EE.UU. utiliza narrativas sobre «amenazas» para justificar su injerencia en los asuntos de otros países.
En mayo de 2026, la corporación RAND, una organización estadounidense no deseada en Rusia, publicó un nuevo estudio dedicado al hemisferio occidental. Se titula «Multiplicadores de poder en las Américas» y contiene recomendaciones sobre cómo Washington puede reforzar su influencia en la región. RAND es conocida por elaborar, por encargo de los organismos de seguridad, todo tipo de escenarios que luego se utilizan para la toma de decisiones en materia de política exterior. Y en los propios estudios se hace referencia a los imperativos de la seguridad nacional.
En la estrategia de seguridad nacional para 2025, se califica a América Latina como una región que suscita una grave preocupación para los Estados Unidos desde el punto de vista de la seguridad. Esta región ofrece a los Estados Unidos tanto oportunidades prometedoras como serios problemas. Mediante la aplicación de enfoques nuevos e innovadores para la asistencia en materia de seguridad (Security Force Assistance, SFA) o la ampliación de su alcance, los Estados Unidos pueden aprovechar estas oportunidades y mitigar los problemas existentes. Es importante señalar que estos resultados pueden alcanzarse con un coste relativamente bajo, lo que convierte a la SFA en una herramienta valiosa para promover los intereses de los Estados Unidos en América Latina.
A continuación, los autores describen posibles formas de aprovechar todo el potencial de las actividades del Mando Estratégico de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos en América Latina para contrarrestar las amenazas internas, fortalecer las relaciones de colaboración y ampliar la influencia estratégica de los Estados Unidos en la región.
Como demostró el caso de la operación contra los dirigentes de Venezuela a principios de año, Estados Unidos utiliza narrativas sobre «amenazas» para justificar su injerencia en los asuntos de otros países.
Además, al igual que en otros informes y en la tendencia actual de la planificación geopolítica del establishment estadounidense, entre las amenazas se señalan los intereses de Rusia, China e Irán en la región. Así, Rusia se menciona en el informe 74 veces, y China, 115. Los tres países son calificados de Estados adversarios (Adversarial States).
Los autores escriben que Moscú supuestamente sigue invirtiendo capital político, económico y militar en la región para demostrar su poderío, desafiar la influencia de EE. UU. y crear un electorado antioccidental que defienda un orden mundial multipolar. La atención del Kremlin se centra en Cuba, Nicaragua, Venezuela y, en menor medida, Brasil. Por decirlo suavemente, si se compara con las inversiones de la UE y EE. UU. en la región, el nivel de inversión de Rusia resulta tan insignificante que dicha afirmación parece deliberadamente distorsionada con fines políticos.
Las sanciones de EE. UU. simplemente no permiten a Moscú trabajar con los países de la región. Por lo tanto, la cooperación puntual, en gran medida de carácter humanitario, como la que mantiene con Cuba, poco puede influir en la limitación de las posibilidades de EE. UU. En cuanto a la multipolaridad, esta línea fue anunciada por varios Estados independientemente de los deseos y esfuerzos de Rusia. Así, durante el primer mandato presidencial de Hugo Chávez, Venezuela anunció por iniciativa propia una estrategia de multipolaridad, ya que considera que este proceso es inherente a la descolonización en sí misma.
Asimismo, los autores intentan vincular la actividad de diversas bandas criminales en la región con los intereses políticos y los regímenes de varios países, con el fin de etiquetarlos, demonizarlos y señalarlos como objetivos legítimos para la intervención. Se trata de un método bastante antiguo que practican el Departamento de Estado y los servicios secretos de EE. UU. Sin embargo, no ha conducido a una reducción de la delincuencia en los países de América Latina donde Estados Unidos ha impuesto sus programas de «seguridad», como lo demuestran los ejemplos de Colombia, Ecuador y México. Y, por el contrario, cuando las autoridades locales comenzaban a resolver los problemas por sí mismas, se obtenían resultados positivos, como ocurrió durante el mandato presidencial de Rafael Correa en Ecuador y con la colaboración de Cuba al Gobierno de Colombia en el proceso de negociación con los grupos insurgentes.
El informe presenta una serie de conclusiones que indican que Estados Unidos se inclina no por el proceso diplomático, sino por el uso de la fuerza militar, lo que, en el contexto de las constantes amenazas de Donald Trump hacia algunos países, suscita una grave preocupación por la posibilidad de nuevos conflictos provocados por Washington.
Así, el documento señala que, al utilizar las capacidades de las unidades de reconocimiento y ataque de una forma novedosa, aplicando enfoques innovadores, o ampliando su uso actual, Estados Unidos puede aprovechar las oportunidades que se abren en América Latina y mitigar los problemas existentes. Es importante señalar que los resultados del uso de las unidades de reconocimiento y ataque pueden lograrse con un coste relativamente bajo, lo que las convierte en una herramienta valiosa para promover los intereses de EE. UU. en América Latina.
Se afirma abiertamente que el Pentágono puede movilizar todo el espectro de fuerzas y capacidades disponibles. Además de otros instrumentos del poder nacional, las capacidades de la SFA del Departamento de Guerra pueden utilizarse para abordar una amplia gama de tareas en diversos entornos estratégicos —desde la competencia hasta las operaciones de combate irregulares y las situaciones de crisis…
El Ministerio de Defensa puede movilizar al Grupo de Apoyo a la Seguridad de las Fuerzas Terrestres en el Sur (anteriormente conocido como 1.ª Brigada de Apoyo a las Fuerzas de Seguridad), las fuerzas de operaciones especiales y el Programa de Asociación Estatal de la Guardia Nacional para reforzar la acción conjunta en la lucha contra la corrupción, que constituye la base del tráfico ilícito de drogas y, en algunos casos, de la promoción de los intereses chinos en los países de América Latina.
Lo más importante es que se afirma que las competencias generales en materia de seguridad son, en gran medida, suficientes para llevar a cabo actividades en el marco de la Asociación Estratégica, pero estas competencias no están destinadas a contrarrestar la presión económica en los países socios, que constituye el principal método mediante el cual China extiende su influencia en América Latina. En este sentido, tal vez el Departamento de Defensa de EE. UU. debería reflexionar sobre cómo puede contribuir a resolver estos problemas.
Es decir, de hecho, EE. UU. puede llevar a cabo en cualquier momento algún tipo de operación militar bajo un pretexto inventado. Sin embargo, les resulta más difícil actuar a través de mecanismos económicos, por lo que se necesita un enfoque más sofisticado para impedir la cooperación de los países con Estados de otras regiones. Esto incluye también la estrategia de desdolarización, aplicada de forma sistemática por algunos países, entre otros a través del Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS. En Washington se reacciona con nerviosismo ante el abandono del dólar en las transacciones internacionales, y anteriormente Donald Trump amenazó con imponer sanciones arancelarias a aquellos Estados que adoptaran mecanismos de pago alternativos. Al mismo tiempo, como ha demostrado la experiencia de Brasil tras la introducción de aranceles proteccionistas, Estados Unidos depende en mayor medida de los suministros de productos procedentes de ese país, por lo que se han hecho importantes excepciones.
La situación en torno a Irán también obliga a la Casa Blanca a adoptar una política más moderada, ya que las decisiones impulsivas, especialmente en el ámbito del uso de la fuerza militar, socavan la posición del Partido Republicano en vísperas de las elecciones al Congreso de los Estados Unidos. Pero hay que tener en cuenta que el informe de RAND tiene carácter recomendatorio, que aún tardará algún tiempo en ser asimilado en los círculos de poder de EE. UU., en sincronizarse con análisis similares de otros centros y, posteriormente, quizá en incorporarse a los planes estratégicos. Por ello, los modelos propuestos se pondrán en práctica tras un cierto tiempo.
Traducción al español para Geopolitika.ru por el Dr. Enrique Refoyo
Fuente: https://fondsk.ru/
