La Generación del Centenario del Apóstol de la Independencia de Cuba, José Martí, con conciencia política de que lo era, nació entre la segunda y tercera décadas del siglo XX en Cuba. Eran jóvenes de entre 20 y 30 años, sin sumar notables excepciones, como tres que  sobrepasaban los 40 años, como es el caso de Manuel Rojo (49), el mayor de todo el contingente “moncadista”, y los de Pablo Agüero y Ulises Sarmiento (17 años), los más jóvenes de todos los asaltantes al cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1953.

En cambio, la Generación del Centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz es superior, en cantidad, más de 6 millones de personas, de 17 o más años, si tomamos como referencia válida y legítima la cifra de los firmantes “Por la Patria”, que se dio a conocer al mundo el pasado Primero de Mayo. O sea, la membresía de compatriotas opuestos al bloqueo económico, comercial, financiero y energético contra Cuba, en contra de la guerra (y las amenazas de guerra), por parte de los Estados Unidos y a favor de la paz con independencia, soberanía y autodeterminación nacionales, sin miedos y disposición a morir si fuera el precio a pagar por preservarlas para nuestro pueblo.

A la Generación del Centenario de Fidel le ha correspondido no dejarlo morir en el momento más crucial de la Revolución, toda vez que la población mayoritaria de esta Generación, no vivió con conciencia ni militancia combatientes las dos primeras décadas de la Revolución triunfante en 1959, en las que enfrentamos con más crudeza el terrorismo de Estado, una invasión militar mercenaria y la posibilidad de desaparecer de la faz de la Tierra tras una crisis de misiles nucleares.

Esta Generación vive, lucha y resiste creadoramente en medio del reforzamiento inimaginable e inhumano del Bloqueo genocida yanqui. Asistimos, en tiempo de descuento, a un probable y posible ataque militar de la potencia bélica más corrupta y asesina de la Historia, émula de la nazi-fascista de Hitler.

Tiene delante esta Generación, la oportunidad de trascender en la Historia nacional y universal, y legar a las futuras generaciones de cubanas y cubanos, el legítimo orgullo de no aceptar doblegarse ante un imperio extranjero, como no lo hicieron nuestras madres y nuestros padres fundadores de la Patria, desde Mariana y Carlos Manuel, hasta sus mejores hijos, Fidel, Vilma y Díaz-Canel. Esta sigue siendo nuestra lucha por la independencia, ya alcanzada, y jamás vuelta a someter o arrebatada; esta es nuestras luchas obreras, campesinas y estudiantiles que lideran los nuevos Mella, Villena, Guiteras, Menéndez; este es nuestro Moncada, nuestro Granma, nuestra Sierra Maestra, nuestro Girón, nuestras gloriosas y victoriosas misiones internacionalistas en África; esta es la defensa de la Obra que nuestros padres nos dieron de pié y nunca de hinojos.

Se le atribuye al filósofo egipcio Ibn Jaldún la cita: “Los tiempos difíciles crean hombres fuertes. Los hombres fuertes crean buenos tiempos. Los buenos tiempos crean hombres débiles y los hombres débiles crean tiempos difíciles.” Sin embargo, la intención de la referencia no es “disquisicionar” sobre la misma, sino resaltar el hecho de que nos encontramos frente a uno de los tiempos más difíciles de la Humanidad, pero sobre todo para Cuba, para la Generación del Centenario de Fidel.

¿Por qué es un momento singularmente difícil para Cuba?

Porque el sistema de sanciones económicas y multidimensional más abarcador, prolongado, dañino y colectivo, de la Historia humana conocida, contra un pueblo, ha sido cínico, injustificado e inhumanamente reforzado.

La Administración dictatorial y fascista de los Estados Unidos enfrenta una crisis de credibilidad ante el mundo y al interior del país. Cada día más el pueblo norteamericano cree menos en ellos. Para lavar esa imagen, porque a pesar de que cuentan con el apoyo de los magnates, dueños de todos los emporios mediáticos comunicacionales del planeta, que anulan la realidad mundial y la suplantan con otra maquillada a imagen y semejanza de sus espurios intereses de clase imperialista, necesitan populistamente del “apoyo” de las masas y que al menos, las personas sean indiferentes o ignorantes de las atrocidades que cometen dentro de los Estados Unidos o en el mundo.

Y sucede que esta Administración, al igual que ocurre con la influencia del lobby sionista-israelí para las políticas en la región del Medio-Oriente, tiene en la mafia anticubana radicada, fundamentalmente, en la Florida, un lobby que ha secuestrado la política exterior norteamericana hacia Cuba. Y esta mafia ha solicitado al convicto, fascista y pedófilo inquilino de la Casa Blanca, “más presión”, incluso la agresión militar a Cuba, a cambio de votos electorales, dentro y fuera del Congreso, y mantenerlo inmune e impune ante la posibilidad real de un impeachment, si pierden las elecciones de medio término de noviembre próximo.

Mención destacada la tiene el Secretario de Estado, Marco Rubio, un mitómano que llegó al poder imperial, y se sostiene, por sus nexos con el narcotráfico y por sus intrigas hacia Cuba, logrando, hasta el momento, concebir y direccionar la “Política de Máxima Presión” hacia el país de origen de sus padres y abuelos.

Lo cierto es, que como está diseñado en sus manuales de guerra psicológica y no convencional, han armado una enorme campaña mediática, diciendo que Cuba constituye una amenaza inusual y extraordinaria para los Estados Unidos, que viola los derechos humanos de todos los cubanos, que tiene miles de presos políticos por negárseles sus derechos de libre expresión y manifestación, que somos un Estado fallido, que estamos en un colapso económico, que ellos están muy preocupados por las vicisitudes del pueblo cubano, lo cual es, como recién refería el Presidente cubano, una ironía y una falacia. ”Si están tan preocupados, que levanten el bloqueo, porque los principales problemas del pueblo cubano tienen que ver con la imposición de ese bloqueo durante tanto tiempo”.

https://www.presidencia.gob.cu/es/presidencia/intervenciones/discurso-pronunciado-en-la-clausura-del-encuentro-internacional-de-solidaridad-con-cuba/

El ataque multidimensional incluye las presiones que han ejercido contra los gobiernos para que rompan los justos, humanos y necesarios convenios de colaboración médica que Cuba ofrece de manera solidaria a más de 60 países.

Desde el 2018 comenzaron a perseguir a todos los barcos que vinieran a Cuba con petróleo, a las navieras, a las empresas comercializadoras, a los bancos que facilitaran las transacciones comerciales del crudo; pero cuando Venezuela, en diciembre, empezó a ser bloqueada desde el punto de vista energético, Cuba empezó a dejar de recibir petróleo. Y el 29 de enero del 2026, sobrevino una Orden Ejecutiva, en que tipificaba a Cuba como una “amenaza extraordinaria e inusual” y con ella la amenaza de imponer aranceles a cualquier país que, directa o indirectamente, venda o suministre petróleo a Cuba.

Cabe preguntarse: ¿qué nación del mundo, grande o pequeña, desarrollada o emprobecida,  industrializada o manufacturera; sin recibir una sola gota de combustible, sin permitírsele que los bancos internacionales, por miedo a ser sancionados secundariamente, puedan procesar los pagos por el crudo que se pretende comprar, que toda la cadena de producción, transporte, portuaria, aseguradora y comercializadora de combustibles del mundo, ante la amenaza de ver sus activos congelados en Estados Unidos, decidieran abandonar a Cuba; pudiera mantener su dignidad, su soberanía, su independencia, su proyecto de justicia social, como lo tenemos para el país y para el mundo; sin rendirse ni amedrentarse ante la agresión y el chantaje imperialista? Ese es el tiempo difícil que le ha configurado la élite imperial y fascista de los Estados Unidos a Cuba.

La magnitud del cinismo imperial es directamente proporcional a su sempiterno odio y desprecio por el pueblo cubano. Este cerco recrudecido es la creación desesperada y declarada de su impotencia ante la digna resiliencia cubana.

No hay evidencia histórica, desde la dependencia civilizatoria de las sociedades modernas a los combustibles fósiles y otras fuentes renovables o no de energías, que una sola nación, potencia o no, sin más alternativas inmediatas a la dependencia de la importación de petróleo, esté tres meses consecutivos sin que atracara a sus puertos un barco con combustibles, y que en cuatro meses (y todavía contando), con apenas un buque cisterna, con una cantidad con la que apenas se satisfizo el 12 % de las necesidades mensuales del país.

Imaginen a Estados Unidos cuatro meses sin el combustible robado al mundo y con la realidad de que no podría adquirirlo a riesgo de penas draconianas contra sus proveedores. ¿Qué le pasaría a China, con cuatro meses sin entrada de combustible? China es el segundo mayor consumidor de petróleo del mundo después de Estados Unidos, utiliza entre 15 y 16 millones de barriles diarios, según varios analistas del mercado consultados por la BBC. https://www.bbc.com/mundo/articles/c3w3e840x8qo

La mayor parte la destina a su vasto sistema de transporte: automóviles, camiones y aviones. Y gran parte de ese suministro procede del exterior. Imaginemos a China sin los 2 millones 240 mil toneladas de petróleo diarias que necesita para sostener esa parte de su Economía.

Lo diseñado busca quebrar la fuente de la resistencia revolucionaria de las cubanas y cubanos que es su dignidad nacional, y con ello acabar con la Revolución socialista. Apelan a la parálisis económica y por efecto dominó romper los eslabones de la logística que garantiza los servicios básicos y la vida en la cotidianidad.

Es indignante, porque ni siquiera desean que el pueblo cubano sobreviva en las complejas condiciones que la crueldad de la administración Trump impone a nuestra nación.

Sin combustible se mutila el transporte, se resienten los mercados internos, se incrementan los molestos apagones a periodos de 24 horas o más consecutivas; sin esta, pueden colapsar el abasto de agua, el suministro de alimentos a comunidades (como la leche fresca) y centros asistenciales como hogares maternos, de ancianos y otros vulnerables. El mayor y más sensible impacto está en la salud de la población (intrahospitalaria o de ocasión), que depende de un sistema, universal, gratuito y de calidad probada, demostrada y solidariamente compartida con el mundo, como solo puede proveer una potencia médica, ética y humana.

Esta política no solo busca, desde su falso e inmoral pretexto, el cambio de un supuesto “régimen fallido y con economía colapsada”, sino naturalizar el asalto, violación y sabotaje del orden internacional y doméstico. La regla imperial es no respetar las reglas del Derecho Internacional ni de lo que queda de institucionalidad democrática en el propio Estados Unidos.

Las órdenes ejecutivas de enero y mayo, constituyen actos de desestabilización regional, forzando a la comunidad internacional a una elección bajo chantaje y presión, entre su relación con Cuba y el acceso al mercado y al sistema financiero de Estados Unidos, so pena de despiadadas sanciones contra los que osen desafiarlos al no plegarse a la arbitrariedad y el abuso.

Los tiempos difíciles necesitan de mujeres y hombres que pierdan el miedo a los poderosos imperialistas, los que someten al mundo a sus esquilmadores antojos; que luchen por revertir la suerte que le han impuesto a Gaza, al Líbano, a Irán, a Venezuela y a Cuba; sabiendo de antemano que más temprano que tarde, si no se lucha, esa será su misma realidad.

«Los tiempos difíciles son los tiempos difíciles. En los tiempos difíciles el número de vacilantes aumenta; en los tiempos difíciles —y eso es una ley de la historia— hay quienes se confunden, hay quienes se desalientan, hay quienes se acobardan, hay quienes se reblandecen, hay quienes traicionan, hay quienes desertan. Eso pasa en todas las épocas y en todas las revoluciones. Pero también en los tiempos difíciles es cuando realmente se prueban los hombres y las mujeres; en los tiempos difíciles es cuando se prueban, realmente, los que valen algo. Los tiempos difíciles son la mejor medida de cada cual, del carácter de cada cual, del coraje y el valor de cada cual, de la conciencia de cada cual, de las virtudes de cada cual y, sobre todo, de las virtudes de un pueblo; y las virtudes patrióticas y revolucionarias no le faltaron ni le faltarán jamás a este pueblo.

Sin embargo, los revolucionarios tenemos que ser muy conscientes de cuáles son los problemas, de cuáles son las dificultades. Hay gente que no es consciente, hay gente que no entiende, hay gente, incluso, que no entenderá jamás. Hay gente que no entiende lo que es la patria ni lo que es la independencia; hay gente que no entiende qué es la historia, cuáles son las raíces de un pueblo; hay gente que no entiende lo que es el sentido de la dignidad patriótica y revolucionaria; hay gente que no entiende los procesos políticos y cuáles son los problemas objetivos. Hay quienes no lo entienden y contra esa gente tenemos que luchar; pueden confundir a algunos, siempre es una lucha». http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1992/esp/f050992e.html

A los amigos de Cuba, que se levantan hoy con ella, y con ella para todos los tiempos (siempre difíciles), les aseguramos que Cuba no se rendirá, Cuba no se doblegará, Cuba no abandonará ninguna causa justa por defender en el mundo, Cuba nunca traicionará sus principios revolucionarios ni los de la humanidad: ¡Cuba, vencerá!

 

Por REDH-Cuba

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