de bloqueo.
Le llamarán democracia a un impopular sistema electoral que pondrá en la presidencia a un títere, a un gerente, a un capataz administrador de los intereses del imperialismo.
La nada mismo desde el punto de vista del derrotero de la especie humana que ya sufren nuestros pueblos del sur, la dictadura del capital que permite el «libre albedrío» de elegir cada tantos años según un contrato establecido, dignos representantes de las oligarquías nativas, o los posibles progresismos aún embriagados de las bondades de la socialdemocracia tercermundista.
El faro del fin del mundo
A pesar del bloqueo, del inminente ataque militar contra la revolución, por lo antedicho, Cuba sigue siendo el «faro del fin del mundo».
Las derechas vienen avanzando en el continente; electoralmente ganaron en Bolivia, Perú, Honduras, Chile, Argentina, Ecuador, en varias islas del Caribe y Venezuela fue agredida militarmente y su presidente sigue bajo cautiverio.
Los revolucionarios y revolucionarias del mundo tienen por éstas horas una tarea fundamental, urgente.
Una tarea de ayuda memoria para todos los pueblos y gobiernos que han recibido la solidaridad de las Brigadas Cubanas de médicos, educadores, ingenieros, etc., bajo la digna consigan de que «la solidaridad no se agradece, se retribuye».
Hay una tarea de denunciar la masacre posible o la quirúrgica violación una vez mas de las reglas de juego internacionales, como hicieron con los asesinatos de pescadores en el mar caribe y el pacifico, o el secuestro del presidente Maduro y los mas de cien asesinados en Venezuela.
Deben tomarse las medidas que abran brechas en el inhumano bloqueo, que dote de la energía necesaria para que el pueblo cubano, sus niños, niñas y ancianos no mueran en hospitales sin electricidad, y educarse, alimentarse, abrigarse, amarse no sea apenas una esperanza posible cada nueva jornada.
Nuestra especie esta siendo en estos momentos cuestionada en su esencia ante las actitudes del imperialismo estadounidense; el genocidio en Gaza ha sido el laboratorio de hasta donde esta dispuesto a llegar el fascismo sionista y yanque.
El pueblo iraní viene resistiendo y devolviendo los golpes recibidos, una capacidad de respuesta que no todos los pueblos han logrado desarrollar.
Hay que alzar la voz y decirlo temporalmente: luego de Cuba, no hay nada.
Fuente: Blog del autor
