El 10 de octubre de 1868 José Martí Pérez tenía cumplidos 15 años, y ya sus inquietudes revolucionarias les habían agenciado no pocos problemas para él y su familia, la gesta libertaria que iniciaba Carlos Manuel de Céspedes en el otro extremo de la isla, por azar o destino tendría su continuidad más exitosa gracias a la gestión organizadora de Martí para el levantamiento del 24 de febrero de 1895.

El reinicio de las luchas por la independencia de Cuba 27 años después de las primeras cargas se había convertido en la razón de vida del escritor, diplomático, poeta y porque no, militar habanero quien identificó los escoyos que habían que sortear porque condujeron durante varias contiendas y generaciones de combatientes, al fracaso.

La desunión entre los principales jefes, las diferencias a la hora de organizar las competencias de los mandos militares y civiles en tiempo de guerra, el regionalismo, el caudillismo, el racismo e incluso los objetivos estratégicos respecto a las relaciones con España o Estados Unidos una vez concluía la contienda a favor de los cubanos, estaban entre esas dificultades.

No por gusto el prolífico cubano dedicó gran parte de su intelecto a definir conceptos como Unidad, Patria, Nación, Independencia entre otros, para los que utilizó no solo sus prosas, versos y aguda oratoria para difundirlos, sino que creo “Patria” un medio de prensa como instrumento necesario en la difícil tarea de llevar a líderes y combatientes a un nivel de pensamiento en Cuba, superior al que los había impulsado a contiendas anteriores.

El trabajo con los emigrados cubanos en el exilio, la recolección de armas y pertrechos en los Estados Unidos, las colectas de dinero para apoyar la causa, la identificación y advertencias sobre las verdaderas intenciones de Estados Unidos respecto a Cuba y su posible influencia en el resto de América Latina, todo formaba parte del esfuerzo por realizar el gran sueño.

También las cartas de Martí a Máximo Gómez y Antonio Maceo, el Manifiesto de Montecristi y el posterior desembarco de los próceres al sur de la isla, todo el esfuerzo más allá de las posibilidades físicas humanas era porque el objetivo del alzamiento del 24 de febrero trascendía a Cuba y aspiraba a, como dijera el propio Martí: “…de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América.”

Tanta pasión, sacrificio de Martí, y tanta entrega hasta la última capacidad de su cuerpo para aguantar un impacto de bala en Maceo y la constancia del anciano, del Generalísimo, Máximo Gómez, quien llevó la solidaridad y el internacionalismo a una escala difícilmente comparable hasta hoy, hacen de la contienda del 95 o la Guerra Necesaria, un suceso de gran importancia, militar, política e histórica para Cuba.

Cuando celebramos el 129 aniversario de ese sueño hecho realidad para nuestros próceres, mambises y en particular para el Héroes Nacional de Cuba, estamos honrando a nuestra única Revolución, la sangre que se derramó para que continuara en 1895 y el sacrificio para que continúe hoy cuando sigue siendo la Unidad “la niña de los ojos” para los cubanos.

 

Por REDH-Cuba

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